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Crónica de la burbuja inmobiliaria irlandesa: cómo el ‘tigre celta’ perdió los dientes

Autor: Eva Hogan (colaborador de idealista news)

En apenas una generación Irlanda ha pasado de ser uno de los países más pobres de Europa a uno de los más ricos. A principios de los años 90 la tasa de desempleo se situaba en torno al 14%, la segunda más alta de la UE, pero en los últimos años de esa década el ‘tigre celta’ –como se conoce a la República de Irlanda por su rápida expansión económica– consiguió situar el paro por debajo del 4%, la segunda tasa más baja de la eurozona. Por primera vez en la historia del país había más inmigrantes que emigrantes… y el mercado inmobiliario estaba en plena ebullición.

Se construían casas y apartamentos en cifras nunca antes vistas, y los precios no paraban de subir. En 2007, en el punto álgido del ‘boom’, se levantaron 93.000 viviendas, el triple que en los años noventa. El ratio de vivienda construida por habitante llegó a ser hasta un 40% superior al que se vivió en la España de la burbuja.

Entre 1994 y  2007 los precios se dispararon un 344% en todo el país, aunque en la capital, Dublín, llegaron incluso a incrementarse en un 408%. Esta ‘locura’ sólo pudo ser posible porque los bancos y los promotores se aliaron para ofrecer unos paquetes de financiación jamás soñados anteriormente. 

Las hipotecas por el 100% del valor de la vivienda se convirtieron en lo habitual, se diluyó la relación entre los ingresos de las familias y las cantidades a las que podían acceder y, lo que es más grave para los compradores, se normalizaron los préstamos a 25 o 30 años.

Dada la pasión de los irlandeses por la compra, sustentada en el mantra de que ‘alquilar cuesta casi lo mismo que comprar’, muchas familias se contagiaron del sueño del ‘tigre celta’ pensando que nada podía salir mal.

Pero, como todos sabemos, en 2009 las cosas sí salieron dramáticamente mal. La crisis económica internacional elevó el paro en Irlanda por encima del 11%. La construcción de viviendas se paró en seco y muchos trabajadores del sector acabaron despedidos.

Ese mismo año los precios se desplomaron un 18%, y han continuado bajando. La vivienda se ha depreciado hasta un 55%. Sin embargo, desde mediados de 2013 se vivido una subida estable que ha propiciado que desde septiembre de 2013 hasta hoy los inmuebles se hayan apreciado un 11%.

El drama del alquiler

Al igual que el de compraventa, el mercado del alquiler ha sufrido grandes cambios desde que se inició la recesión. Entre 2009 y 2010, las rentas se redujeron un 14%, y se mantuvieron estables hasta que a finales de 2013 iniciaron una lenta recuperación. A día de hoy se encuentran al mismo nivel que hace cuatro años.

Las dos grandes ciudades irlandesas, Cork y Dublín –de la que se comienza a decir que se encuentra al borde de una nueva burbuja inmobiliaria–, son las que han tirado hacia arriba de los precios de los alquileres. De hecho, el coste de alquiler en la capital es casi el doble que en cualquier otra ciudad del país.

A diferencia de lo que sucedió durante los años del ‘tigre celta’, cuando los salarios altos eran lo habitual en el mercado laboral, las bajadas de sueldos y las subidas de las rentas están generando un grave problema de oferta y demanda.

La población de Dublín crece a razón de 17.000 personas al año, para las que sería necesaria la construcción anual de una media de 7.500 viviendas nuevas. Sin embargo, en los últimos tres años apenas se han construido 4.000 nuevas casas, una sexta parte de lo necesario.

Esta escasez de vivienda ha provocado grandes problemas en la capital, sobre todo un repunte en el número de personas sin hogar. Cada día una familia es desahuciada de una vivienda que no puede pagar. 

La falta de una política que regule el alquiler propicia que los propietarios de los pisos cobren cantidades desorbitadas que excluyen del mercado a aquellas familias que cobran subsidios para acceder a una vivienda. Muchos acaban siendo desalojados de sus pisos sin un lugar a dónde ir. 

La falta de inmuebles también ha abierto una importante crisis entre los estudiantes. Muchos de los universitarios, tanto locales como internacionales, que se han mudado a Dublín para el nuevo curso se han encontrado con precios imposibles de pagar. Esto les ha obligado a buscar alternativas como convivir con familias, como hacen los estudiantes de idiomas en verano.

Con el escaso interés del Gobierno en fomentar la construcción de nuevas viviendas o en regular el mercado del alquiler, la situación, por desgracia, solo puede empeorar.