Información sobre vivienda y economía
Autores: @Lucía Martín (colaborador de idealista news), @luis manzano

Parecemos modernos (amén de ecológicos) porque reciclamos el plástico, llevamos bolsas de tela para la compra, pero en realidad, esto ya se hacía en los años 70. Por ejemplo, al comprar un refresco en botella de vidrio había que devolver “el casco” y nuestras madres traían la fruta del mercado en las bolsas de redecilla que entonces eran bien económicas y ahora cotizan alto en los supermercados ecológicos.

¿Qué tiene que ver esto con la actividad que con mimo, desarrolla Antonio Gandano? Todo: él lo resume en una frase lapidaria. “Yo pensaba que era maestro chocero y ahora resulta que soy bio-constructor”, bromea Gandano. En efecto, él mantiene un oficio, el de maestro chocero, que se ha venido practicando siempre, pero ahora que está muy de moda lo ecológico, le llaman “bio-constructor”. Tanto ha calado la nueva denominación que comparte chapa en su furgoneta, junto a la palabra chocero, evidentemente.

Antonio hace techos vegetales y chozas, que se puede pensar que es algo la mar de novedoso pero en realidad es tan antiguo como el mundo: los primeros hombres se refugiaban en cuevas y se hacían tejados con pieles de animales o con cañas para refugiarse de las inclemencias del clima. Pero no hay que irse tan atrás en el tiempo: “En China o en África, te sales de las grandes metrópolis y el resto todo son chozas”, aclara este gaditano. El mérito de Gandano es haber seguido con esta forma manual de construcción y sobre todo, sostenible, porque trabaja con los distintos pastos que crecen en la región: cañas, cañotas, brezos, castañuelas, escoba, retama, centeno… Y así, además de aprovechar lo que la tierra da, realizan una labor muy importante, sobre todo en la época en la que estamos: limpiar el monte de pastos que si no, de otra forma, podrían acabar ardiendo.

Pero volvamos con Gandano, quien nos recibe mientras monta el tejado de la terraza del restaurante La Molinera, en Arcos de la Frontera (Cádiz). Su padre nació en una choza, busquen quizás aquí el origen de su amor por esta materia prima: “Me enseñó todo lo que es el campo, los materiales vaya. No se puede trabajar en este oficio si no conoces el campo. Porque no es lo mismo una caña de un año que una de tres”. Y nos lo aclara: la caña que tiene un año tiene demasiada humedad, no sirve. Con dos años tampoco sirve. La de tres sí, porque ya tiene una cierta flexibilidad. La de 4 años ya no serviría, porque está demasiado seca. O sea, que saber cuándo recogerla es fundamental para asegurar la durabilidad de las construcciones.

Gandano confiesa que a él le gustaba diseñar ropa y pintar con carboncillo, pero acabó dedicándose a la artesanía. Su primera incursión en este mundo fue en 1989, cuando paseando por las playas de Caños de Meca, se topó con unos hombres haciendo los techos de chiringuitos. Se puso a ayudarles y al final de la jornada le preguntaron si volvería al día siguiente. Por supuesto, volvió y siguió trabajando estos materiales con distintos maestros choceros: “Estando en el entierro del que fuera  mi último maestro, le comenté a mi padre que me tocaba buscarme otro maestro. Y él me respondió que no, que ya tenía yo experiencia suficiente para ser maestro”, explica.

Y así fue como en 2002 asumió el rango de maestro chocero. Gandano hace techos vegetales, chozas (que tienen distintos nombres según el lugar de la geografía española en que se hallen, teitos en León y Asturias; pallozas en Galicia, barracas en Valencia…), campings, sombrillas, parasoles, camas balinesas… Un poco lo que les demande el cliente.

Las chozas, que es una de las construcciones que más le gusta realizar, pueden ser diferentes en la forma y estructura del edificio y también en sus materiales: madera, piedra, cal (utiliza por ejemplo, la de la calera artesanal de Morón). “La primera condición de estas construcciones es que no se muevan, y la segunda, que no dejen pasar ni el frío ni el calor”.

Gandano aclara que para un techo de unos 40 m2 se pueden usar unas 600 cañas. Estos techos se componen de cañas y pasto: las cañas se cosen con cuerda de pita, para lo que pueden tardar unos 15 días (con 3 personas cosiendo). “Se puede coser directamente encima del techo o no, depende de la técnica que empleemos”, aclara.

Una cubierta vegetal dura unos 30 años y no necesita de mantenimiento. ¿El precio? “Hablar de dinero está feo”, dice Gandano, quien, aun así, nos aclara que este tipo de techo es más barato que cualquier otro: unos 300 euros el m2. Él y su equipo trabajan por España y también en otros países, como Portugal: “Este tipo de cubierta es apta para cualquier clima”, finaliza.