Una minicasa de diseño en Suiza con luz, historia y un encanto rústico

En el cantón suizo de Tesino, un edificio de piedra que durante años hacía las veces de cobertizo se ha convertido en una casa de 14 m2 que funciona tanto como hogar y alquiler vacacional
El edificio de piedra se utilizaba anteriormente como almacén de leña y cobertizo.
Minicasa en Aldesago Marcelo Villada Ortiz

El movimiento de las minicasas conocido internacionalmente como Tiny House Movement ha pasado de ser una curiosidad arquitectónica para convertirse en una alternativa habitacional y un estilo de vida consolidado en todo el mundo.

Aunque algunos pioneros del diseño sentaron las bases a finales de los años 90, la tendencia se afianzó en 2008 como respuesta a la crisis financiera global. Lo que nació como una necesidad para evitar deudas, pronto evolucionó hacia una filosofía de vida consolidada.

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El atractivo de las minicasas -que generalmente oscilan entre los 10 y los 35 m2- radica en beneficios como una inversión inicial menor, reducen de forma considerable los gastos fijos mensuales, y requiere menos materiales para su construcción. Además, estas construcciones fomentan la recuperación creativa de estructuras olvidadas rescatando el patrimonio.

Es así como en el pequeño pueblo de Aldesago, en el cantón suizo de Tesino, un edificio de piedra que durante años guardaba leña, hacía las veces de cobertizo y alojaba conejos, se ha convertido en una casa de 14 m2 que funciona tanto como refugio personal como alquiler vacacional, gracias a la intervención del arquitecto lugonés Enrico Sassi.

Se repararon las paredes y se instaló un nuevo tejado.
Tejas de arcilla Marcelo Villada Ortiz

Todo comenzó como un homenaje familiar 

El proyecto llegó a través de una historia familiar. La propietaria heredó el inmueble de su padre y, aunque ya no vive en Aldesago, la finca le trae recuerdos de infancia entre bosques y animales. Quiso hacer algo con ese vínculo, no venderlo ni dejarlo caer. Según cuenta el arquitecto, la decisión de renovarlo fue un acto de memoria tanto como una decisión práctica, un homenaje al padre y una manera de conservar el lazo con ese lugar.

Se abordó la reforma con la intención de no borrar lo que había. Los muros de piedra se repararon donde era necesario, rellenando los huecos con ladrillo visto. El tejado se rehízo con tejas de arcilla sencillas, del tipo que uno esperaría encontrar en un edificio de esa zona y esa época. 

Los huecos de los muros de piedra se han rellenado con ladrillos.
Ladrillo visto Marcelo Villada Ortiz

La única ventana nueva que se añadió lleva un arquitrabe de tronco de castaño, un guiño al entorno que evita que el elemento nuevo desentone con el resto.

Menos metros, más vida 

Por dentro, el reto era convertir dos plantas desconectadas y oscuras en algo habitable sin perder la escala original del edificio. La planta baja, antes sin apenas luz, ganó luminosidad al sustituir la puerta maciza por un acristalamiento

Una claraboya sobre la escalera refuerza esa entrada de luz y la distribuye hacia arriba. En ese nivel inferior está el dormitorio, con cama abatible y cajones integrados que permiten que los 14 metros cuadrados no se sientan como una celda.

Las vigas de madera antiguas y nuevas se alternan de forma alegre a lo largo del techo.
Vigas de madera Marcelo Villada Ortiz

La planta superior, resuelta como altillo, combina vigas antiguas y nuevas de una manera “divertida", aunque la palabra que viene a la mente al verlo es más bien honesta, no hay intento de disimular qué es viejo y qué es nuevo. 

Ahí arriba caben una cocina, un comedor y un escritorio empotrado orientado hacia el hueco de la escalera. El espacio funciona porque la verticalidad hace el trabajo que los metros cuadrados no pueden hacer.

Una nueva ventana ayuda a que entre más luz natural.
Ventana nueva Marcelo Villada Ortiz

“Aunque la casa es muy pequeña, no da la sensación de serlo”, afirma el arquitecto, y la explicación está en cómo se gestionan la luz y la altura. La claraboya y la ventana alta crean un juego de reflejos que anima el interior a distintas horas del día. 

Un loft se integra encima de la cocina y el comedor de la planta superior.
Planta superior Marcelo Villada Ortiz

Sassi, que habitualmente trabaja en rehabilitaciones de cierta delicadeza, apunta que este proyecto tiene un carácter diferente al de otros suyos, algo más mediterráneo, quizás por el olivo y el banco de piedra que se ven desde las ventanas.

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