Información sobre vivienda y economía

Por qué Río no será una 'smart city' tras las Olimpiadas por mucho dinero que se gaste

Fuente: dany13 / Flickr/Creative commons
Fuente: dany13 / Flickr/Creative commons
Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

A pesar de la gran inversión en tecnología que Río de Janeiro ha realizado en los últimos años para el Mundial de Fútbol de Brasil primero y para los Juegos Olímpicos después –2.600 millones de euros–, la ciudad está lejos de convertirse en una ‘smart city’. Todas las innovaciones implementadas no han contribuido a terminar con las desigualdades existentes en la urbe.

De hecho, las dos piezas clave construidas con motivo de estos grandes eventos, destinadas a ser el emblema de la transformación de Río en una ciudad inteligente, no cumplen las expectativas esperadas. El Centro Integrado de Comando y Control (CICC) y el Centro de Operaciones de Río (COR) acumulan fallos y se centran excesivamente en la seguridad.

El CICC es un centro de monitorización en el que se coordinan las distintas fuerzas policiales y militares del Estado, los bomberos o las ambulancias y desde el que se gestionan las llamadas de emergencia y las operaciones de seguridad. Este complejo cuenta con 98 pantallas LED y con 500 cámaras situadas en distintas partes de la ciudad para vigilar de forma permanente los puntos clave. Por su parte, el COR monitoriza la seguridad ciudadana, el tránsito y el clima con el objetivo de prever posibles altercados e incluso catástrofes naturales. 

Aunque hasta ahora habían recibido críticas positivas, un nuevo estudio publicado en la revista Journal of Urban Technology cuestiona el funcionamiento de estas instalaciones. Según la investigación, la tecnología de estos centros solo agrava las desigualdades de la urbe creando un “Río inteligente” y un “Río no tan inteligente” en función de la riqueza de los distintos vecindarios.

Fuente: dany13 / Flickr/Creative commons
Fuente: dany13 / Flickr/Creative commons

“Estamos hablando de una ciudad muy fragmentada y muy desigual en términos de concentración de recursos y de riqueza”, explica Christopher Gaffney, autor de la investigación junto a Cerianne Robertson. “El tránsito de los ciudadanos se monitoriza de forma muy amplia, pero se pone énfasis en los automóviles, algo que solo poseen los ricos. Es un sistema que tiende a reafirmar las desigualdades que ya existen”, concreta.

Los puntos negativos de los centros

Entre otros asuntos, la investigación critica la supuesta monitorización de desastres. Una de las funciones del COR es emplear sirenas para alertar a los ciudadanos de potenciales avalanchas de barro e inundaciones. Sin embargo, según Gaffney, los problemas entre el Gobierno y la empresa de seguridad que gestiona las alarmas provocan que las sirenas se encuentran actualmente mudas.

El estudio también censura la gestión de los datos recolectados por el CICC y el COR. En el caso del primero, la información recogida se borra después de noventa días. Además, en ambos centros el volumen y la forma en la que se procesan los datos no están claros. Gaffney recuerda que tener más datos no es necesariamente positivo. Lo importante, concreta el especialista en urbanismo, es la forma en la que se emplean y qué nuevas políticas se desarrollan a partir de ellos.

La investigación también señala que la monitorización relativa a la seguridad es deficiente, ya que solo se controlan determinadas zonas de la urbe. Además, los sistemas están siendo empleados para terminar con manifestaciones y han sido diseñados para que las protestas que puedan tener lugar durante los Juegos sean atajadas de forma rápida.

Fuente: Sebástian Freire / Flickr/Creative commons
Fuente: Sebástian Freire / Flickr/Creative commons

“Esto solo aumenta la naturaleza retorcida de las confrontaciones entre la policía y los manifestantes. Si tienes 400 cámaras cerca de un estadio, la Policía puede interrumpir a los que protestan, cortar su señal móvil e incluso cortar las calles, mientras los oficiales se comunican por radio”, explica Gaffney

Según los autores, y siguiendo la definición de ciudad inteligente que aboga por que este tipo de urbes tienen que “mejorar los debates democráticos sobre el tipo de ciudad en la que los ciudadanos quieren vivir”, Río se alejaría del concepto de ‘smart city’.

Aunque todavía se puede reformular el uso de los sistemas, por el momento, la tecnología de la urbe brasileña no se está utilizando para solucionar los problemas de desigualdad, pobreza, mal gobierno y urbanismo. Por ello, y aunque se han mejorado el tiempo de respuesta ante una emergencia, la monitorización del tráfico y la coordinación de ciertas actividades, la mayor parte de la implantación tecnológica no ha contribuido a que Río se convierta en una ciudad inteligente y democrática, ya que los avances se han concentrado en las áreas más pudientes, ignorando a un estrato de la población.

“Los intereses económicos y políticos que dirigen la agenda de planificación urbana de Río impiden un uso efectivo de las tecnologías ‘smart’, que deberían favorecer la toma de decisiones a largo plazo”, defienden los autores del estudio.

Fuente: Ramon Llorensi / Flickr/Creative commons
Fuente: Ramon Llorensi / Flickr/Creative commons

“Sugerimos que el paradigma de ciudad inteligente no es capaz de abordar las apremiantes necesidades de ciudades con deficiencias crónicas en su infraestructura urbana y con una ausencia de instituciones civiles y sociales robustas”, añaden los investigadores.

Según el estudio, derivados de ‘ciudad inteligente’, como en el caso de Río, continuarán proliferando conforme las compañías tecnológicas ofrecen nuevas soluciones para la gestión urbana. Sin embargo, aunque la tecnología continúe su avance, el adjetivo ‘inteligente’ asociado a las urbes que implementan las innovaciones deberá tratarse con cuidado.