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Alejandro Aravena: “Un arquitecto debe encontrar la forma para mejorar la vida de las personas”

Autores: Annastela Palasciano, marco todarello (colaborador de idealista news), @luis manzano

2016 está siendo sin duda un año de cambios para la vida y la carrera del arquitecto chileno Alejandro Aravena. Además de haber sido galardonado con el Premio Pritzker, considerado el Nobel de arquitectura y el más alto honor de su profesión, ha ejercido de director artístico de la prestigiosa Bienal de Arquitectura de Venecia.

Artista contra la corriente, frente a un mundo dominado por los ‘arquitectos estrellas’ y sus proyectos faraónicos, Aravena contrapone una obra centrado en la vivienda social y el urbanismo de los barrios pobres de las ciudades. Su objetivo es claro: mejorar la vida de la gente con menos recursos a través de la arquitectura.

Un concepto sobre el que el propio Aravena ha ahondado en una entrevista concedida a idealista/news durante la conferencia Urban Age, organizada por la Bienal para discutir precisamente la forma que deberían tener los nuevos centros urbanos para que dejen de ser focos de conflicto y desigualdad.

Desde su estudio Elemental, Aravena se ha hecho famoso en Chile por haber levantado más de 2.500 viviendas sociales. Su proyecto más famoso es Quinta Monroy, que supuso la construcción de 100 viviendas para familias desfavorecidas en 2004 bajo el principio de ‘arquitectura participativa’.

En lugar de construir un gran edificio colmena lleno de pequeños apartamentos, decidió construir mitades de casas que cada familia podría ampliar con cierta flexibilidad. Tomó esta decisión después de consultar a los futuros residentes sobre sus preferencias y es que como él mismo ha reconocido “mi filosofía arquitectónica se basa en incluir a la comunidad en el proceso”.

La filosofía del conocido como ‘el arquitecto de los pobres’ de mejorar la vida de los más marginados trabajando en los suburbios de las ciudades se ajusta como un guante al ‘leitmotiv’ principal de la Bienal de este año, ‘Reportando desde el frente’.

La exposición propone un repaso del trabajo de arquitectos que se enfrentan a problemáticas como la segregación, las desigualdades sociales, la falta de infraestructuras sanitarias, los desastres naturales, la escasez de vivienda, el crimen o la polución con la participación de comunidades. 

“El verdadero problema no es la pobreza, o no solo la pobreza, sino la gran desigualdad que existe entre ricos y pobres”, asegura Aravena. Y para este problema, según el Pritzker 2016, “casi la única solución que se escucha es la redistribución de la riqueza”. Algo en lo que no está de acuerdo porque “la desigualdad no es únicamente un problema económico”.

Para Aravena se trata de algo más. “Es una cuestión cultural, religiosa… es sentir que no se pertenece a las redes de oportunidades que las ciudades concentran”, afirma. Precisamente ahí, en las ciudades, está la clave para corregir la desigualdad: “Con proyectos estratégicos de espacios públicos, de transporte, de infraestructuras o de vivienda se puede mejorar la calidad de vida en un plazo relativamente corto”. Es más, está convencido de que “el papel del arquitecto es encontrar la forma para mejorar la vida de las personas”.