El concepto de “casa que crece” se define como aquel espacio o vivienda base que, dependiendo de las necesidades y posibilidades de los moradores, puede ampliarse con otras estancias y conformar una vivienda en cada una de las fases. El término se acuñó en 1932 durante el concurso Das Wachsende Haus organizado dentro de las actividades de la Exposición Internacional Sonne, Luft und Haus für alle de Berlín. Muchos arquitectos de primer nivel participaron en el concurso, abriendo paso a nuevas prácticas sobre la vivienda flexible y el crecimiento programado. Estas perspectivas siguen de rabiosa actualidad en todo el mundo, como en Ecuador, en un complejo residencial de Guayaquil ampliado por Juan Alberto Andrade.
Una casa creciente
En una vivienda del complejo residencial conocido como El Retiro, en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, Juan Alberto Andrade ha llevado a cabo la ampliación del espacio común de una casa de 305 metros cuadrados. La estancia ha sido ampliada nueve metros cuadrados, con lo que duplica el espacio de esta zona comunal. La intervención se ha desarrollado siguiendo los conceptos de la “casa que crece”, en la cual se aplicó una estrategia de “crecimiento cristalográfico”; es decir, el espacio añadido se ha ubicado dentro de los límites de la propiedad y se han respetado las características del barrio en cuanto a superficie y altura.
La ampliación se sitúa en el retranqueo frontal de la fachada, con lo cual establece una fusión de la vivienda privada con el entorno urbano, siendo uno de sus aspectos más característicos. Otra singularidad es su estructura, que está compuesta principalmente de un muro de tierra apisonada de 30 centímetros de grosor, sobre una base de roca caliza. Este se complementa con mampostería de bahareque, una combinación de bambú y yeso de arcilla.
Todos estos materiales y técnicas propinan que el acabado contenga un color diferente a la estructura original. Sin embargo, la adición se integra armoniosamente tanto a la vivienda como al vecindario, gracias en parte al exuberante paisaje natural que envuelve las fachadas de los edificios del barrio.
Maximizando los espacios pequeños
La estructura ligera de la cubierta está realizada con madera de pino y se inclina desde el muro exterior de la pared preexistente hasta el extremo exterior de la ampliación y cuenta con un tejado metálico verde. Hacia el interior, se hace evidente el contraste entre el suelo de resina y el techo de madera sin tratar, lo que, añadido a la carpintería incorporada en las paredes, permite crear un ambiente distintivo.
El interior de la ampliación alberga un espacio social, una biblioteca y espacio para almacenaje, todo ello está conectado mediante unas escaleras con una zona de trabajo común en la planta ya existente; en este, además, también se encuentra un baño y una cocina americana. La entrada a la ampliación, en una de las paredes laterales, dispone de un pequeño atrio en el que se ha respetado un árbol de 25 años. En la pared frontal, cuenta con una ventana cuadrada de madera con vistas al parque de enfrente.
Andrade ve este proyecto como “una oportunidad para crear soluciones concretas y productivas que aborden el crecimiento progresivo de la vivienda, aprovechando los espacios residuales generados por las políticas de Ecuador”. Y, con esta iniciativa, se refleja su enfoque de maximizar el uso de espacios pequeños.
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