Información sobre vivienda y economía
Autores: Lucía Martín (colaborador de idealista news), @Jone

Basta con visitar los pueblos en los que el sol no da tregua en verano, como Andalucía o Extremadura, para descubrir un elemento en los hogares que ha servido durante años para refrescar a sus habitantes: las persianas de esparto.

Colocadas en las ventanas (algunos las dejan incluso durante todo el año), basta regarlas con agua por las mañanas para tener la casa (sobre todo esas casas de paredes de piedra) fresca durante todo el día: “Porque como quedan mojadas, al pasar el aire caliente de la calle, lo enfría”, comenta Modesto Pérez, heredero de una tradición que puso en marcha su bisabuelo.

Todos los Modesto Pérez (el apellido y el nombre han ido pasando de generación en generación), saben de persianas y sobre todo, de esparto, en este pequeño pueblo de la provincia de Jaén rodeado de un mar de olivos. Porque de alguna manera hay que defenderse de la canícula del verano: “Trabajar el esparto es una tradición en esta zona, se utiliza para hacer persianas, para las cestas de la recogida de la aceituna, conocidas como espuertas… Las cestas dejaron de hacerse, fueron reemplazadas por las de plástico. Pero las persianas se siguen haciendo, sobre todo en verano, que tenemos pico de actividad”, explica Modesto.

Biombos de esparto, lámparas de techo, cabezas de animales, cactus, alfombras, toldos e incluso, cabeceros de cama, adornan las paredes de este taller situado en las afueras de Porcuna. Como en tantos otros sectores, renovarse o morir, no quedaba otra y si antaño se fabricaban artilugios para las labores del campo, ahora priman sobre todo los elementos decorativos. Aunque los Pérez le han dado otra vuelta de tuerca a esta maravillosa fibra, el esparto, tan socorrida y que tan bien aguanta el paso del tiempo: ahora también lo colocan como aislante en edificios.

“Hace poco lo pusimos en un edificio de coworking de 2.000 metros cuadrados situado en la calle Piamonte en Madrid. Allí lo hemos puesto en paredes y techos. Sobre las paredes de pladur, por ejemplo, simplemente va grapado, no necesita de obra y funciona como un gran aislante sonoro y térmico”, aclara.

Este espacio de coworking Impact Hub Piamonte fue galardonado con un Premio Frame a Mejor Coworking del Año 2019.

En la empresa trabajan cinco personas, pero en verano pueden llegar a ser nueve. Modesto antes trabajaba en la construcción y lo del esparto lo tenía como hobby, pero con la crisis, el hobby pasó a ser la principal fuente de ingresos de la familia. Tienen tienda online y también tuvieron una física en el centro del pueblo pero el año pasado la cerraron y habilitaron un espacio en el taller, que sirve de exposición y tienda al público.

¿De dónde viene el esparto? “Lo recogemos nosotros mismos, hay mucho en la sierra de Jaén. Se recolecta en julio y agosto. Se seca, se trenza a mano y se hace la pleita, que es lo que luego se irá cosiendo. Cuanta más sequía hay, más crece el esparto”, explica.

Para hacer las persianas, las pleitas se cosen unas a otras con cuerda de esparto (todo el proceso de fabricación es manual): “Lo único que no es manual es la grapadora, antes utilizábamos clavo y martillo”. Después de coser las pleitas, se entablilla (se les pone madera en la parte superior e inferior). En hacer una persiana puede tardar unos 3 o 4 días: “Una de estas persianas puede durar 70 años, el sol les sienta bien, las va cambiando de color hacia uno más tostado, amarillo casi… Pero la humedad no les sienta bien. Yo recomiendo o quitarlas en invierno o dejarlas sin enrollar”, añade.

Sus persianas se venden sobre todo en España pero también alguna va fuera, especialmente a Francia, Portugal e Italia. El escaparate online les sirve para que de cuando en cuando alguna revista de decoración conozca sus creaciones y las publique: “Así pasó con nuestros cactus, tras publicarlo una revista nos empezaron a llover pedidos”, finaliza.

Artículo escrito por Lucía Martín, periodista y colaboradora de idealista/news