Vivir en "ciudades fantasmas" chinas: la alternativa para cientos de jóvenes de las grandes urbes

El mercado de la vivienda en China sigue en crisis tras décadas de construcción desbocada. Sobran viviendas donde no hacen falta. Miles de personas aprovechan alquileres baratos y pisos vacíos para escapar del estrés de las grandes urbes
Vivir en las "ciudades fantasmas" chinas: la alternativa para ciento de jóvenes
En las ciudades fuera de los grandes núcleos tecnológicos, los alquileres pueden rondar apenas entre 200 y 300 dólares al mes. evening_tao Magnific

El estallido de la burbuja inmobiliaria china ha dejado tras de sí un paisaje de torres residenciales semivacías en ciudades de segundo y tercer nivel, en ciudades que se podrían asemejar a Madrid y toda su corona metropolitana. Y es que una ciudad de 7 millones de habitantes es una ciudad mediana. Lo que para promotores y gobiernos locales sigue siendo un problema del que no saben cómo salir, para una generación de jóvenes trabajadores se ha convertido en una oportunidad: vivir con holgura, pagando una fracción de lo que costaría en Pekín, Shanghái, Guangzhou (Cantón) o Shenzhen.

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China vivió durante años el mayor auge constructor de la historia, impulsado por gobiernos que aprobaban macroproyectos urbanísticos bajo la lógica de que la demanda llegaría después. Esa expansión, sin embargo, no estuvo respaldada por un crecimiento demográfico suficiente. El año pasado, China registró su cifra más baja de nacimientos desde 1949, agravando un desajuste entre oferta y demanda residencial que ya era insostenible.

Según estimaciones de Goldman Sachs, China acumulaba en 2023 cerca de 70 millones de viviendas nuevas terminadas o en construcción pendientes de venta, a las que se suma una "oferta en la sombra" de entre 90 y 100 millones de unidades adquiridas como inversión y nunca habitadas. La cifra resulta abrumadora si se compara con los apenas 9 millones de viviendas nuevas vendidas en todo el país en 2023.

No existen cifras oficiales sobre la tasa de desocupación nacional, ya que los datos oficiales no se publican de forma constante. Un antiguo ministro de Vivienda llegó a situar la tasa de desocupación en torno al 15% a nivel nacional, y entre el 25% y el 30% en algunas provincias, por encima del 5% que se considera estándar internacional.

El desplome no ha sido gradual. Las ventas de vivienda nueva de las 100 mayores promotoras cayeron más de un 70% entre 2021 y 2025, según datos de Nomura, arrastrando consigo a numerosas constructoras (entre ellas algunas responsables de los complejos donde hoy viven estos nuevos residentes) a la bancarrota y a procesos de reestructuración de deuda. Se calcula que la corrección del mercado inmobiliario ha borrado alrededor de 15 billones de dólares en patrimonio de los hogares chinos, un golpe especialmente duro en un país donde la vivienda representaba hasta el 60% de la riqueza familiar.

Las ciudades de provincia alejadas de los polos tecnológicos son las que sufren con mayor crudeza esta sobreoferta. Varios Investigadores internacionales describen casos en los que se llegó a construir, en superficie, el equivalente a varias veces todo Manhattan en localidades de tamaño mucho menor.

En ciudades como Huizhou, próxima a Hong Kong, los alquileres pueden rondar apenas entre 200 y 300 dólares al mes por pisos amplios y de construcción reciente, una cifra muy inferior a la de las grandes metrópolis chinas. Muchos de estos complejos cuentan con comercios cerrados, piscinas sin uso y aparcamientos subterráneos prácticamente vacíos, pero las viviendas en sí suelen mantenerse en buen estado.

El perfil de quienes optan por este tipo de vida combina profesionales con trabajos remotos (profesores de inglés online, creadores de contenido, freelance) que valoran el menor coste de vida y un ritmo más tranquilo, sin renunciar a la cercanía de centros urbanos más dinámicos en caso de necesitarlo.

Algunos analistas advierten de que el problema es tan estructural que, una vez destinada parte del excedente a vivienda social o a otros usos, los gobiernos locales podrían no tener más alternativa que demoler el stock más deteriorado e inviable, especialmente en zonas donde la pérdida de población es más severa.

Mientras se decide el futuro de estos desarrollos, miles de residentes siguen aprovechando, a su manera, lo que queda de uno de los mayores excesos urbanísticos de la historia reciente.

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