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Todos llevamos un héroe en nuestro interior. Cuando llega el momento, algo se activa dentro de nosotros y nos permite hacer cosas extraordinarias. A Gianni Brusadelli la hora de los valientes le llegó la madrugada del pasado 30 de marzo. A eso de las seis de la mañana sonó el teléfono de su casa de Roma. Extrañado, este empresario inmobiliario casi jubilado cliente de idealista se levantó de la cama y respondió a una llamada que le cambiaría la vida.

Si no hubiese contestado, hoy habría 121 inmigrantes muertos más que se habrían sumado a los más de 2.000 que han perdido la vida en aguas del Mediterráneo en lo que llevamos de 2016. Al otro lado del teléfono los ocupantes de una patera lanzaban un SOS, desesperados ante el inminente hundimiento de una embarcación que navegaba a la deriva.

Es habitual que los inmigrantes que tratan de llegar a Europa en patera usen un teléfono vía satélite para solicitar ayuda cuando se encuentran con algún problema en alta mar, solo que en esta ocasión se equivocaron de número.

Los nervios o las prisas hicieron que, en lugar de marcar el teléfono de los guardacostas, acabasen llamando a Brusadelli, que descansaba plácidamente en su casa de la capital italiana. En un primer momento, este empresario financiero e inmobiliario con más de 50 años de carrera a sus espaldas y que actualmente trabaja como consultor de una aseguradora, pensó que alguien había marcado su número por error durante una pelea callejera. Al menos eso se imaginó al escuchar los gritos sin sentido que llegaban del otro lado del teléfono. Colgó.

Una segunda llamada le hizo estar más atento. Fue así como escuchó el ruido de un motor y la palabra ‘help’, ayuda en inglés. Su instinto le hizo marcar el 112 de manera inmediata, pero los operadores que atendieron la llamada no le tomaron en serio. “No les culpo, yo habría pensado lo mismo”, asegura este héroe por accidente a idealista/news.

Una tercera llamada de los inmigrantes en apuros le sirvió para recopilar algo más de información que contar a las autoridades. “Básicamente, dijeron que llevaban seis horas en el mar, que estaban en dificultades, que eran más de 100 y que había mujeres y niños”, recuerda. Volvió a llamar a emergencias y esta vez sí creyeron su historia.

La compañía telefónica identificó el número que había llamado a su casa y rastreó su posición para que un barco de la guardia costera italiana llegase hasta los inmigrantes antes de que la patera se hundiese. Salvaron a sus 121 ocupantes.

Por eso Brusadelli celebra que aquella noche algo se le removiese dentro al recibir aquella llamada furtiva. El instinto le dijo que algo no iba bien. Acertó. “Me acerco al final de la vida y he tenido la suerte de poder hacer algo por los demás que va más allá de la simple beneficencia”, asegura a la vez que reconoce sincero y emocionado que “los inmigrantes han tenido mucha fortuna, pero yo me siento mucho más afortunado que ellos”.

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2 Comentarios:

alberto.martinez-342
2 Junio 2016, 11:25

No estan mal los pisos para refugiados, mucho mejores que muchos hogares españoles. En ESpaña siempre nos ha gustado ayudar mas al que llega que al que es de aqui. Debe ser algun tipo de complejo nacional.

Miguel
3 Junio 2016, 19:58

Lo menos que podemos hacer si recordamos que después de la guerra civil , cuando acá había hambre , enfermedad y pobreza y nos fuimos de a miles , con piojos, con una caja de galletas Fontaneda con un pollo asomando , la mayoría analfabetos que solo sabíamos poner la huella digital para salir y nos recibieron con los brazos abiertos , muchos de países donde tiempos atrás habíamos invadido , violado a sus mujeres y matado a poblaciones enteras para robarles su oro . Esta gente no viene a invadir , viene tratando de salvar su vida .
Cuando escucho comentarios como éstos , me averguenzo de ser Español.
Menos enviadia amigo y más estudiar .A lo mejor así nos volvemos un pueblo más solidario y mejor.

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