El conflicto en Oriente Medio sigue presionando al mercado internacional. La semana ha arrancado con una nueva escalada del precio del petróleo y el gas, y el temor de que la guerra dispare la inflación y amenace el crecimiento económico. La incertidumbre y la volatilidad es máxima, pero los analistas todavía confían en que la escala bélica se solucione en un breve plazo temporal.
El mensaje de calma llega en plena escalada de las materias primas por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, uno de los 'pasos' críticos en el transporte marítimo de crudo y gas: este estrecho concentra alrededor de una quinta parte del transporte global.
El precio del crudo, tanto en su variedad Brent como West Texas Intermediate (WTI), rompió el lunes por primera vez desde 2022 la barrera psicológica de los 100 dólares por barril y llegó a tocar los 118 dólares, tras apuntarse la mayor subida intradía de la serie histórica. Desde pasado 27 de febrero, última sesión hábil antes del inicio de la guerra, el barril de crudo Brent acumula un repunte del 64%, mientras que el WTI ha llegado a subir hasta un 78%. Mientras, el precio del gas ha arrancado la semana con subidas de dos dígitos y se acerca a 70 euros por megavatio hora, acumulando así una escalada superior al 130% en apenas 10 días.
Aun así, los analistas defienden que estos niveles siguen por debajo de los que se registraron cuando Rusia invadió Ucrania a principios de 2022 y descartan que el conflicto bélico en Oriente Medio pueda seguir sus pasos y llegar a enquistarse. Su visión se ha visto reforzada por las palabras del presidente de EEUU, Donald Trump, quien ha asegurado que la guerra “está prácticamente terminada. No tienen armada, ni comunicaciones, ni Fuerza Aérea”. Washington afirma que va muy por delante de su pronóstico inicial, que apuntaba a una duración del conflicto de entre cuatro y cinco semanas; y su mensaje no solo contuvo las caídas de Wall Street, sino que también logró abaratar el barril de petróleo. Este martes, los parqués europeos suben en el arranque de la jornada, mientras que el crudo Brent se mantiene en torno a 93 dólares.
Según afirman los analistas de Bankinter, "parece razonable esperar que el conflicto en Irán se extienda, en el peor de los escenarios, alguna semana más, pero no meses y mucho menos un enquistamiento al estilo Rusia/Ucrania". En el caso de EEUU, la dilatación temporal del conflicto no sería "una estrategia inteligente para el actual Gobierno americano", que se enfrenta en noviembre a las elecciones de medio mandato; e Irán "tampoco saldría beneficiado porque su economía depende de las exportaciones de petróleo por el Estrecho de Ormuz y China, su principal aliado, presionará para despejar esta ruta, por la que recibe el 50% de sus importaciones de crudo".
A pesar de que la subida del precio de la energía podría impulsar la inflación y trastocar los planes de política monetaria de los grandes bancos centrales, el departamento de análisis de la entidad insiste en que "es difícil defender un cambio de las políticas monetarias del BCE o la Fed para tratar de combatir un repunte de precios derivado de un shock de oferta", ya que "una política monetaria restrictiva solucionaría poco, o nada. Además, ese escenario ignora el impacto negativo sobre el ciclo económico que produciría un repunte sostenido de los precios de la energía, que tampoco contemplamos por el momento".
Por tanto, y si el conflicto no se prolonga mucho más, "lo razonable es esperar una estabilización del mercado a lo largo de la semana", recalca la entidad.
La firma de inversión Link Securities también resta importancia a las recientes caídas de las bolsas y explica que "todos los activos que habían subido con fuerza en los últimos meses están siendo duramente castigados, algo habitual en este tipo de situaciones, más teniendo en cuenta las exigentes valoraciones alcanzadas por muchos de ellos". En el caso del Ibex 35, el principal indicador de la bolsa española, los retrocesos se están produciendo tras marcar máximos históricos por encima de los 18.000 puntos.
Además, insiste en que una guerra de estas dimensiones prolongada en el tiempo no beneficiaría a ninguna parte y descarta que sea el escenario más probable actualmente.
"La posibilidad de que el fuerte incremento del precio de la energía termine haciendo descarrilar la recuperación económica en muchas partes del mundo, concretamente en Europa, parece cada vez más factible, siempre y cuando el conflicto en Oriente Medio se enquiste y el Estrecho de Ormuz siga cerrado de facto. El repunte de los precios energéticos, de consolidarse, provocará un incremento de la inflación, condicionando la política monetaria de los principales bancos centrales que, en lugar de seguir bajando sus tasas oficiales, es factible que terminen planteándose la posibilidad de subirlas. Además, los mayores precios energéticos afectarán directamente al crecimiento económico, lastrando el consumo privado y penalizando los márgenes de muchas cotizadas. Este, que sería el escenario más negativo, tiene aún que confirmarse, ya que es factible que el conflicto, por interés de ambas partes, termine en pocas semanas, algo que sería lo deseable".
Además, recuerda que de momento las bolsas mundiales no están en una situación de "corrección técnica", considerando como tal un escenario de caídas superiores al 10% desde máximos. "Sólo en el caso de que el conflicto en Oriente Medio se enquiste y amenace con provocar una recesión económica global el mercado pasaría de alcista a bajista, algo que, de momento, no creemos que vaya a ocurrir", argumenta.
Desde el banco de inversión Renta 4 se suman a esa opinión e insisten en que "el shock energético lleva al mercado a elevar las expectativas de inflación y a seguir posponiendo los recortes de tipos en el caso de la Fed y a elevar las previsiones de subidas de tipos BCE en 2026. Pero no creemos que tenga mucho sentido afrontar un shock como el actual subiendo tipos".
Su teoría es que, en las próximas semanas, "los mercados seguirán mostrando una elevada volatilidad, con presión a la baja de las cotizaciones hasta que no se produzca alguna señal de acercamiento de posturas por parte de EEUU-Irán que pueda dar lugar a la finalización de la guerra". Así, la entidad mantiene "una visión prudente y selectiva, esperando a ver cómo evoluciona el conflicto, cuya duración e intensidad serán claves para determinar su impacto".
Los economistas de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) tienen una visión similar. Por un lado, recuerdan que "la reacción de los mercados ha sido menos virulenta que en 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, desencadenando una crisis energética. En ese momento, el petróleo llegó a cotizar por encima de los 180 dólares -muy por encima de los niveles actuales-, y el Mibgas escaló hasta los 200 euros, cuatro veces más de lo que vale en la actualidad. Otro factor favorable en comparación con la guerra de Ucrania es la menor dependencia de Europa con respecto al abastecimiento de gas procedente del Golfo". Qatar, por ejemplo, tan solo aporta el 1,7% del gas importado por España, frente al 11,5% que representa Rusia, al 30% de EEUU o al 34% de Argelia.
Funcas también resume varios argumentos que apuntan a que la contienda en Oriente Medio estará acotada en el tiempo. Por ejemplo, que "el arsenal militar de Irán se ha visto fuertemente debilitado por la magnitud de los ataques, si bien todavía dispone de una importante reserva de drones con una capacidad de destrucción significativa".
En segundo lugar, ve probable que "el apoyo de la ciudadanía norteamericana vaya disminuyendo a medida que se prolonga el conflicto, y que su impacto se vaya percibiendo en el día a día", ante el encarecimiento de la gasolina y el elevado presupuesto destinado a la guerra. Recordemos que en noviembre se celebran elecciones de medio mandato en EEUU, y que los resultados suelen favorecer al partido de la oposición.
El escenario central que manejan los economistas de Funcas es que la guerra en Irán no dure más de tres meses, lo que considera la hipótesis "más plausible, de momento", y es "compatible con la evolución de los mercados a plazo, que apuntan a una cierta relajación de los precios del petróleo en los próximos meses".
Para CaixaBank Research, el escenario actual no contempla un cambio en la política monetaria al descartar que el conflicto pueda aplazarse 'sine die'. "Gracias a las existencias de energía acumuladas (sobre todo en crudo) y a unas expectativas de inflación que, de momento, siguen ancladas, no habría cambios en el escenario monetario a medio plazo. De hecho, la inflación de la eurozona repuntaría, temporalmente, unas cuatro décimas en 2026, pero esto no alteraría la estrategia de un BCE que se siente cómodo con unos tipos de interés en el 2%".
El mercado, por su parte, ya está descontando entre uno y dos movimientos al alza del precio del dinero a lo largo de este año, de 25 puntos básicos cada una, lo que situaría el precio del dinero de nuevo en el 2,5% a finales de 2026.
Hay margen para que la situación empeore
A pesar de que actualmente los analistas se muestran prudentes, sí que existe la posibilidad de que el conflicto bélico en Oriente Medio se prolongue en el tiempo. Y un bloqueo prolongado del Estrecho de Orzum tendría un impacto macroeconómico, inflacionario y potencialmente redefinitorio del ciclo.
"Un escenario de precios energéticos más elevados de manera más persistente amenazaría con disrupciones más significativas y efectos indirectos sobre la inflación que podrían presionar al alza las expectativas, con subidas de tipos que se añadirían al lastre ejercido por las disrupciones de oferta sobre la actividad", alertan los economistas del servicio de estudios de CaixaBank.
Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, subraya que el mayor riesgo para los mercados sería una interrupción prolongada del tráfico energético en el Estrecho de Ormuz, "lo que podría alimentar nuevas presiones inflacionistas y debilitar el crecimiento mundial, con Europa entre las regiones más expuestas, en un momento en que el mercado laboral estadounidense empieza a mostrar señales de enfriamiento y China mantiene un crecimiento aún desequilibrado".
Aurelio García del Barrio, doctor en Economía y director del Global MBA con especialización en Finanzas del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), explicaba la semana pasada que "si el precio del petróleo experimentara un repunte fuerte y sostenido, las consecuencias se trasladarían rápidamente al conjunto de la economía mundial. La energía es uno de los principales componentes de los costes de producción y transporte, por lo que un encarecimiento prolongado del crudo podría elevar la inflación en Europa, EEUU y buena parte de Asia. Este escenario complicaría además la estrategia de los bancos centrales, que en los últimos años han intentado contener la inflación mediante políticas monetarias restrictivas", recalca.
Si el BCE finalmente se ve forzado a cambiar su hoja de ruta y subir los tipos de interés para contener la escalada de los precios, el impacto del conflicto bélico alcanzaría también al mercado hipotecario, con subidas tanto de las ofertas mixtas y fijas como de las variables, ante el probable repunte del euríbor a 12 meses. En tasa intradía, el indicador hipotecario ha alcanzado el 2,367%, su nivel más elevado en el último año.
Primer impacto en el bolsillo de las familias
Los hogares ya están sufriendo las primeras consecuencias del conflicto bélico, al enfrentarse a una rápida subida del precio del combustible. En apenas una semana, según Facua, el litro de gasolina ha repuntado 17 céntimos y el del gasóleo, 33 céntimos.
Si la guerra se prologa, no se descarta un aumento del precio los alimentos y una subida importante de los suministros básicos del hogar, como la luz o el gas, lo que reduciría la capacidad adquisitiva de las familias y lastraría el consumo y dificultaría su acceso a financiación bancaria. A ello se suma la posible subida de las cuotas de las hipotecas variables que se revisen próximamente, al calor del repunte que está registrando el euríbor.
No obstante, ya hay países que están dando pasos para intentar minimizar el impacto del conflicto bélico en los bolsillos de los ciudadanos. Por ejemplo, Croacia y Corea del Sur han anunciado que van a limitar el precio del combustible, mientras que el Gobierno de Pedro Sánchez está estudiando la puesta en marcha de diferentes medidas por si fuera necesario actuar.
Desde Sumar, socio minoritario del Ejecutivo, piden un decreto que incluya recuperar el impuesto a las empresas energéticas, establecer ayudas para los transportistas profesionales y limitar los precios de la energía y de los alimentos. Mientras, el PP ha propuesto duplicar la deducción por hijo en el IRPF, bajar un 10% el IVA de la energía y suprimir el impuesto de generación eléctrica, entre otras medidas.
Por su parte, el presidente del Eurogrupo, Kyriakos Pierrakakis, se ha mostrado abierto a aplicar medidas ante las consecuencias económicas de la guerra abierta en Oriente Próximo y ha señalado la posibilidad ajustar el paquete de medidas que aprobó el bloque comunitario en 2022 tras la invasión de rusa de Ucrania. "Estamos abiertos a discutir medidas. Todo dependerá de cómo se manifieste la crisis en las próximas semanas", ha señalado.
El FMI pide prepararse para lo impensable
El Fondo Monetario Internacional (FMI), que la semana pasada ya alertó de que una subida sostenida de los precios de la energía podría elevar en varias décimas la inflación y reducir el crecimiento económico, ha vuelto a la carga y ha pedido a los países que preparen planes de contingencia por si la situación en Oriente Medio.
Durante una conferencia en Tokio, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha lanzado un mensaje inquietante: "Mi consejo a los responsables políticos de todo el mundo en este nuevo entorno global: piensen en lo impensable y prepárense para ello".
La economista búlgara ha afirmado que el organismo está recabando datos sobre el impacto del conflicto de cara a sus próximas proyecciones macroeconómicas, pero, mientras tanto, ha instado a los países a centrarse "en lo que pueden controlar", para lo que recomienda invertir en instituciones y marcos de políticas sólidos para apuntalar economías fuertes y un crecimiento impulsado por el sector privado; utilizar el margen de maniobra de las políticas cuando sea necesario y asegurarse de reponerlo; y, sobre todo, ser ágiles.
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