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Refugios de la Guerra Fría: cuando los búnkeres eran 'minipisos' subterráneos

Museo Nacional de la Historia Americana
Museo Nacional de la Historia Americana
Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

Aunque resulte sorprendente, los pequeños pisos en los que vivimos hoy en día no son mucho más amplios que los curiosos búnkeres que se pusieron de moda en Estados Unidos durante la Guerra Fría. Por aquel entonces, el Gobierno estadounidense promovió la creación de refugios subterráneos para que los ciudadanos se resguardaran de los soviéticos.  Eso sí, las familias intentaban convertir estos habitáculos de pocos metros cuadrados en acogedores espacios para pasar el tiempo necesario si se producía un ataque nuclear.

La idea sigue triunfando hoy entre los millonarios: las estrellas de Hollywood y hasta el mismísimo Bill Gates se han construido búnkeres de lujo para salvaguardarse ante el posible fin del mundo con boleras, invernaderos, saunas y hasta ‘jacuzzis’. Para el resto de los mortales, los austeros búnkeres de la Guerra Fría son los que nos recuerdan a nuestros pequeños pisos.

Agencia Federal de Emergencias /Archivo nacional y administración de registros de EEUU
Agencia Federal de Emergencias /Archivo nacional y administración de registros de EEUU

Un manual para hacer tú mismo el búnker

En 1961, el Departamento de Defensa de Estados Unidos distribuyó todo tipo de manuales para mostrar cómo integrar la guarida subterránea en el jardín de la vivienda habitual. En estos folletos se daban recomendaciones sobre su ubicación idónea, los materiales necesarios e incluso los pasos que se debían seguir para construir uno.

“La protección se proporciona en un refugio de hormigón exterior. El techo del refugio se puede utilizar como un atractivo patio”, se leía entre sus páginas, que aconsejaban construir los búnkeres lo más cerca posible de casa. En otros panfletos, aparecían incluso las medidas detalladas que debía tener el espacio para acoger a una familia.

Los arquitectos llegaron a trabajar conjuntamente con las autoridades para construir estos refugios, según ha recogido el profesor de arquitectura David Monteyne en Búnkeres: el diseño para la defensa civil en la Guerra Fría. En ese libro, el autor demuestra ese trabajo arquitectónico con una gran cantidad de imágenes y planos de esos refugios, que volvieron a llevarse después del 11S en Estados Unidos.

Life
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Una familia con un refugio de acero 

Las sugerencias del Gobierno hicieron que la familia Murland, al igual que muchos otros estadounidenses, se hiciera con su propio refugio. En este caso, fue el modelo Anderson, un búnker de acero con doble casco muy popular en la época, que instalaron en el patio de su casa de Fort Wayne, en Indiana.

Estos búnkeres, denominados coloquialmente Los Andersons, eran distribuidos por J.L. Haverstock, un agente  inmobiliario que comenzó en el negocio de los refugios a principios de 1955 después de leer un artículo promocional en la revista Life. Tras su instalación, la familia lo equipó con todo lo necesario para vivir: camas, mantas, comida, libros, productos de aseo… Al fin y al cabo, su superficie era de unos 22 metros cuadrados.

Archivo nacional de la agencia de defensa civil de EEUU
Archivo nacional de la agencia de defensa civil de EEUU

Este refugio familiar, donado al Museo Nacional de Historia estadounidense, es una representación del temor que se propagó en la potencia norteamericana ante un posible ataque de la URSS.

Era la época en que la carrera armamentística entre ambos bandos estaba en su punto más álgido. Un terror que se instaló en la sociedad estadounidense desde que los soviéticos se hicieron con la bomba de hidrógeno en 1953, y que duró hasta pasada la crisis de misiles de Cuba en 1962 que a punto estuvo de desatar una guerra nuclear.

Durante este periodo de la Guerra Fría, también se organizaban ferias de exposición de refugios bajo tierra donde los ciudadanos podían ver cómo eran por dentro estos búnkeres que ansiaban instalar en sus propiedades para sentirse más seguros.

Agencia Federal de Emergencias /Archivo nacional y administración de registros de EEUU
Agencia Federal de Emergencias /Archivo nacional y administración de registros de EEUU

Búnkeres de todas las formas y materiales

En los años 50 y 60, aparecieron diversos tipos de búnkeres según las necesidades y el poder adquisitivo de cada familia. Algunos eran bastante rudimentarios, semejantes a una gran tubería con algunos conductos de ventilación. Su precio era de unos 150 dólares (poco más de 1.000 euros teniendo en cuenta la inflación) y podían acoger a una familia de pocos miembros sentada en línea recta.

Archivo Nacional de EEUU en Boston
Archivo Nacional de EEUU en Boston

Para aquellos que no tenían los medios ni los recursos para construir un búnker, el Departamento de Defensa de Estados Unidos recomendó simplemente un refugio cubierto por la arena. Así, una caja de madera con suficiente tierra alrededor podía convertirse en un refugio resistente (si estaba bien construido), aunque no demasiado acogedor.

Departamento de Defensa de EEUU / Mike Haeg / Flickr
Departamento de Defensa de EEUU / Mike Haeg / Flickr

Otros ya contaban con mejores prestaciones y en ellos los miembros de las familias se podían mover con mayor libertad y hacer vida normal. Uno de los mejores era el Kidde Kokoon, un refugio subterráneo fabricado por los laboratorios Walter Kidde Nuclear que costaba alrededor de los 3.000 dólares (25.000 euros actuales teniendo en cuenta la inflación).

Mike Haeg / Flickr
Mike Haeg / Flickr

Algunos podían ser incluso construidos o instalados sobre el terreno para aquellas familias que sintieran pavor al pensar en vivir en una guarida bajo tierra. El único requisito que debían tener era una doble pared que garantizara la seguridad de sus habitantes. Incluso se diseñaron soluciones para utilizar el coche como refugio y olvidarse de realizar construcciones más costosas.

Agencia de Defensa Civil de EEUU / Wikipedia
Agencia de Defensa Civil de EEUU / Wikipedia

Hoy, los refugios siguen siendo un buen negocio. Al fin y al cabo, más allá de protegernos de ataques y las bombas, también pueden utilizarse en caso de apagones eléctricos o catástrofes naturales como inundaciones, tornados o tifones. 

Por ejemplo, la empresa Atlas Shelters ya ha instalado cientos de refugios en forma de cilindro en todo el mundo. Mientras tanto, los más pudientes pueden decantarse por un búnker mucho más lujoso de lo que llegará a ser nunca tu hogar. Eso sí, al menos puedes consolarte pensando que tu piso, por pequeño que sea, no está bajo tierra como esas pequeñas casas preparadas para todo tipo de peligros que se pusieron de moda en Estados Unidos durante la Guerra Fría.