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Una factura mal hecha permite a una pareja comprar por poco dinero una calle de millonarios

Autor: @Jairo Mejía

Una pareja estadounidense ha comprado en una subasta pública, por el irrisorio precio de 90.000 dólares, la calle privada en la que desembocan algunas de las mansiones más exclusivas de la ciudad de San Francisco (California) [la calle circular que puedes ver en la foto] . En el competitivo mercado inmobiliario de San Francisco, uno de los más calientes del mundo, Tina Lam y Michael Cheng han encontrado una oportunidad que ha pillado desprevenidos a los vecinos de Presidio Terrace, una calle ovalada privada que gestionaban desde 1905.

La oportunidad surgió en abril de 2015 cuando en una subasta pública el ayuntamiento de San Francisco puso a la venta la calle Presidio Terrace para recuperar los 994 dólares en impuestos no pagados por la asociación de vecinos de un barrio en el que el precio medio de una vivienda es de 5,1 millones de dólares. Los multimillonarios vecinos de Presidio Terrace se habían olvidado de depositar los 14 dólares anuales en las arcas de la ciudad por un error administrativo -la gestoría cambió de dirección y las facturas dejaron de llegar en los 80- y ahora han perdido el control de su calle, una elipse privada que conecta 35 mansiones.

La jugada de Lam y Cheng, que descubrieron la ganga a unas discretas subastas públicas y desde 2015 han estado explorando en secreto opciones de arrendamiento, ha servido de traviesa satisfacción para una gran parte de los residentes de San Francisco, que ven como los altos ingresos de los gurús de Silicon Valley ha disparado el coste de vida de una ciudad que muchos se ven obligados a abandonar por alternativas más asequibles.

curbed.com
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La asociación de vecinos de Presidio Terrace ha interpuesto una demanda con la intención de que la ciudad de San Francisco revoque la venta de la lengua de asfalto, acepte la restitución de los impuestos devengados y les permita mantener su calle bajo su gestión.

Argumentan que el ayuntamiento no se tomó las molestias adecuadas para informar a la asociación de que había una subasta pendiente en su calle, algo que las autoridades aseguran que la ley no les obliga.

Lam y Cheng ha contratacado prometiendo resistir judicialmente los planes de los vecinos de Presidio Terrace y adelantado que los planes de explotación de su flamante propiedad incluyen cobrar una tasa de aparcamiento a aquellos que estacionen en Presidio Terrace, incluidos miembros del público que hasta ahora no tenían permitido el acceso.

Para Cheng, un taiwanés que trabaja como ingeniero en Silicon Valley, el asunto se parece cada vez más a un giro con justicia poética, sobre todo tras descubrir que hasta 1948 las propiedades de Presidio Terrace solo podían ser adquiridas por blancos.