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Por qué debería preocuparnos la calidad del aire de nuestras casas

Autor: Redacción

La pandemia del covid-19 nos ha llevado a reflexionar sobre muchas cuestiones en torno a nuestra salud. Una de las más impensables, y gran asignatura pendiente hasta el momento presente, es la calidad del aire interior que respiramos a diario.

Mientras que los peligros de la contaminación atmosférica llevan décadas en boca de todos, los factores de riesgo fruto de una mala calidad del aire interior han pasado desapercibidos hasta hace bien poco.

El confinamiento y el cambio de paradigma han sido claves para repensar el modelo de vivienda en términos de salubridad. Provocando una mayor toma de conciencia sobre los espacios en los que pasamos la mayor parte de nuestra vida.

Al margen del escenario pandémico, no podemos olvidarnos de que permanecemos más del 80% del tiempo en espacios cerrados. No parece nada descabellado, por lo tanto, que la calidad y seguridad del aire interior de los edificios e infraestructuras que nos cobijan sea una necesidad de primer orden.

Solo si tomamos como referencia, por ejemplo, los datos de la Agencia de Protección del Medio Ambiente en Estados Unidos (EPA), la presencia de elementos contaminantes en el aire interior puede llegar a ser entre 2 y 5 veces superior que en exteriores. ¿Cómo es esto posible?

Formaldehído: un enemigo doméstico peligroso e invisible

El formaldehído es uno de los llamados compuestos orgánicos volátiles (COV), que podemos encontrar de forma demasiado habitual en espacios interiores, desde oficinas o colegios, pasando por hospitales o nuestras propias casas.

Este producto químico se ha utilizado con mucha frecuencia como bactericida o conservante, en la fabricación de tejidos, plásticos o papel, por ejemplo. Y también está presente en elementos constructivos y decorativos.

Podemos llegar a aspirarlo desde fuentes tan diversas como gases de una estufa, barnices o pintura nueva, pasado por el propio humo del tabaco y otros gases de combustión.

Incluso en bajas concentraciones y como así indican diferentes estudios, el formaldehído en aire puede llegar a tener efectos irreversibles en nuestra salud. Y podría estar relacionado con infecciones respiratorias agudas, asma, bronquitis, alergias respiratorias, cardiopatías e incluso algunos tipos de cáncer.

De hecho, está clasificado en el grupo 2A (probable cancerígeno humano) por la International Agency on the Research of Cancer (IARC). Y la Organización Mundial de la Salud (OMS) proporciona directrices para eliminar o reducir al mínimo la exposición a este tipo de contaminantes.

¿Cómo podemos mejorar la calidad del aire interior?

Además de reduciendo el uso de contaminantes en materiales y acabados, o en productos químicos de limpieza, la adecuada ventilación y renovación del aire de las estancias (otra de las enseñanzas de la pandemia) es uno de los elementos esenciales. Pero no el único.

Tal y como nos traslada Carolina Cabello, Jefa de producto en Pladur, existen soluciones constructivas que nos permiten purificar el aire que respiramos en nuestras propias viviendas, en nuestras oficinas o espacios de trabajo y en lugares de gran tránsito como hospitales o colegios.

Un ejemplo de ello sería la tecnología patentada Pladur Air, capaz de captar el formaldehído y neutralizarlo: transformándolo en un compuesto inerte, evitando así que pueda volver a emitirse al ambiente.

“Las placas Pladur Air permiten que tanto techos como tabiques o trasdosados puedan purificar el aire de una estancia, haciéndola mucho más segura para la salud. Cuentan con la máxima clasificación A+, la cual certifica que se cumple con el mínimo nivel de emisiones de COV”, asegura Carolina.

Sin duda, aplicar los aprendizajes de la crisis sanitaria para mejorar nuestra calidad de vida parece fundamental a la hora de afrontar el presente y el futuro de la rehabilitación y edificación en nuestro país. Cuidar del aire que respiramos, tanto dentro como fuera de nuestros hogares, es uno de los grandes retos.