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Así es el confinamiento con 13 personas en casa (y un perro)

Fotos cedidas por Raquel Suárez a idealista/news
Fotos cedidas por Raquel Suárez a idealista/news
Autor: @Lucía Martín (colaborador de idealista news)

Ya lo dice la sabiduría popular: quien no se consuela es porque no quiere. Porque puestos a compararnos, aunque las comparaciones sean odiosas, unos pasan el confinamiento en soledad y qué mal. Pero otros lo pasan con sus suegros y vaya dolor de muelas. Mientras, los vecinos del cuarto teletrabajan cuando les dejan sus dos retoños que corretean salvajes por el pasillo tras un mes de confinamiento y tú ahí tan a gusto, en tus 80 m2 de ático para ti y tu pareja…. El confinamiento está mostrando las interioridades de nuestras casas, nos ha pillado en batín y con pantuflas.

Está claro que se lleva mejor si dispones de un espacio en el que te dé el sol, sea modesto balcón o jardín majestuoso y, por supuesto, cuanto más espacio tengas (entiéndase m2 útiles) para poder respirar, menos agobiado te sentirás. 

Según un estudio de idealista, un 8% de los hogares está pasando el confinamiento sin ver la calle desde su vivienda, mientras que la empresa Global Projects ha analizado cuál la vivienda ideal de los españoles para pasar la cuarentena y la clave es que sea una casa amplia, un salón con cocina integrada y una terraza orientada al sur, para recibir más horas de sol. La empresa de reformas afirma que 25 m2 por persona deberían ser suficientes.

Si Raquel Suárez sacase la calculadora y distribuyese los m2 de su piso entre las personas que viven en él, la división le daría apenas 7,69 metros por cabeza. Apunten, que va la lista de miembros de la familia: Raquel Suárez y Jesús Bueno, la pareja. Y sus hijos José María, Nohelia, Jesús, Raquel, Samuel, Verónica, Juan, Nazareth, Uriel y Carmen. Por si fueran pocos, también reside con ellos un amigo de uno de sus hijos que el confinamiento le pilló allí. Y no nos olvidamos del perro, Thor, que no es precisamente un caniche, sino un podenco.

Todos ellos viven en los aproximadamente 100 metros de vivienda (“Eran 90 metros, pero cerramos las terrazas”, dice Suárez) frente al mercado de Ventas. Un baño y un aseo, cuatro habitaciones, salón y cocina.

“¿Qué cómo nos organizamos? Pues yo siempre digo que esto es como el ejército, va por turnos. Yo, por ejemplo, me acabo de duchar (cuando hablamos con ella son las 13 horas) porque he visto que el baño estaba vacío”, afirma Suárez. Cuando hay un hueco, se aprovecha, aquí no hay lugar para el despiste. El matrimonio tiene su habitación y en las demás, la repartición de camas es la siguiente: en una hay cuatro literas abatibles; otra, con una cama y dos literas abatibles y la última, también con literas de este tipo. Aún así, las camas no llegan y uno de sus hijos tiene que dormir en el sofá del salón.

“¿Qué cómo llevamos el confinamiento? Se lleva, porque aquí siempre hay algo que hacer. Ahora que estoy hablando contigo, mis hijos están estudiando. Luego por la tarde, se van turnando para hacer deporte en las habitaciones”, comenta.

Suárez sabe lo que es que la vida dé un giro de guión y no para bien precisamente: cuando tenía 47 años se quedó sin trabajo y tuvo que ingeniárselas para sacar adelante a sus hijos. De aquella situación complicada surgió la que es su empresa, Doce Peces (por sus 12 hijos, los 10 que viven en casa y uno emancipado y otra que vive en un convento): el negocio se basa en un servicio de 'personal shopper' que se encarga de hacerte la compra y llevártela a casa. Si antes de la pandemia el negocio iba bien, imagínense ahora: “Ahora quien sale a hacer la compra y a repartir es mi marido, no podemos salir los dos. Los pedidos han subido desde el estado de alarmas, de media cada día tenemos entre 15 y 20 pedidos. Repartimos primero siempre a las personas mayores, y luego, al resto”, aclara.

Pero volvamos a este mini cuartel y a cómo se están organizando durante el confinamiento: “Cocino yo, aunque los más mayores (sus hijos tienen edades entre los 10 y los 24 años) saben cocinar todos. Hoy tenemos cuartos de pollo asados y patatas panaderas. Primero comen los más pequeños y yo les acompaño. Y luego los mayores”, aclara. Recuerden lo que decíamos más arriba, todo por turnos.

¿Ayudan los hijos? “Sí, ponen y quitan la mesa, lavavajillas, lavadora…”. En esta casa cada día se ponen dos lavadoras y dos secadoras. Y tres lavavajillas. “No me vuelvo loca porque tengo mucha paciencia y porque si veo un zapato en medio del pasillo durante 3 horas, pues ahí se queda, no me fijo en las minucias, lo importante son otras cosas. Y tengo muy claro que a todo no se llega”, aclara.

El piso es exterior: “Da el sol en la cocina, y ahí lo tomamos. También, por turnos”. ¿Hay peleas por quién elige lo que hay que ver en la tele por la noche? “Pues no, no miran mucho la tele. Tenemos una tele en el salón, no hay más, y luego los más mayores tienen sus ordenadores o tablets, pero no suelen pelearse por eso. Se pelean por otras cosas, claro que hay fricciones, es un espacio muy pequeño para tantos”, comenta. “A mí esta situación lo que me está enseñando es que lo importante es la familia y el trabajo, y poco más”, finaliza Suárez.

Y nos deja, que tiene que llenar el lavavajillas.