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Qué son las yurtas y por qué son la mejor opción para la vida nómada

Yurta de 50 m2 desde 6.750 euros / Tipiwakan
Yurta de 50 m2 desde 6.750 euros / Tipiwakan

Cada zona del mundo tiene sus propias casas tradicionales. Una de ellas es la yurta, que era y es la vivienda por antonomasia de los pueblos nómadas de las estepas de Asia Central.

¿Qué es una Yurta?

Se trata de una vivienda modular, redonda y transportable. Está hecha de un armazón de madera recubierto de fieltro de lana. Debido a su capacidad de reubicación, aproximadamente en tres horas se puede montar y desmontar, era el tipo de vivienda perfecta para el estilo de vida nómada.

Según aparece en la página de EcoHabitar, la yurta está constituida de estos elementos:

  • Una pared cilíndrica hecha de varios entramados ensamblados unos a otros.
  • Un entramado compuesto de listones de madera cruzados los unos sobre los otros de manera que se puedan desplegar y replegarse.
  • Un techo hecho de pértigas, que reposan sobre la cima del entramado y que se insertan en una corona central que forma la cumbre. Esta armadura de madera está recubierta de piezas de fieltro, una o varias capas, según la temperatura. Se añade una tela gruesa de algodón blanco impermeable que protege al fieltro de las intemperies.

Actualmente, las yurtas siguen utilizándose como primera vivienda en Asia, pero hay gente que las utiliza de otras formas. “Como norma general, hoy en día las yurtas se suelen utilizar como alojamientos temporales alternativos mientras, por ejemplo, se reforma una casa, como salas o aulas en la naturaleza, o alojamientos para  campings o‘glampings’”, comentan desde Tipiwakan, empresa que construye yurtas y tipis artesanalmente.

Respecto al precio, este depende de las características, materiales y superficie. En el mercado se pueden encontrar yurtas muy sencillas y otros muy ostentosas. Además, son personalizables y, evidentemente, eso repercute en el precio. Por ejemplo, en la página web de Tipiwakan se ofertan yurtas desde 2.650 hasta casi 15.000 euros. “Hay formas de configurarlas de forma personalizada por lo que los precios básicos pueden variar si se agregan algunos extras, como muebles empotrados, ventanas y demás”, comentan desde la compañía.

Un dato curioso es que, en el pasado, la visita a una yurta implicaba un riguroso ritual protocolario. Se podía ejecutar a una persona por el solo hecho de entrar en la una casa de un mandatario sin haber anunciado previamente su visita.