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Cuándo y cómo se debe renunciar a una herencia para que Hacienda no te fría a impuestos

Autor: Redacción

Heredar sale caro. Por eso en los últimos años, se ha incrementado el número de contribuyentes que renuncia a la herencia, por no poder hacer frente a las deudas del causante, o por el alto coste fiscal que supone heredar los bienes que le corresponden. Sin embargo, el pagar o no impuestos dependerá de cómo y cuándo se renuncie. No vale hacerlo de cualquier forma.

“La fórmula en que se renuncie a la herencia, será clave para determinar su tributación, y la asunción o no de las obligaciones tributarias que se deriven de su llamamiento como heredero”, afirma Jose María Salcedo en el blog Ático Jurídico de Salcedo Abogados. Además, apunta que “independientemente de cuál sea la fecha en la que se renuncia a la herencia, los efectos de dicha renuncia se retrotraerán a la fecha de fallecimiento del causante”.

Hay dos son las situaciones básicas en las que puede encontrarse un potencial heredero ante Hacienda. Por un lado, es posible que la Agencia Tributaria lo declare sucesor del contribuyente, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 39 de la Ley General Tributaria, y le exija las obligaciones tributarias (excluidas las sanciones), que tenía pendientes el fallecido.

Por otro lado, el heredero puede encontrarse en una situación tal en la que, pagar el coste fiscal de heredar los bienes que le corresponden en la herencia, le deja en una situación económica muy precaria, viéndose obligado a malvender parte de los bienes heredados para poder pagar la factura fiscal que le exige Hacienda.

Fórmulas para no hacer frente a la herencia

Según asegura salcedo, la forma más simple de evitar un mal trago con Hacienda por culpa de una herencia es la renuncia pura y simple, situación conocida jurídicamente como ‘repudiación’ y que no implica la transmisión del derecho a suceder por parte del renunciante. En este caso heredarán los parientes del grado siguiente por su propio derecho, pero no porque se lo haya transmitido el renunciante.

De esta manera se entiende que el renunciante nunca ha adquirido los bienes, “por lo que no podrá considerársele sucesor ni será responsable de las obligaciones tributarias pendientes y tampoco tendrá que pagar el Impuesto de Sucesiones ni hacer frente a factura fiscal alguna”, explica el abogado.

Por otro lado, el heredero puede también renunciar a la herencia, pero en favor de otros. No se trata propiamente de una renuncia, sino de una cesión de derechos. Por ello, en este caso el renunciante tributará como si hubiera adquirido la herencia, y el beneficiario de la renuncia tributará como si hubiera recibido una donación. 

Cómo y cuándo hacerlo

Mientras que la aceptación de los bienes puede realizarse de forma tácita o expresa, la renuncia ha de realizarse en documento público. Esta es una cuestión clave para evitar pagar los impuestos de una herencia. A menudo puede surgir la tentación de no renunciar a la herencia de entrada, y esperar tranquilamente a ver si prescribe el pago del impuesto de sucesiones. Si llega una notificación de Hacienda, bastaría con formalizar la renuncia y enviársela a la Agencia Tributaria. 

Los efectos de la renuncia se retrotraen a la fecha de fallecimiento del causante, por lo que, sobre el papel, es posible realizarla en cualquier momento, incluso cuando Hacienda trata de derivar a un contribuyente las obligaciones tributarias o cuando se le está investigando por no haber presentado la declaración del Impuesto de Sucesiones.

Sin embargo, la aceptación a la herencia puede ser tácita. Esto supone que, como explica Jose María Salcedo, “si un contribuyente ha llevado a cabo actos de administración de los bienes integrantes de una herencia, tales como el cobro de arrendamientos, presentación de declaraciones, etc... será imposible que pueda oponer la renuncia a una herencia, porque con dichos actos demuestra que la ha aceptado tácitamente”.