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Cuando la diversión se acaba: el ocaso y demolición de la copia japonesa de Disneyland

Romain Veillon
Romain Veillon
Autor: Redacción

A finales de los años 50, el empresario japonés Kunizu Matsuo recorrió Estados Unidos. Entre las muchas paradas de su viaje incluyó una visita a Disneyland en Anaheim (California). Quedó impresionado y decidió proponerle a Disney construir uno de sus parques de atracciones en Japón. Estaría en la antigua capital del país, Nara.

Negoció con el propio Walt Disney y todo parecía en orden hasta que, ya en las últimas fases de construcción, una disputa sobre los legendarios personajes de la compañía de entretenimiento desembocó en la ruptura del acuerdo. Matsuo tenía el parque de atracciones casi terminado y decidió seguir adelante, lo llamó Dreamland.

Abrió sus puertas el 1 de julio de 1961 y tuvo un enorme éxito. En sus mejores tiempos llegó a atraer hasta 1,6 millones de visitantes al año. Sin embargo, su era dorada duró apenas dos décadas: en 1983 Disney abrió su propio parque en Tokio. Los visitantes comenzaron a caer poco a poco.

El final de Dreamland se precipitó cuando en 2001 abrieron dos nuevos centros de ocio: DisneySea y Universal Studios Japón. Al final el sueño de Kunizu Matsuo cerró definitivamente sus puertas en 2006.

Durante más de una década el parque permaneció abandonado, convertido en un lugar de visita obligada para curiosos. A finales de 2016, se iniciaron los trabajos de demolición de la copia japonesa de Disneyland, que hoy es ya solo un recuerdo.