Lo primero que hay que saber antes de invertir en la nueva Cuba es que en lo esencial sigue siendo la misma: la vieja Cuba. El gobierno mantiene un férreo control de la economía y una estrecha vigilancia sobre las iniciativas particulares. Pero también tiene clara otra cosa: “Necesitan dinero”, afirma Eugenio Martínez Bravo, managing partner de la firma de comunicación Kreab, que acaba de abrir una oficina en La Habana.
Abrir una oficina en Cuba no es fácil porque pasa por varias fases. “En realidad aquí no lo llaman oficina o delegación sino ‘representada’: es el paso anterior a una delegación comercial”, añade Martínez Bravo. Lo dice porque ni siquiera puede alquilar una oficina, ya que eso supondría que hay oficinas privadas y la propiedad privada no es del gusto del gobierno.
Entonces, ¿dónde trabajan? En un apartamento que no se llama oficina. Al caso es lo mismo. Incluso hay intermediarios que se dedican a conseguir estos apartamentos para los empresarios que deseen hacer negocios con Cuba. Al cabo de los tres años, esa ‘representada’ extranjera ya se puede convertir en una delegación.
“Desde que Obama cambió la política de EEUU hacia Cuba, ha habido una avalancha de empresas interesadas en invertir en el país”, afirma Martínez Bravo. Y desde que el presidente de EEUU visitó el país el pasado marzo aún más. No solo estadounidenses, sino españolas.
Pero cuando tratan de abrir sus negocios, los empresarios extranjeros se encuentran que es más difícil de lo que pensaban. En primer lugar tienen que aliarse con alguna empresa estatal. En segundo lugar, contratar personal a través de una empresa estatal.
Es la parte en donde no ha cambiado el régimen. Sin embargo, desde hace unos años permite la existencia de 'cuentapropistas'. Es decir, cubanos autónomos.
Lo permite para pequeños negocios como restaurantes o asesoramientos, y es aquí donde se aparece la nueva Cuba. Kreab, la firma sueca que representa el español Martínez Bravo, se ha aliado con cuentapropistas para abrir una representación en Cuba. Su misión ayudar a las empresas de otros países a aterrizar en el país. Para ellos ha elaborado una “Manual del Inversionista en Cuba”.
Pero no basta solo con tener dinero y asociarse a los cuentapropistas. Hay que conocer otro código en Cuba que es el código de las relaciones humanas.
Es posible que Cuba haya estado apartada de la globalización y de las tendencias mundiales, pero los cubanos son muy orgullosos. “No puedes ir de soberbio”, afirma Martínez Bravo, refiriéndose a la mala costumbre de muchos empresarios españoles de ir por América como conquistadores. Tienes que pedir las cosas con mucha educación, no hablar en imperativo ni en voz alta, y ser paciente. En otras palabras, “tropicalizarse”, como dice Martínez Bravo
Quizá sea un país pequeñito con 10 millones de habitantes, pero ese país pequeñito impidió en 1961 la invasión de 1.500 exilados cubanos patrocinados por EEUU. Y ha resistido el que posiblemente ha sido el bloqueo económico más largo de la historia.
Dicho esto, el cubano agradece que empresas de otras partes del mundo confíen en ellos. Los sectores donde Martínez Bravo ve más futuro es en turismo sanitario, infraestructuras, alimentación (no hay vacas, ergo no hay leche), inmobiliario (La Habana tiene un enorme déficit habitacional), tecnología… En realidad, todo está por hacer porque, por no haber, no hay ni un wifi decente.
Las empresas españolas que han invertido en Cuba en los últimos años –especialmente las cadenas de hoteles–, parten con ventaja. Ahora todas se agolpan en las puertas de las embajadas para invertir. Los vuelos a La Habana están llenos y el aeropuerto José Martí está colapsado. “Sería una gran oportunidad para Aena”, afirma Martínez Bravo.
Mucha gente pone en duda la velocidad de las reformas en Cuba. Unos dicen que serán lentas, porque jurídicamente no han cambiado mucho las cosas. Otros, como Martínez Bravo, cree que serán rápidas. Pero todos ellos están seguros de una cosa: “No hay marcha atrás”.
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