Información sobre vivienda y economía

Un pabellón de madera que alberga actividades culturales en este magnífico parque de Polonia

Wiercinski
Wiercinski
Autor: Vicent Selva (colaborador de idealista news)

El espacio público puede ser usado de muchas formas muy diferentes. En algunos lugares, por ejemplo, hay zonas destinadas a dar cabida al tráfico rodado; en ocasiones, se utiliza para exponer obras de artes; otras, en cambio, está ocupado por terrazas de bares y cafeterías; y en otras tantas, su principal función es de la de servir de punto de encuentro para actividades e iniciativas ciudadanas.

Cómo se usa este tipo de espacios es importante, porque es uno de los elementos básicos que configuran las ciudades. “Es el lugar común de la ciudad, de todos los ciudadanos y ciudadanas. El espacio público define las esencias de una ciudad, su carácter o si se prefiere, su alma. También, es en el espacio público en donde se ‘teje’ ciudad, pues se va configurando la cultura de esa comunidad (...). El espacio público lo conforman todos los lugares de encuentro, en los que se establece una forma de relación ciudadana y en los que se va configurando la cultura propia de esa comunidad. El espacio público crea ciudad, la cohesiona y, a la vez, redefine continuamente la esencia de la misma”, afirma Domenico di Siena.

Con estas palabras, parece que no hay duda de la importancia del espacio público en las ciudades y pueblos, y de lo que necesario que es promoverlos y cuidarlos. Y esto es, precisamente, lo que quisieron hacer los vecinos de un barrio de la ciudad de Poznan (Polonia). El lugar elegido fue el Jardín Szelag, un bonito parque que, desde hace años, los vecinos pedían que se habilitase como zona de ocio, reunión y descanso. Y, al parecer, su propuesta ha tenido una buena materialización.

El jardín destaca por algunos elementos: las amplias zonas verdes, la playa creada junto al río y el pabellón cultural. Este último, construido con el objetivo de servir de sede de todo tipo de actividades sociales y culturales.

Las autoridades locales encargaron el diseño del edificio al estudio Wiercinski, con la directriz de crear un centro comunitario local, con jardines públicos y un lugar de descanso, en la parcela previamente abandonada. El pabellón está ubicado en la entrada de la parcela de 2.800 m2, que está rodeado por amplios jardines con zonas en las que los vecinos puede cultivar sus propios productos y espacios para desarrollar todo tipo de clases y talleres.

El pabellón cultural destaca, en primer lugar, por su color, ya que el material dominante es la madera negra. Su forma es muy sencilla y está equipado para su uso durante todo el año. Además, al situarse en el punto más alto del parque, ofrece unas maravillosas vistas del entorno, para observar tanto la naturaleza como el río lo rodea.

El pabellón se construyó con una estructura de madera clara y se colocó sobre 19 columnas de hormigón, para salva la inclinación del terreno. De esta forma, no solo se logra mantener el nivel del piso al nivel del suelo del camino de entrada, sino que también proporciona un acceso adecuado para las personas con movilidad reducida. La dirección y la forma del techo son el resultado de una construcción simple y económica y se abre con una fachada sureste hacia el río. el agua de lluvia del techo se drena al barril y se usa para regar el jardín.

Parte del edificio se cortó para crear una zona de entrada cubierta y un pasaje a la terraza. Esta solución aprovecha el espacio de la terraza, accesible para usuarios de sillas de ruedas, incluso cuando el pabellón está cerrado. En la pared que cierra el pasillo a la terraza se abrió un gran ventanal desde el que se puede observar gran parte del, que enmarca la vista del parque.

Todas las ventanas están orientadas hacia el parque, el río, el cielo y los jardines, y además dejan entrar la cantidad adecuada de luz solar utilizando tamaños de ventana económicos. La composición de ventana aparentemente aleatoria, con diferentes tamaños y colores de marcos de ventanas, se refiere a la arquitectura del cenador del jardín.

El edificio está terminado con tableros de alerce de color negro. Una simple balaustrada de acero que combina de forma armoniosa con el color de otros objetos de acero en la parcela. El área funcional del edificio, con una superficie de 60 m2, incluye una sala multifuncional para fines culturales y educativos, baño y sala social. La oscura y pequeña cabaña cultural se mezcla con la naturaleza, proporcionando un espacio de aprendizaje y descanso para la comunidad.

No cabe duda de que los residentes de este barrio de Poznan han ganado un espacio muy interesante, que, seguro, les servirá para dotarlo de mayor dinamismo.