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Piscinas y confinamiento: cuidado con instalar una en tu terraza o balcón

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Autor: @Lucía Martín (colaborador de idealista news)

Hoy más que nunca está vigente la famosa frase de Sócrates “Solo sé que no sé nada”. El coronavirus nos ha dejado a todos en stand by, sin certeza alguna y sin saber de nada. Por no saber, no sabremos si tendremos salud a la vuelta de la esquina, si conservaremos el trabajo o, en un tono más frívolo, si podremos irnos de vacaciones.

Los más sensatos ya están entendiendo que no, que este año no habrá vacaciones en el Caribe y quizás tampoco en esa playa de Almería que tanto te gusta: es por eso que se están disparando las consultas sobre casas con piscina. Según los datos de idealista,  las visitas a anuncios del 'marketplace' inmobiliario de viviendas en venta con piscina alcanzaron el 29% del total de visitas a casas en venta en el mes de abril, lo que arroja un incremento interanual cercano a cuatro puntos. 

Porque si en las grandes capitales el que tiene una piscina en verano, tiene un tesoro (y un montón de amigos que salen de debajo de las piedras), qué decir de quien tendrá una piscina este verano del 2020 en el que los movimientos estarán limitados por el coronavirus.

Si la compra de una residencia con piscina no es factible y forma parte de sus sueños, quizás muchos se estén planteando colocar una piscina en su jardín. Perfecto. Pero cuidado con valorar hacerlo en la terraza o el balcón porque no todo es válido. El arquitecto José Ramón Hernández nos explica detalladamente cómo es la cuestión de colocar piscinas en los edificios.

Hablemos primero de estructuras y de cargas: “Al calcular la estructura de un edificio se tienen en cuenta todas las cargas que vaya a soportar. Por una parte se consideran las que son fijas, ciertas y constantes: el propio peso de la estructura, el de los pavimentos y el de todos los materiales de la construcción. Por otra, se evalúan las que pueden estar o no, las que son variables e inconstantes: que se llaman sobrecargas (viento, nieve, uso...). En un edificio de viviendas convencional,  las sobrecargas de uso que se estiman son de 2 kN/m2 (kilonewtons por m2), que vienen a ser muy aproximadamente unos 200 kilogramos-fuerza por m2 (203,9 kg/m2). Para no confundirnos: una casa está pensada para aguantar, además de lo que ya pesa ella con todos sus materiales, 200 kg/m2”, explica.

“Una piscina, igual que un mueble, una agrupación de personas, una jardinera, etc, se considera sobrecarga de uso, y tiene que cargar sobre el suelo como máximo esos 200 kg/m2 que han sido los que se han contemplado para el cálculo. Esto, en una piscina, equivale a una capa de agua de 20 cm de altura. Si pensamos en una piscina de 50 cm tenemos que saber que cargará 500 kg/m2. Una de 70 cm 700 Kg/m2, y una de 1 metro de altura cargará 1000 kg/m2. Mucho más que lo que se tuvo en cuenta al calcular la estructura del edificio”, advierte.

Llegados a este punto hay que aclarar que a las estimaciones de cálculo de las cargas, o sea, las que hemos visto antes, se les aplica un coeficiente de seguridad que las aumenta. Y a la resistencia de los materiales (acero y hormigón) otro coeficiente que reduce sus verdaderas resistencias. Por lo tanto, estamos en un ámbito que juega con un buen margen de seguridad. “Pero precisamente ese margen de seguridad está para conservarlo, no para apurarlo”, aclara.

En este punto alguien podrá pensar que la piscina no va a ocupar toda la terraza, y tiene razón. “La sobrecarga estimada de 200 kg/m2 lo es en toda la superficie de los forjados. No es que yo, que peso más de 100 kg, me abrace a uno como yo en el centro de mi salón, y ya somos 200 kg en un m2, sino que en cada metro cuadrado de mi salón, de mi casa y del edificio entero haya dos grandullones abrazados. En ese sentido, hay que pensar que la piscina no ocupa toda la terraza, ni toda la planta del edificio, es cierto, y por eso no se comporta como una carga uniforme superficial, sino como una carga puntual”.

“Es como si pusiéramos un macetón enorme con un árbol, o una estatua, en la terraza. Hay que ver cuántos kilos (a menudo más de una tonelada) le estamos poniendo a la terraza sin ser conscientes de ello. Esto hará que la estructura se comporte de forma imprevista”, aclara.

¿Qué peligros puede suponer esa carga puntual?

“En general, no hablamos de que la terraza se hunda (aunque algún caso se ha dado), sino de que se produzcan deformaciones en el suelo, y por lo tanto en el techo de la planta inferior, y se agrieten tabiques, se desprendan falsos techos, se partan baldosas de la terraza, etc. También hay que tener en cuenta el estado de conservación del edificio, sus deformaciones previas, etc".

En resumen, aclara el arquitecto, "poner una piscina en una terraza o en una azotea es una temeridad. Debería de consultarse antes con un técnico. Yo no la pondría en mi casa, y desde luego no estaría tranquilo si mi vecino de arriba la pusiera. A lo más que me atrevería sería a poner una de niños pequeños que son como un barreño grande”, finaliza el arquitecto, quien se muestra convencido de que las propias piscinas tienen algún manual con advertencias aconsejando que se instalen en el terreno firme y no en la estructura de ningún edificio.

"A lo más que me atrevería sería a poner una de esas para niños pequeños que son poco más que un barreño grande", concluye.