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El desastre mundial que viene: el volcán Kilauea podría repetir la gran explosión de 1815

Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Hace 200 años, el volcán indonesio Tambora explotó y lanzó al aire una densa columna de humo. La gigantesca nube de cenizas recorrió el planeta durante muchos meses causando estragos sin fin. El año de 1816 una capa de neblina rojiza cubrió el hemisferio norte, y se conoció como “el año sin verano”. ¿Sucederá lo mismo con el Kilauea?

Foto: Pinterest
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Los informativos de todo el mundo no le quitan el ojo al volcán Kilauea, en la isla de Hawái. Las imágenes muestran una destrucción monumental causada por ríos de lava, que recorren la isla como masas de plastilina incandescente. Miles de habitantes desplazados, y ríos de lava que devoran coches, casas y carreteras. Unos daños materiales y económicos que son complicados de calcular pues la lava seca forma un lecho de piedra volcánica difícil de eliminar.

Todavía no estamos en la peor fase: la gran explosión del volcán. Muchos ya esperan ese momento.

Ese momento ya sucedió con otro volcán cerca de allí, en el archipiélago indonesio, en la isla de Sumbawa. Fue en 1815. El monte Tambora había estado sin actividad durante siglos, pero en su interior se estaba formando una olla a presión que estalló el 5 de abril de ese año. La explosión se pudo escuchar a 2.600 kilómetros de distancia.

El monte Tambora se convirtió en una inmensa masa de fuego. Lanzaba lluvias de piedras incandescentes mientras ríos piroclásticos bajaban por la ladera y barrían la villa de Tambora. El Índice de Explosividad Volcánica que mide la actividad de 0 a 8, lo calificó como uno de los mayores de la historia: un 7, es decir, súpercolosal. Solo ha sido superado por erupciones volcánicas sucedidas hace más de 25.000 años que se clasifican como 8.

Se estima que la explosión expulsó 41 kilómetros cúbicos de lava, lo cual supone un peso de 10.000 millones de toneladas. Eso es el equivalente a 1.000 veces más que todo el hormigón que se usó para construir las nuevas esclusas del canal de Panamá, o 1.000 veces la pirámide de Keops. Toda la vegetación de la isla quedó devastada. La altura de la montaña pasó de 4.300 metros a 2.800 metros. Había perdido más de un tercio.

Más de 10.000 personas murieron directamente a causa de las emanaciones y la lava. Entre 60.000 y 80.000 fallecieron por hambre y por enfermedades causadas por epidemias.

Las nubes de lava comenzaron a elevarse durante los siguientes días a una altura de 43 kilómetros y fue ahí cuando comenzó lo peor. Aunque las cenizas llegaron a caer directamente hasta una distancia de 1.400 kilómetros, las micropartículas comenzaron a viajar por el globo, guiadas por las corrientes estratosféricas. La parte curiosa era que las puestas de sol en Europa eran de color naranja-rojizo, cosa que sirvió al pintor británico Turner para dar ese aire romántico a sus óleos.

Foto: Pinterest
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La parte dramática es que esa capa de micropartículas impidió la generación de buenas cosechas. El volcán había lanzado al aire miles de toneladas de dióxido sulfúrico que producían lo contrario al efecto invernadero: bloquean los rayos de sol y enfrían la Tierra.

La temperatura media del hemisferio norte bajó medio grado, lo cual causó indirectamente la muerte de 80.000 personas. Se produjeron fenómenos extraños. En pleno junio, las heladas aparecieron en muchos estados de EEUU. En ese mismo mes de verano se registraron nevadas en Canadá y EEUU. Muchas cosechas se arruinaron debido a las bajas temperaturas, inusuales para esa época del año. La ruina agrícola en Gran Bretaña lanzó a muchas familias a la calle a pedir comida y limosna.

En el centro de Europa se registraron un 80% más de lluvias que la media, y las nevadas en las cordilleras fueron superiores a lo normal. La temperatura del Mar Báltico, Mar del Norte y del Mediterráneo fueron extraordinariamente bajas.

Se consideró que 1816 fue el año más frío en el hemisferio norte desde el siglo XV. En los tres años siguientes se registraron epidemias de tifus en el sur de Europa, y de cólera en India.

Los científicos aún siguen estudiando el estallido del volcán Tambora. Ni siquiera el Pinatubo, en Filipinas, en 1991, le superó en volumen de estragos, daños materiales y de muertes. La pregunta que se hacen muchos ahora es, ¿le tocará el turno al Kilauea?