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Aquellos grises arquitectos y sus deshumanizadas obras: 100 años de la revolución rusa

Foto: Matt Bateman / Flickr/Creative commons
Foto: Matt Bateman / Flickr/Creative commons
Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Centros industriales abandonados, megalópolis sin corazón, edificios gigantes hechos de cemento, complejos de viviendas parecidos a colmenas… La arquitectura soviética ha sido una mezcla de brutal megalomanía, planificación fría y falta respeto por los hábitats naturales.

Un siglo después del inicio de la Revolución Rusa, que dio lugar a uno de los regímenes más crueles de la historia, exponemos cómo concibieron los comunistas el hábitat humano: los ingenieros y arquitectos soviéticos pasarán a la historia por haber desarrollado unas colmenas que trataban al ser humano como una pieza más de un engranaje destinado a la producción en masa.

Este tipo de arquitectura floreció entre los años 50 y 70 del pasado siglo, y fue bautizada con el sobrenombre de brutalismo, porque usaba materiales en bruto como concreto (en francés, béton brut). Este es su rostro más feo. Fue una revolución que nos impuso la arquitectura más desangelada del mundo.