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La isla neoyorkina de Hart, el mayor cementerio de EEUU y donde se entierra a los pobres

2018 The Hart Island Project
2018 The Hart Island Project
Autor: @Lucía Martín (colaborador de idealista news)

No muy lejos de la Quinta Avenida, la arteria que más lujo aglutina del planeta, hay un lugar espeluznante, también a la vista de todos, pero no tan conocido porque no acumula objetos caros sino cadáveres. Se trata de la isla de Hart, que saltó a los medios de comunicación en los primeros meses de la pandemia del coronavirus en Usa porque allí estaban siendo enterrados fallecidos por la Covid-19 que nadie reclamaba. Ante el colapso de las morgues en la ciudad, se utilizó una enorme fosa común para dar sepultura a estos cuerpos que no han sido, ni mucho menos, los primeros en acabar en este enclave de 1,6 kilómetros de largo y menos de medio kilómetro de ancho.

Autor: Doc Searls  / Wikimedia commons
Autor: Doc Searls / Wikimedia commons
Y es que si, cuando oímos isla, nos imaginamos un lugar paradisíaco, con palmeras y arena fina, no es el caso en este pedazo de tierra situado en el estuario del Bronx, que fue adquirido por el municipio de Nueva York hace unos 150 años. El lugar pone los pelos de punta, no solo por sus edificios abandonados y lo desolado del entorno sino, sobre todo, por su historia. Pasada y reciente.

La isla de Hart es la isla donde se entierra a los pobres que no pueden pagarse un entierro, a los cuerpos no identificados ni reclamados por nadie, a los niños nacidos muertos… Allí fueron a parar las primeras víctimas del Sida, cuando no se sabía ni cómo se contagiaba la enfermedad, y también, los últimos fallecidos por coronavirus que nadie identificó ni reclamó. Antes de convertirse en un gran cementerio fue campo de prisioneros de la Guerra de Secesión, institución psiquiátrica, sanatorio para enfermos de tuberculosos y reformatorio. Ya lo decíamos, un lugar maldito donde las malas vibraciones se respiran con solo poner el pie cuando bajas del ferry.

Es el mayor cementerio público de Estados Unidos, “Con más de un millón de personas enterradas allí”, dice el periodista del HuffPost, Sebastian Murdock.

La isla ocupa unas 53 hectáreas de extensión. Hay una iglesia y dos edificios abandonados. Muchos neoyorkinos no eran conscientes de la existencia de esta isla o simplemente, no sabían lo que era: una enorme fosa común en la que han acabado, sobre todo, negros y latinos.

La jurisdicción del lugar estaba hasta hace nada en manos del Departamento Penitenciario de la ciudad, lo que dificultaba además que los pocos que saben que algún familiar suyo está allí enterrado pudiese visitar la tumba. Porque lo que no se ve es como si no existiese, ¿verdad?

Además, como si de una novela de terror se tratase (ya sabemos que la realidad a menudo supera a la ficción), los reclusos de la cercana prisión de Rikers Island, la duodécima cárcel de máxima seguridad del país, han sido los encargados de cavar las fosas y enterrar a los muertos.

Durante la pandemia del Sida se sabe que las primeras personas que murieron (hubo unos 100.000 fallecidos por esta enfermedad en la ciudad) fueron enterradas en la isla de Hart aunque es muy difícil dar cifras exactas. Sí se sabe que fueron enterradas sin embalsamar, en féretros individuales a más de cuatro metros de profundidad, en una ubicación remota del extremo más meridional de la isla. Como apestados. Eso es lo que explican en la web del proyecto The Hart Island Proyect.

una iniciativa que quiere dignificar esos muertos y el lugar en el que están enterrados. El proyecto pretende identificar los cuerpos que están en las fosas de los fallecidos después de 1977 puesto que antes parece imposible, ya que los registros anteriores se quemaron.

A través de su web pueden verse los distintos enclaves donde hay tumbas y los nombres y edades de aquellos que ya han sido identificados, así como aportar información sobre su identidad si es que se tiene. También disponen de datos relativos a los fallecidos por Sida y la localización exacta donde se hallan.

Parece que poco a poco la situación de este horrible enclave va cambiando: el año pasado la ciudad transfirió el control de la isla al Departamento de Parques, con la intención de mejorar el acceso al lugar y de permitir el acceso a las tumbas. Así se ponía fin a 150 años de control penitenciario de estas tumbas, cuyos cuerpos acabaron en una cárcel eterna que no recibía visitas.

Hace dos años la erosión del agua provocó que numerosos esqueletos aparecieran en una playa de la isla, expuestos en la costa, como mostrando los trapos sucios que nunca nadie quiere que salgan a la luz. Porque Hart ha puesto de relieve que no todo en Nueva York son las luces de los rascacielos de Manhattan y que hay lugares oscuros, muy oscuros, que merecen ser contados y vistos.