Que se impulsen ayudas públicas para facilitar la emancipación de los jóvenes es, sin matices, una buena noticia. Que la Generalitat de Cataluña destine recursos a apoyar la compra de vivienda habitual entre menores de 35 años es, en esencia, un paso positivo. Ahora bien, esta ayuda, que te permite financiar la entrada hasta el 20 % del importe de compraventa, con un límite de 50.000 euros, viene acompañada de una serie de condiciones poco visibles que pueden convertirla en una trampa: con esta ayuda no se puede acceder a pisos de más de 250.000 euros, no se permite vender con plusvalía (aunque reformes la vivienda), y si lo quieres alquilar, el precio será muy reducido. Todo esto puede hacer que la ayuda, más que una palanca de emancipación, acabe atando al comprador a una vivienda que no siempre encaja con su evolución personal o profesional.