En el idílico enclave de Okazaki, Japón, se erige una residencia minimalista, creación del renombrado Studio Velocity. Los registros de esta propiedad revelan una larga historia: la casa original, construida en la década de 1960, ha experimentado tres renovaciones a lo largo de su existencia. Esta larga tradición de remodelación y expansión ha dado como resultado una amalgama única de estilos arquitectónicos de diferentes épocas. La adición más reciente, en particular, fue concebida con meticulosa atención al detalle y precisión.
Este nuevo componente arquitectónico se compone de tres estructuras distintas: una sala de cine, un comedor y una sala de estar, todas ellas ubicadas en el lado occidental de la propiedad. La disposición estratégica de estas adiciones asegura que las sombras proyectadas dentro del recinto sean mínimas, al tiempo que se mantienen vistas panorámicas y una sensación de amplitud.
“El propietario, con el deseo de no poner fin a la tradición de vivir en una casa que ha pasado de generación en generación, decidió agregar un nuevo edificio en la propiedad donde sus padres y abuela residían, y continuar viviendo en ella”, explican desde el estudio.
A medida que uno se desplaza desde la casa ancestral principal hacia estas nuevas estructuras, se percibe una intencionada progresión en altura y número de pisos. Esta triada de estructuras no solo complementa la forma asimétrica de la casa original, sino que también permite la creación de pequeños espacios ajardinados entre ellas.
Un árbol en el centro del jardín
Estos espacios albergan un árbol de cítricos inalterado en la planta baja, un balcón con vista al patio y al árbol en el segundo piso, y una vista más elevada que supera a los edificios circundantes en el tercer piso. Además, todas las estructuras, incluida la casa original, la sección de la abuela y un estacionamiento, convergen alrededor de un amplio patio central.
“En estos espacios entre edificios, en el primer piso, se dejó un pequeño jardín sin cortar el árbol de mandarina existente, mientras que en el segundo piso se planificaron balcones que dan al patio central y al árbol de mandarina. En el tercer piso, se diseñaron balcones internos que ofrecen vistas panorámicas más allá de los edificios circundantes”, señalan al respecto
Este jardín interior se convierte en el corazón de la propiedad, funcionando como un espacio comunal donde múltiples generaciones pueden interactuar y compartir experiencias. La filosofía del diseño se asemeja al arte japonés del 'kintsugi', donde la cerámica rota se repara con laca mezclada con polvo de oro o plata. Este método no solo restaura el objeto, sino que también realza su atractivo estético.
La técnica del 'kintsugi'
“La práctica de reparar una pieza de cerámica rota uniendo las partes con laca y decorándola con polvo de metal se llama 'kintsugi'. Aceptar una pieza reparada tal como es y embellecerla con metal o similar no solo es una forma de reparación, sino que también sublima el objeto a un nuevo valor artístico”, explican.
Inspirándose en esta técnica, el patio central se visualiza no solo como un punto de conexión entre las distintas estructuras arquitectónicas, sino como un nexo que une a múltiples generaciones. Con el transcurso del tiempo, este espacio puede adaptarse a sus residentes, simbolizando la atemporalidad que une a las generaciones, al igual que el lacado que enriquece y perdura con el tiempo. Es un recordatorio de que en la vida y la arquitectura, a menudo son las imperfecciones y las transiciones las que aportan un valor especial a la historia y al entorno.
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