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Julia Borzucka quería ser violinista, pero una lesión en la mano truncó su sueño. Cambió la música por la pintura y el resultado es, cuanto menos, sorprendente. Un concepto diferente de arte urbano. Borzucka usa imágenes de lugares turísticos como lienzo para pintar sobre ellas escenas divertidas e insólitas. En sus obras, el  Golden Gate de San Francisco se convierte en una red de voleibol, el lago de Central Park de Nueva York es en el hogar de un tiburón o el London Eye londinense se transforma en la rueda de un hámster.

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