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Nueve olvidos imperdonables que cometemos al comprar un piso sobre plano

Gtres
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Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Ahora que se está reactivando la compra de pisos, también se reactivan nuestros errores en la compra sobre plano. Cuando firmamos el plano antes de acometer la compra, estamos aceptando algo que por un olvido imperdonable podemos lamentar después. No hay vuelta atrás. He aquí nueve errores (fáciles de corregir) que cometemos cuando compramos sobre plano.

El arquitecto. Hay compradores que no se reúnen con el arquitecto pensando que las obras son inamovibles. Es el mayor error. Vamos a ser propietarios de una vivienda y a gastarnos un montón de dinero, de modo que ¿Es que no podemos hacer cambios? Por supuesto, pero hasta cierto punto. Debemos ser conscientes que podemos consultar al arquitecto de la promotora todas nuestras dudas, y proponer cambios. Que no se nos olvide mostrar el plano original a un amigo arquitecto (si lo tenemos) para que nos aconseje.

Los cambios del arquitecto. Cuidado, el plano que nos enseñaron al principio en la promotora no tiene que ser el mismo plano de la obra final. Muchas obras sufren cambios más o menos acusados de diseño desde que los pisos se ponen en venta (antes de la construcción) hasta que el arquitecto la tiene que registrar en el colegio de arquitectos. Pueden ser cambios en los balcones, o nuevas disposiciones de las columnas que modifican los baños. Hay que verificar esos cambios, y estar de acuerdo con ellos antes de firmar el plano definitivo.

No contar con los despistes. El error más común consiste en que los propietarios realizan cambios en el plano inicial, pensando que el arquitecto los va a incluir con toda seguridad. A veces, los arquitectos tienen despistes (se olvidan), y nosotros también por no comprobarlos. Por no percibir ese detalle, nos descubriremos el día del estreno que un balcón es más pequeño de lo proyectado, o que el salón central no ha sido ampliado.

No contar con la temperatura. Hay propietarios que desean más luz, y piden al arquitecto que  amplíe las ventanas a costa de perder ladrillo. Eso convierte a los pisos en más luminosos, pero cuando llega el invierno, los propietarios descubren que tienen que gastarse más en calefacción. Por mucho ‘climalite’ y doble cristal, las ventanas son un coladero de frío.

La plaza de garaje. Si nos dan la oportunidad de escoger el garaje hay que calcular la facilidad de maniobra del coche, teniendo en cuenta el tamaño del mismo. No es lo mismo un cuatro por cuatro que un mini. Un error común es no darse cuenta de ese detalle y escoger una plaza donde hay que maniobrar demasiado para aparcar. 

La regla mágica. Los arquitectos emplean una regla en forma de estrella que contiene varias escalas: se llama escalímetro. Les sirve para saber a cuántos metros reales equivalen los milímetros diseñados en el plano. Hay propietarios que no toman la precaución de comprar esta escala para hacer sus propias verificaciones, y tampoco preguntan al arquitecto por la escala en la que está proyectado el piso. Cuando entran un día a su casa, se dan cuenta de que no tiene las dimensiones que se imaginaron.

Zonas de oscuridad. El plano debería indicar la orientación del piso (dónde está el norte) de modo que podamos conocer por dónde entra la luz solar y cuánto tiempo. Hay propietarios que no se toman el tiempo necesario en esta tarea y al final descubren que su piso es más oscuro de lo pensado. Hay que preguntar al arquitecto por las horas de luz en invierno y en verano, teniendo en cuenta sobre plano por dónde entra y sale el sol, y comprobar además, si se van a construir edificios alrededor que puedan quitarnos el sol. 

Los enchufes. A lo mejor somos personas obsesionadas con tener televisores y electrodomésticos por doquier, pero no le hemos dicho al arquitecto que incluya en el plano más entradas y salidas eléctricas, así como más tomas de antena. Eso se hace sobre plano antes de que sea aprobado y no cuesta nada. 

Los baños completos. En plano se pueden cambiar los baños, un sitio donde vamos a pasar muchas horas de nuestra vida. Hay gente que se olvida de hacerse las preguntas adecuadas: ¿Está la alcachofa de la ducha a la altura adecuada? Si alguien de la familia es muy alto, acabará pegando la cabeza con la alcachofa. ¿Tiene bidé o lo han eliminado? ¿Preferimos ducha o bañera?