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El día que el niño Warren Buffett soñó con ser rico: así nació la filosofía que le hizo millonario

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Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Cuando tenía 10 años, Warren Buffett fue con su padre a Nueva York. Visitaron varios sitios de interés, y el último fue Wall Street. Su padre era corredor de bolsa. Corría el año 1940. Estados Unidos no había salido aún de la depresión económica, pero el pequeño Warren se quedó sorprendido de la actividad del mercado de valores más poderoso del mundo: un montón de hombres con chaquetas de colores gritaban precios, consignas y movían cantidades fabulosas de dinero.

A la hora de comer, los Buffet se sentaron con un holandés llamado At Mol, que era miembro de la dirección la bolsa de valores de Wall Street. Tras la comida, se acercó a la mesa un hombre con un carrito sobre el que había un montón de hojas de tabaco de todas las calidades. El señor Mol señaló una de ellas, y el hombre se puso a liar un cigarro. “Entonces pensé: ya está. Nada puede ser mejor que esto. Un cigarro hecho a mano”, confiesa en su biografía “La bola de nieve: Warren Buffett y el negocio de la vida”.

Fue una revelación para el niño Warren. Mientras el resto del país estaba sufriendo los embates de la gran depresión que se arrastraba desde 1929, allí, en la bolsa de valores, había dinero suficiente para pagar a un sirviente que hacía cigarros a mano para el deleite de los bolsistas. 

Warren se dio cuenta entonces que allí había algo que el resto del país carecía: dinero. “Fue en ese momento cuando se originó su visión del futuro”, dice la biógrafa Alice Schroeder. “Aquello (el dinero) me podía hacer independiente”, manifiesta Buffett en el libro.

A partir de entonces, decidió que su vida girase en torno al dinero. “Podría hacer lo que quisiera con mi vida", dice "y la cosa más grande que quería hacer era trabajar para mí mismo. No quería que otras personas me dirigieran".

Con las enseñanzas de su padre, y las de Benjamín Graham, un experto bolsista, Warren Buffett logró hacer sus primeros 56.000 dólares a los 16 años, justo en la posguerra, cuando Estados Unidos surgía como la gran potencia planetaria y se preparaba para uno de los períodos más largos de prosperidad económica.

Una de las primeras reglas que aprendió era a saber gastar su fortuna con mucha modestia. En 1958 compró su casa en Omaha (Nebraska), lugar de nacimiento, y desde entonces no se ha mudado. Por eso se le llama el ‘oráculo de Omaha’. La casa le costó 31.500 dólares.

Luego, hizo acertadas inversiones y hasta compró una famosa empresa de camisas –Berkshire Hathaway-, que convirtió en su portaviones inversor. ¿Tenía una fórmula especial? Cuando iba a comprar una empresa, Buffett se fijaba en el equipo gestor, mientras el resto de los inversores solo miraba el balance y la cuenta de resultados. Buffett prefería ver a los seres humanos. Los demás, las cifras. 

Hoy es una de las mayores fortunas del mundo: se calcula que tiene más de 50.000 millones de euros, aunque él se adjudica solo 50.000 dólares al año (35.000 euros) de salario, siguiendo su costumbre de vivir con modestia. Ha dejado gran parte de su fortuna a una fundación (Fundación Bill y Melinda Gates) porque afirma que si dejas mucho dinero a tus hijos, les impides esforzarse para conseguir lo que quieren.