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El 70% de los directivos españoles justifica la corrupción y confiesa que es una práctica común en los negocios

Gtres
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Autor: Redacción

Un estudio realizado en casi cuarenta países ha puesto sobre la mesa una cifra escalofriante: siete de cada diez directivos españoles consideran que los sobornos, los regalos personales y los pagos en efectivo forman parte del día a día en el mundo de los negocios. Nuestro porcentaje duplica a la media obtenida en Europa occidental y nos sitúa en el puesto 13 de la lista.

Una de las conclusiones más llamativas a las que ha llegado la consultora EY (antigua Ernst&Young) en su informe Fraud and corruption- the easy option for growth?, donde recopila el resultado de las encuestas que ha realizado en 38 países diferentes, es que la mayoría de los directivos justifica las prácticas poco éticas en el mundo de los negocios y las califica de frecuentes.

“En España, siete de cada diez manifiestan que sobornos y corrupción no solo estarían justificados, sino que son habituales en el proceder de las empresas”, asegura el informe, que nos coloca como el segundo peor país de la Unión Europea en este ranking. Solo Portugal (con un 82%) registra una cifra más elevada, mientras que Grecia empata nuestro 70%.

La proporción española no solo duplica a la media de Europa Occidental (que se sitúa en el 35%), sino que también supera el promedio de los mercados emergentes (que ronda el 61%) y el de los 38 países encuestados (51%).

En la lista de EY los tres países peor parados son Croacia (con un 92% de los directivos a favor), Kenia (90%) y Eslovenia (87%), mientras que Dinamarca es el único con una tasa de un solo dígito. De los 38 Estados analizados, España se sitúa en el puesto 13.

Pero, ¿cómo es posible que nos encontremos con estos números tan desoladores? Según explica la propia consultora, “buscar un camino más corto resulta ser en muchas ocasiones la vía elegida por las empresas en un entorno donde han de abrirse camino en pleno proceso de recuperación económica pero con unos mercados muy volátiles y crecientes requisitos de cumplimiento normativo, transparencia o endurecimiento de sanciones”.

Entre las prácticas más defendidas, insiste el estudio de EY, destacan negociar descuentos de carácter retroactivo con los proveedores (apoyada por el 36% de los encuestados) y retrasar el pago de facturas (refrendada por el 14%). Pero si el fin de este tipo de tácticas es la supervivencia del negocio, los directivos también justifican los sobornos (46%), el obsequio de regalos personales o de ocio (más del 30%) e incluso el pago en metálico (16%).

Otra estadística inquietante que revela el informe es que más de la mitad de los encuestados consideran normal que se maquillen las cuentas de las empresas. “El reporte de los resultados empresariales suele ser otro de los objetos de amaño habitual. Así, el 56% de los directivos españoles percibe que, en general, las compañías reflejan unas cifras mejores de lo que en realidad resultan ser, mientras que la media en el conjunto de los países de la Europa Occidental está en el 33%”, detalla el estudio.

La impunidad, el caldo de cultivo

La falta de contundencia por parte de las autoridades es lo que, según la consultora, está alimentando este tipo de prácticas tan poco éticas en el entorno empresarial.

“La presión por mejorar los balances de las compañías y, sobre todo, la sensación de impunidad sobre quienes sobornan o cometen un fraude se han convertido en el caldo de cultivo para estas actuaciones tan perjudiciales para la competitividad de nuestra economía y para la imagen de marca del país”, opina Ricardo Noreña, socio responsable del Área de Forensic de EY.

¿Y qué hacer entonces para solucionarlo? La respuesta está en castigar este tipo de comportamientos. “A pesar de que hay camino por recorrer, la sociedad los condena cada vez más y las instituciones empiezan a estrechar el círculo a los autores de estas actividades, impulsando una regulación más restrictiva, buscando responsables penales, así como incrementando las sanciones. Aun así, es necesario seguir trabajando en concienciar e impulsar medidas que frenen estos comportamientos”, concluye.