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Barcelona quiere parecerse a París y Berlín: estudia copiar su modelo de control de alquileres

Ayuntamiento de Barcelona
Ayuntamiento de Barcelona

Barcelona sigue en búsqueda de la fórmula que regule los alquileres de la ciudad. Representantes del Ayuntamiento de Barcelona, junto a miembros del Observatorio de la Vivienda de Barcelona y representantes del área metropolitana, han viajado a París y Berlín para reunirse con los responsables de las políticas de vivienda de sendas ciudades y así conocer su modelo de control del mercado de los pisos de alquiler ayude al índice de precios de referencia en alquiler que están diseñando para la ciudad.

La fórmula que siguen las ciudades europeas no es otra que, a través de unos precios como referencia, evitar la presión de la demanda. Tanto París como Berlín pusieron en marcha una ley que controlaba los precios de los alquileres. Eso fue en verano de 2015. En el caso de París, es la ley Alur (las siglas en francés de ley de acceso a la vivienda y la renovación de la planificación urbanística) la que permite dar a conocer al usuario si el precio que ofrece el casero es el correcto o más alto de la cuenta.

Un mapa interactivo y unas características como tamaño, año de construcción, amueblado, o no, y localización servirán para dar con precio mínimo y máximo por m2 que se deberá multiplicar por la superficie de tu piso. Si el alquiler es más alto, el inquilino tiene derecho a reclamar al propietario la diferencia, recorrer a la mediación o, en última instancia, acudir a tribunales. Aunque la mayoría de casos suele resolverse con un acuerdo entre propietario e inquilino

El primer viaje del gobierno municipal de Barcelona ha sido a París esta semana. En este viaje se reunirán con abogados de la asociación Brandi Partners International, representantes del Observatoire des loyeres agglomération parisienne o de la fundación Paris Habitat, entre otros. La idea es también aprovechar y recoger opiniones de expertos en políticas anti gentrificación, otra de las operaciones en los que está inmerso el Ayuntamiento de Barcelona. Según ha anunciado el Consistorio, la comisión técnica visitará también Berlín a finales de marzo. En este caso, quieren conocer la normativa que desde agosto 2015 controla el incremento de precios en el mercado de alquiler.

No fue una iniciativa del Ayuntamiento, sino un reglamento firmado en el Parlamento Federal y promovido por el Ministerio de Justicia. Los dieciseis estados federados podían aplicar esta ley para hacer más asequible la vivienda. La ciudad alemana, al igual que Múnich o Hamburgo, vivía una burbuja al alza, con unos precios subían entre un 25% y un 78% según la zona. La medida para frenar la especulación inmobiliaria fue que cada nuevo contrato de alquiler no superara el 10% del contrato extinto, teniendo en cuenta que la duración de los contratos en Berlín es de diez años.

Cuestión de cultura

Las diferencias de Barcelona con ambas ciudades reside, principalmente, en una cultura del alquiler más asentada que en España, una opción que aquí crece pero aún no es mayoritaria ni está lo suficientemente extendida. Tanto para París como para Berlín el arrendamiento es una opción que toma casi el 50% de los ciudadanos, mientras que en ciudades españolas como Barcelona está aún en un 21%.

En España prevalece la concepción de la compra de vivienda como inversión y el alquiler como gasto. Pero con las consecuencias de la crisis ha llevado con un cambio de preferencias que se espera, según expertos y firmas de análisis de mercado, vaya ganando peso con el tiempo. La Ciudad Condal está a la cabeza del boom del alquiler en España, y es por eso también que está viviendo las consecuencias de este cambio de tendencia. En 2016 alcanzó máximos históricos: según los datos con los que trabaja idealista, el m2 estuvo en 17,4 euros, frente a los 14,6 euros de 2015.