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La leyenda del Equitable Building, el primer gran rascacielos de oficinas de Nueva York

Anax44 / Flickr/Creative commons
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Autor: Redacción

El Equitable Building no es un rascacielos tan famoso como el Edificio Chrysler, el Empire State Building o las famosas Torres Gemelas. Pero fue clave en los cambios de la ciudad de Nueva York. Por ahí han pasado algunas de las empresas más importantes del país. Ahora celebra sus 150 años con un lavado de cara, pero lleno de leyendas, portadas de periódicos y más de un incidente.

El Equitable Building se terminó en 1870 con solo ocho plantas de altura en el número 120 de Broadway. Obviamente no fue un hito para la época por su altura, sino por ser considerado el primer edificio de oficinas del mundo con ascensores para los empleados. The New York Sun lo tituló allá por el siglo XIX “las vistas más emocionantes, maravillosas e instructivas de nuestro continente”.

Las plantas más selectas se alquilaron a banqueros y abogados. Construido en granito, ladrillo y hierro, el Equitable se consideró tan indestructible que su propietario, Equitable Life Assurance Society decidió no contratar un seguro contra incendios. Pero, pena para los soberbios. En una excepcionalmente gélida mañana de enero de 1912, un incendio en la cocina destruyó el edificio por completo. La arrogancia fue eclipsada solo por el hundimiento del Titanic tres meses después.

Después de la ruida de la sociedad, lograron vender los terrenos a la familia Du Pont por 14 millones de dólares de la época. El nuevo Equitable Building, contaba con 38 plantas en forma de H y espacio suficiente para 15.000 trabajadores. Se convirtió en el edificio de oficinas más grande del mundo por tamaño.

Thomas Hawk / Flickr/Creative commons
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Pero las protestas por sus gigantescas proporciones llevaron a la ciudad de Nueva York a promover la primera ley de zonificación de EEUU, que sirvió para establecer cómo se construía en la ciudad y que los rascacielos no dejan a otros inmuebles totalmente a oscuras.

 Entre sus inquilinos incluirían a General Electric, Goodyear, Barclays, varias empresas de ferrocarriles y hasta la oficina del fiscal general del Estado. El edificio mantuvo sus propios departamentos de bomberos y policía y hasta una central eléctrica de carbón.

En 1928, justo antes del crack del 29, el edifico era la propiedad más valiosa de la ciudad con 31 millones de dólares. Estaba conectado con más líneas telefónicas que toda Grecia, y en los tres pisos superiores, el opulento Bankers Club reclamó el título de club privado más grande del mundo.

Por su puertas han pasado al banquero Otto Kahn, los mandatarios Winston Churchill, , Charles de Gaulle, Nikita Khrushchev o la reina Isabel II. Sus propietarios actuales, Silverstein Properties, completaron una renovación en 2019 de 50 millones de dólares, unos 42 millones de euros en las que se mantuvieron las rejas de bronce centenarias en los ascensores.