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Cuenta atrás para cerrar un acuerdo sobre el Brexit: qué pasará si no hay un punto común

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Autor: Redacción

La salida de Reino Unido de la Unión Europea se hará efectiva el próximo 29 de marzo, pero los negociadores de Londres y Bruselas están trabajando a contrarreloj para tener listo un preacuerdo para la cumbre europea que se celebra en octubre y dar margen suficiente para que las partes ratifiquen o rechacen lo pactado.

Mientras llega esa fecha, el Gobierno liderado por Theresa May sigue buscando acuerdos de libre comercio con otros países fuera de Europa, por si la hoja de ruta que diseñó antes de activar oficialmente el proceso no se acaba cumpliendo.

Pasaron algo más de nueve meses entre la victoria del Brexit vía referéndum (junio de 2016) y la activación por parte de Reino Unido del Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea (29 de marzo de 2017), que dicta un plazo de dos años exactos para formalizar la salida. Así, el país dejará de pertenecer a la Unión Europea a partir del próximo 29 de marzo.

Para que se produzca una salida ordenada, los negociadores de Londres y Bruselas deben alcanzar un acuerdo, que debe contar con el beneplácito de los legisladores británicos y la mayoría de los socios comunitarios. Si los legisladores o más de siete países de la UE rechazan la propuesta, el futuro será incierto.

El propio Gobierno británico no descarta que se produzca este escenario y está alertando a ciudadanos y empresas de las implicaciones que tendría el fracaso de las negociaciones. De hecho, ha colgado en su web varios documentos explicativos y en los últimos días se han sucedido los mensajes de la primera ministra en los que asegura que un Brexit sin acuerdo “no sería el fin del mundo”.

En general, los principales afectados serían el comercio, las inversiones y las personas. Marañas burocráticas, retrasos en las fronteras, caos en los flujos de caja, un encarecimiento y ralentización de las transacciones financieras y los problemas para que los extranjeros se puedan quedar en el país son algunas de las consecuencias que destaca la agencia Reuters. Resumimos algunas de las más importantes:

Comercio: retrasos, aranceles e impuestos

Actualmente la UE es el socio comercial más importante de Londres, por lo que un Brexit desordenado tendría implicaciones para las exportaciones e importaciones de bienes y servicios. Por ejemplo, las empresas británicas que tengan proveedores del resto de la UE podrían sufrir retrasos en la cadena de suministros.

Además, y en el caso de que no se cierre un acuerdo comercial preferente, las empresas se verían obligadas a pagar aranceles al no poder aplicarse ya la máxima de libre circulación de mercancías, sin olvidar que podrían producirse retrasos en las aduanas. También podría haber cambios en el IVA vinculado a las importaciones, que podría exigirse por adelantado.

Inversiones: transacciones más caras y cuentas en peligro

En lo que se refiere a las inversiones, y a pesar de que Londres es el mercado financiero más importante del Viejo Continente, también podría verse salpicado por la falta de acuerdo sobre el Brexit. ¿Cómo? La salida británica del engranaje comunitario supondrá que el país abandone el conocido Espacio Económico Europeo, que funciona como un pasaporte para las finanzas, y se tendrían que pedir permisos regulatorios especiales.

El hecho de perder esa libertad de circulación de capitales podría encarecer el coste de las transacciones, así como sufrir retrasos en el proceso de ejecución de las mismas.

Por otro lado, los británicos que viven en otros países de la UE (más de un millón) podrían ver restringido el acceso a sus cuentas bancarias, lo que dificultaría el cobro de pensiones o salarios. Además, deberían pagar elevadas comisiones al pagar con tarjeta en cualquier estado miembro. 

Personas: llegan el permiso de trabajo y el estatus de inmigrante 

También tiene implicación para las personas, ya sean británicas o extranjeras. Por ejemplo, hoy en día un británico no se necesita un permiso de trabajo para poder tener un empleo en cualquier país de la UE o Suiza, mientras que tras el Brexit será necesario contar con una oferta de trabajo en firme y un visado.

En el caso de los europeos que viven en Reino Unido, no cambiará nada hasta el 31 de diciembre de 2020. A partir de entonces, sin embargo, deberán solicitar el estatus de inmigración en un plazo inferior a un año y medio para poder vivir allí de forma legal. Se trata de un mero trámite para los que lleven en el país al menos cinco años. En el caso de que lleven menos tiempo en el país o de que tenga antecedentes penales o de fraude, la obtención del estatus será más complicada.