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El encanto de la España vacía - <p>A los sitios bonitos cuesta llegar, porque si no, iría cualquiera… Por eso, en nuestro periplo por dar fe de los seis pueblos más bonitos de España, según la revista The Times, hemos tenido que coger trenes, aviones, coches…: Tazones, en Asturias; San Martín de Trevejo, en Cáceres; Setenil de las Bodegas, en Cádiz; Níjar, en Almería; Bonilla de la Sierra, en Ávila y Roda de Isábena, en Huesca. Cada uno de ellos tiene sus particularidades, su propio encanto, su magia, pero todos, absolutamente todos, tienen algo que los hace únicos. Se acerca el verano, tiempo de vacaciones, de viajes, de relax, de descubrimiento. Pasen, vean y disfruten.</p>

Bonilla de la Sierra, uno de los pueblos más bonitos de España por su iglesia pero sin escuela ni tiendas

Autores: @Lucía Martín (colaborador de idealista news), @Jone

Hace sol, pero no calienta lo suficiente como para no sentir este aire frío que nos estremece los huesos y que parece no molestar a los lugareños, un grupo de unas seis personas que espera pacientemente la llegada del panadero. Los panaderos, o los fruteros o el carnicero, con sus camionetas cargadas hasta el techo, son los que dan algo de “vidilla” a estos pueblos de la España vacía, esos municipios que se han ido quedando sin escuela, sin centro de salud y por supuesto, sin tiendas, que venían a ser epicentro de la vida social.

En Bonilla de la Sierra, pueblecito de Ávila que ha entrado en esta edición en la lista de Los Pueblos más Bonitos de España, hay un par de bares/restaurantes abiertos y una casa rural, pero ya no hay escuela (de hecho uno de los bares, el de la plaza, ocupa el espacio que antes estaba destinado a la escuela). Tampoco hay tiendas, por eso cuando José Luis llega con su furgoneta cargada de ricos panes, exquisitas magdalenas, perrunillas y mantecados, su visita es una fiesta.

La descarga de delicias se hace en la plaza, justo al lado de  la imponente iglesia-colegiata de San Martín de Tours, la auténtica joya de este municipio, que impone desde fuera pero que sin duda, deja sin habla una vez se franquea su puerta: impresionan sus dimensiones y sobre todo, el retablo barroco en el que uno se perdería en los detalles. El patrocinio de su construcción se debe a Don Juan de Carvajal, uno de los mayores restauradores del Vaticano que se entusiasmó con este lugar. La iglesia, gótica, se edificó hacia 1440 y en su interior guarda por ejemplo, dos Zurbaranes que una vez intentaron llevarse, expolio que se impidió in extremis.

“Somos el pueblo más pequeño con catedral”, dice con orgullo Honorio Rico, quien fuera alcalde de la localidad hasta las últimas elecciones municipales. Rico nos cuenta que el despoblamiento del pueblo (“Ahora hay más gatos que personas”, bromea) empezó en los años cincuenta: “En 1940 vivían aquí entre 800 y 900 habitantes, hoy somos 128. Básicamente se vive de la ganadería pero la gran mayoría somos jubilados”, aclara.

Gatos hay muchos, damos fe y también cigüeñas, visibles todas ellas (y audibles), desde la plaza.

Rico nos cuenta la historia del pueblo en la bonita plaza porticada: se trata de un pueblo medieval de casas castellanas. Tuvo castillo (ahora en ruinas), muralla y sus empedradas callecitas, en las que parece haberse detenido el reloj, suelen lucir escudos heráldicos en muchos muros. Porque este pueblo es sin duda, un cruce de civilizaciones y atesora un importante pasado histórico: romano, visigodo y cristiano. “Este pueblo no es bonito, es bello”, diferencia Luciano Díaz-Castilla, pintor afamado y que cuenta con un conocimiento de lo más extenso sobre la localidad.

“Este pueblo fue residencia de verano de los obispos de Ávila”, cuenta el pintor. “Seguramente Juan de Carvajal está enterrado en esta iglesia. Yo defiendo que este pueblo es patrimonio inmaterial de la humanidad, por su valor histórico. El espíritu de las cosas existe aquí, está en sedimento”, añade.

Ese espíritu ha intentado reflejar en los numerosos cuadros que ha dedicado a Bonilla, que no es solo colegiata o plaza. También cuenta con el aljibe de Santa Bárbara: “El pueblo lo construyeron aquí porque había fuentes y porque no había una naturaleza salvaje alrededor”, matiza Rico.

El 11 de noviembre se celebra la fiesta de San Martín, sin duda la celebración vendrá a quebrar la quietud y tranquilidad que se respira en esta localidad, un lugar en el que, como afirma Díaz-Castilla, uno “puede percibir el espíritu de la historia”.

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