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Tarjetas de crédito, préstamos preconcedidos, hipotecas: ¿se han soltado la melena los bancos?

Autor: Carlos Salas (colaborador de idealista news)

A. G., una mujer casada, con una hija y que trabaja en un organismo del Estado, recibió hace pocos días una llamada de Bankia. Le habían concedido un crédito de 18.000 euros. Lo extraño era que A.G. nunca había pedido ese crédito. Y más extraño era que ella apenas había usado esa cuenta en Bankia: solo tenía cien euros.

“¿Me puede explicar cómo puede concederme usted un crédito de 18.000 euros, teniendo yo solo 100 euros, y sin preguntarme cómo voy a pagarlo?”, fue la pregunta de la mujer.

Su caso es el de miles de personas que, de repente y por arte de magia, están recibiendo préstamos ‘preconcedidos’, tarjetas de crédito que no solicitaron, y amables llamadas de los bancos para concederles créditos hipotecarios.

Hace dos años, en febrero de 2015, Funcas, el servicio de estudios de las cajas de ahorro, ya anunciaba que el crédito volvía a fluir a empresas: había subido un 14% en préstamos a pymes, un 34% en hipotecas y un 21% en préstamo al consumo. Ese mismo mes, Isidre Fainé, presidente de La Caixa, animaba a los españoles diciendo: “Pidan, pidan créditos”.

Pero había trampa: para obtener uno de esos créditos casi había que empeñar las joyas de la abuela y tener muchas garantías. Ahora, parece que la banca sí se ha soltado el pelo. La prueba es que el precio de la vivienda nueva está repuntando desde entonces, apoyado por dinero fresco de hipotecas.

Alquilar un piso de 100 metros en Barcelona en 2007 podía llegar a 1.500 euros. Tras la crisis, bajó a 1.150 euros, según idealista. ¿Saben a cuánto está ahora? A 1.700 euros. La falta de vivienda nueva en Madrid, ha disparado el precio del metro cuadrado en algunas zonas tanto de venta como de alquiler. En Vallecas, por ejemplo, alquilar un piso de una habitación y de no más de 60 metros cuadrados, cuesta entre 500 y 600 euros al mes, según idealista.

En Vallecas, quien tenga un piso y lo ponga en alquiler lo logrará en cuestión de minutos. Ahora, el gran negocio en la almendra de Madrid consiste en comprar pisos de segunda mano, incluso algo estropeados, remodelarlos, y ponerlos en alquiler. Se los quitan de las manos y se pueden conseguir rentabilidades superiores al 5%. En la céntrica calle de Hortaleza de Madrid, por ejemplo, se logran alquileres de 1.100 euros al mes por un piso de “una habitación”.

Sin embargo, no estamos ante una burbuja. Estos fenómenos suceden en Madrid, Barcelona, Valencia, algunas zonas de costa y en las islas, principalmente. En las ciudades de tamaño medio o pequeño que se salgan de ese patrón, el mercado sigue casi como siempre o peor. Un piso de una habitación situado en una zona buena de Oviedo no se vende, salvo que el propietario lo rebaje mucho; un 30%. Lo mismo pasa en Cáceres.

¿Y alquilarlo? Muchas veces, entre la renta baja que se obtiene, la comunidad, el seguro y otros gastos, el casero no hace un gran negocio, sino que paga los gastos mínimos.

Es decir, la recuperación económica se está viviendo en las grandes ciudades, especialmente donde se está creando más empleo: municipios de Madrid, País Vasco y Cataluña. Donde menos, en Andalucía, Castilla La Mancha y Extremadura. En Asturias apenas se ven grúas, por ejemplo. No hay obra nueva, y los arquitectos siguen con los brazos cruzados.

Las ofertas de tarjetas y préstamos por los bancos que nos asaltan por teléfono son solo un gancho. Luego vienen las condiciones, como domiciliar la nómina, los límites del crédito y la contratación de otros productos.

Por ejemplo, Bankinter ofrece un crédito hipotecario en buenas condiciones… siempre que el cliente pase la nómina, y contrate dos seguros: hogar y salud. Y a la hora de conceder el préstamo, el periodo medio será de 15 años, y, como mucho, por el 80% del valor del bien hipotecado.

De modo que hay una especie de boom en las grandes ciudades, pero un mercado sigue aún deprimido en las más pequeñas o menos turísticas. Y en cuando al dinero, la facilidad para obtenerlo solo es un gancho comercial. Al menos, por ahora.