Información sobre vivienda y economía

La historia del hombre que compró un restaurante y encontró un valioso yacimiento arqueológico con fantasma

Autor: Annastella Palasciano

La idea de Luciano Faggiano era montar un trattoria. Con esa intención, su familia compró un edificio en el centro de la localidad italiana de Lecce. Sin embargo, el restaurante nunca llegó a abrir sus puertas. Durante los trabajos de acondicionamiento se descubrieron restos arqueológicos de la época de los mesapios, símbolos templarios y hasta un monasterio franciscano, todo supervisado por la inquietante presencia de un misterioso fantasma.

“Lo descubrimos por casualidad en 2001 mientras trabajábamos en la reparación de las cañerías de este inmueble que adquirimos en 1984 para abrir un restaurante”, explica a idealista news Luciano Faggiano, que ha reconvertido el edificio en un museo y que recuerda que “lo que debería haber sido una semana de trabajo, se ha convertido en siete años de excavaciones”.

 
Los trabajos arqueológicos han sacado a la luz la existencia de asentamientos Mesapios  que se remontan al siglo V antes de Cristo. De esa época es también una antigua tumba excavada en la roca y varias estatuillas de terracota encontradas en este inesperado yacimiento.

Esa es sólo una parte de los 2000 años de historia que cuenta esta casa-museo abierta al público gracias al esfuerzo, tanto físico como económico, Faggiano y su familia. “He pagado de mi bolsillo toda la excavación, para lo que he invertido alrededor de 300.000 euros”, asegura.

 
 

Además de asentamiento de los antiguos pueblos preitalianos, el edificio fue utilizado como granero en el año 1100 y como fábrica de espadas de la antigua orden de los Caballeros Templarios. 

“En las paredes hemos encontrado los restos de una antigua torre de vigilancia, y a través de la escalera a la primera planta se llega al lugar donde una vez estuvo la antigua iglesia de Santa María del Templo”, rememora el propietario de este tesoro arqueológico salpicado de símbolos templarios.

 

Además, según cuenta Faggiano, “alrededor del siglo XV el inmueble fue utilizado como convento franciscano y estaba conectada a la antigua iglesia de San Mateo”. De hecho, sobre la antigua puerta del convento, que se abría sobre la fachada norte del edificio, había una inscripción en latín que decía ‘si deus pro nobis, quis contra nos’ (si dios está con nosotros, ¿Quién en contra?), De la que aún hoy se conservan fragmentos.

En este periodo nació la costumbre de enterrar a los muertos en las iglesias o monasterios, como prueba la fosa común que se encontró a 13 metros bajo tierra y que “estaba conectada a una habitación donde los cuerpos se dejaban secar, antes de ser enterrados”.

Además, por si no fuera suficiente, a este inmueble no le falta ni siquiera un fantasma. Se trata de un misterioso monje encapuchado, que según cuenta serio Faggiano, ha sido avistado por al menos 50 visitantes, muchos de los cuales eran niños, sobre todo por la tarde “cuando hay pocos visitantes”.