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Las ocho plagas de las juntas de vecinos (empezando por los puñetazos)

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Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Que levante la mano quien no haya ido nunca a una junta de vecinos. Es el laboratorio de la convivencia ciudadana (y de democracia) más cercano a cualquier familia. Según la ley, los vecinos se deben aprobar acuerdos y cuentas, y nombrar una junta directiva con su respectivo administrador. Todo muy bonito y democrático… hasta que tiene lugar una junta de vecinos.

Entonces sobresalen las plagas. Hemos escogido las más habituales:

1.- Los insultos. ¿Diálogo? ¿Debate? ¿Talante? Eso debe ser en otro país porque en España, las juntas de vecinos se transforman en una guerra de insultos, incluso en peleas a puñetazos al grito de ‘tú a mí no me gritas’. Cuando Fernando Díaz-Plaja escribió ‘El español, y los siete pecados capitales’, dedicó un buen capítulo a la ira: no se equivocó.

2.- La eterna lista de morosos. Es un tema habitual que nunca se resuelve. En cada reunión corre de mano en mano una lista de morosos: ahí está Manolo el del quinto ‘A’, que debe ya diez mensualidades; o francisca, la del noveno ‘B’, a la que le estamos pagando entre todos la recogida de basura y el agua caliente porque nunca ha abonado su cuota a la comunidad. 

3.- El ‘desorden’ del día. Resulta que el tema más importante, las derramas de los últimos seis meses, no se ha incluido en el orden del día. De modo que los vecinos acaban la reunión sin haber resuelto su mayor queja porque alguien no verificó el orden del día.

4.- Nadie quiere ser de la junta. Todos se echan encima de la junta directiva por inoperante: son unos inútiles, no dan un palo al agua, mirad cómo están las escaleras… pero cuando se piden voluntarios para nombrar la próxima junta, nadie se pringa. Entonces, se vuelve a votar a los de siempre… que son unos inútiles, como todo el mundo sabe.

5.- El administrador sospechoso. ¿Los administradores? Unos mangantes. Los vecinos piensan que las cuentas nunca están claras, y cuando uno de ellos se aparece por el despacho del administrador para que les explique las cuentas, la secretaria dice que se acaba de ir.

6.- Las derramas infinitas. Una derrama, y otra, y otra… ¿Es que no vamos a parar nunca de pagar? Una vez fue por las goteras; otra vez para acondicionar las escaleras con rampas para los mayores. Sales de la junta de vecinos con la sensación de haber estado con el ministro de hacienda.

7.- Críticas al portero. Suerte que no está en la junta para escuchar lo que se dice de él, porque salvo terrorista, le achacan de todos los males: el jardín descuidado, que si se cuela gente, que si llega tarde, que si gana mucho, que si no limpia bien los cubos…

8.- El vecino fastidioso. Le suelen señalar calladamente en las juntas, pero siempre hay un vecino que se gana la fama de fastidioso. ¿Por qué? Porque pide cuentas a la junta, porque deja cartas de queja en los buzones, porque hace reuniones al margen, porque pide firmas para su causa… en realidad, es un santo.

En resumen, los vecinos van a las juntas pensando que todos los demás son culpables.  ¿De qué? Ya se verá. Y por eso acaban en peleas. Más o menos una España en pequeñito.