Asturias, tierra de verdes montañas y valles profundos, esconde entre su naturaleza un patrimonio singular y enigmático: sus más de 800 aldeas abandonadas. Estos enclaves, que no han resistido al paso del tiempo, despiertan la curiosidad de viajeros por sus historias de éxodo rural y transformación social. Un ejemplo es Perlora, concebida a mediados del siglo XX como un complejo vacacional fruto de una ambiciosa iniciativa social. En sus mejores momentos, entre los años 60 y 80, ofrecía chalets, campos de juegos, y zonas comunes acogían a miles de veraneantes. Otro ejemplo es Paicega, un pequeño núcleo con una historia estrechamente vinculada a la gran obra de ingeniería que supuso la construcción de la presa de Salime, en el río Navia.