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Campo Baeza: "Durante el boom inmobiliario se construyeron muchos edificios con los pies"

En los últimos tiempos se ha puesto de moda la expresión “Menos es más”. Es una de las frases más usadas en la actualidad y que se atribuye a Mies Van der Rohe, uno de los principales arquitectos del siglo XX junto con Le Corbusier y Frank Lloyd Right.  Con esta expresión quería transmitir la importancia del minimalismo.

Y para el arquitecto español Alberto Campo Baeza Mies van der Rohe es uno de sus arquitectos extranjeros de cabecera por la sobriedad de su estilo.

Campo Baeza, uno de los máximos exponentes actuales de la arquitectura española, nació en Valladolid y mamó de la arquitectura desde que apenas pudo caminar. La Accademia Adrianea di Architettura di Roma le ha otorgado el Premio Piranesi 2018 por su destacada trayectoria profesional relacionada con el patrimonio histórico. Hablamos con él, de su trabajo, su vida y de la relación controvertida que mantiene España con este arte.

¿Cómo llegó a ser arquitecto?

Yo soy arquitecto por la gracia de Dios. Mi abuelo era arquitecto y mi madre se preocupó por inocularme aquel veneno en vena. No dudé jamás de que podía ser otra cosa que no fuera arquitecto. Desde pequeño, cuando hacía algún dibujo se me aplaudía. Si a eso le sumas el ambiente cultural potente que se respiraba en mi familia, se fraguó la combinación perfecta que me ha llevado hasta aquí.

¿Qué significa para usted la arquitectura?

Cuando digo en mis conferencias o a mis alumnos qué es la profesión más bonita del mundo es porque estoy convencido. Es un trabajo hermosísimo y una labor creadora que, además, cuenta con el plus de que la obra que uno construye permanece en el tiempo. Merece la pena ser arquitecto.

Casa Olnick Spanu, en EEUU / Javier Callejas
Casa Olnick Spanu, en EEUU / Javier Callejas

¿Cree que en España hay cierta indiferencia hacia la arquitectura como un arte?

Sí, claramente. En la cultura actual española no se aprecia la arquitectura como un arte. Sin duda, se trata de una cuestión que no se compagina con el núcleo potente -en calidad y en cantidad- de arquitectos españoles magníficos. No solo hablo de los viejos maestros como pueden ser Alejandro de la Sota, Miguel Fisac, Julio Cano Lasso o Sáenz de Oiza, me refiero a la gente joven. Un ejemplo de esta nueva hornada pueden ser Juan Carlos Sancho, Emilio Tuñón o Jesús Aparicio. Además, existe un gran número de arquitectos que han terminado la carrera hace pocos años, algunos han sido alumnos míos, y que están por ahí haciendo una arquitectura estupenda, quizás en poca cantidad, pero sí de gran calidad.

¿Cree que hasta las propias instituciones menosprecian la arquitectura? Por ejemplo, la Casa de Alejandro de la Sota se derribó…

Eso es una anécdota que creo que no es tan significativa. Yo estoy intentando que se declaren bienes de interés cultural una obra de cada uno de los maestros que he citado anteriormente y me está costando Dios y ayuda. No es fácil convencer a una Dirección General de Patrimonio de una comunidad autónoma para que esto salga adelante y esto tiene que hacerlo.

Calidad o Cantidad, ¿cuál es la cuestión?

Yo no he hecho muchas obras, he hecho las que he querido y he podido y en las cuales, evidentemente, me he volcado con muchísimo trabajo y con más lentitud e intensidad que si hubiese hecho muchas más. Cuando alguien me pregunta por qué mi arquitectura es tan precisa o tan intensa, contesto que es la materialización de mucho rigor y esfuerzo y que solo se puede conseguir con tiempo.

Javier Callejas
Javier Callejas

¿Cree que durante el boom inmobiliario se construyó sin pensar en la calidad y el diseño, sino que se puso el foco en la cantidad y que esto ha originado un parque de edificios ‘feos’?

A ti te pueden parecer feos, a mí me parecen repugnantes. Cuando salgo al extrarradio de Madrid hay miles y miles de m2 hechos con los pies. Así de claro. Puede ser un poco provocativo, pero es así. Yo no me creo nada, pero si toda arquitectura se hubiese hecho con sentido común no habrían pasado estas cosas.

Pongo de ejemplo a la medicina. Un médico puede atender a 10 o 15 pacientes al día, pero no puede ver a mil. Pasa lo mismo con la arquitectura, un arquitecto no puede hacer mil edificios al día. A veces, ha habido arquitectos que han hecho mil edificios al día y lo han firmado y cobrado. Si a eso le unes temas de corrupción…

Entonces, ¿construir ‘bonito’ no es más caro?

No, es posible lograr la belleza con una arquitectura muy sobria. No puede ser que cuando alguien quiera construir su casa le dé igual que se la haga cualquiera. Vuelvo a poner la medicina como ejemplo, cuando uno tiene un cáncer acude al mejor médico, aunque se deje todo su dinero. En la arquitectura debería ser lo mismo y afortunadamente no solo hay un único arquitecto, aunque a veces lo parezca.

¿Cómo se consigue la belleza arquitectónica?

Ortega y Gasset en los años 40 acudió a un concurso de arquitectura en Alemania y expuso que aquel arquitecto que sea demasiado personalista será un mal arquitecto. Hay que renunciar al personalismo. Un diseñador no puede imponer una arquitectura dictatorial basada en sus cualidades y facilidades. No hay una única verdad arquitectónica. El arquitecto debe escuchar al enfermo, pero tampoco debe estar excesivamente ajustado a la opinión del cliente.

¿Cómo definiría su arquitectura?

La definiría como esencial, lógica, callada, luminosa, serena y hecha desde la cabeza. Yo a mis alumnos les digo que la razón es el principal instrumento que utiliza el arquitecto, aunque hay parte de intuición.

En la mayoría de sus obras predomina la luz y los tonos blancos…

Hay mucha gente que me llama el arquitecto de la luz. Yo no soy el arquitecto de la luz. La luz es un ingrediente propio y un tema central en la arquitectura.

Casa Rufo / Javier Callejas
Casa Rufo / Javier Callejas

Recientemente ha recibido el premio Piranesi…

Es un premio a mi trayectoria rigurosa y en el que, de alguna manera, mi arquitectura encaja con la ciudad y se ensambla bien con la historia. Yo los premios los he agradecido siempre y creo que son más producto de los amigos que de mérito propio.

¿Cuál es el arquitecto que más le ha inspirado o influido?

Si tengo que decir un extranjero, es Mies van der Rohe, claramente. Quizás sea menos conocido por las personas ajenas a la arquitectura, pero no para los del gremio.

¿Por qué?

Gracias a Alejandro de la Sota que quizás fue el primer arquitecto español más cercano a Mies, no solo por la forma, sino por la renuncia y la sobriedad en su estilo.

¿Profesor o arquitecto?

Ambas. No son solo compatibles, sino que son complementarias. Mucha gente me comenta que si no hubiese dado clases podría haber hecho el doble de obras. Hace cuatro años, un amigo mío, que es un estupendo arquitecto, me dijo que él había hecho 2.000 obras y yo solo había hecho 37. No voy a negar que me entristeció, pero todos los días, antes de acostarme, le dedico un tiempo a la lectura. Ese día me tocaba una biografía de Shakespeare, en la que decía que el escritor solo había escrito 37 obras de teatro. Cerré el libro y me acosté con una sonrisa en la cara.

¿Cómo es la arquitectura del futuro?

La arquitectura del futuro irá por donde la razón la guíe, evidentemente de la mano de la tecnología. Por ejemplo, Mies van der Rohe no podría haber propuesto una serie de maneras de trabajar con el espacio si no hubiese dispuesto del acero, que antes no se producía como ahora, y del vidrio en plano en grandes dimensiones. Tú no puedes plantar un espacio continuo o una transparencia si no tienes esos materiales.

¿Qué le parece la arquitectura vegetal?

Las plantas son para estar en el jardín, no para cubrir paredes verticales. Ahora un arquitecto construye un jardín vertical y todo el mundo va a arrodillarse como si de una nueva religión se tratase. Hacer un jardín vertical es una cosa muy cara y compleja, fuera de toda lógica arquitectónica, ya que las plantas crecen hacia el sol y no hacia la cuadratura del círculo. Solo eso implica muchas dificultades.

En definitiva, creo que se está haciendo mucha tontería cuando al final todo esto de los sistemas pasivos, de ahorros energéticos, que, indudablemente, son muy positivos, son temas de sentido común. Como anécdota, en la última reunión que he tenido con los ingenieros de instalaciones he propuesto la ventilación cruzada que teníamos en los techos de mi casa de Cádiz.