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La empresa familiar y la recuperación de la España rural

Última gran manifestación en favor de la España rural en marzo de 2019 en Madrid / Gtres
Última gran manifestación en favor de la España rural en marzo de 2019 en Madrid / Gtres
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La grave caída de la natalidad que sufrimos en España desde hace muchos años, unida a la atracción que ejercen las grandes urbes sobre los movimientos migratorios, están despoblando la España rural, incapaz de ofrecer oportunidades de desarrollo profesional, ni una asistencia sanitaria o educativa que pueda competir con los mínimos de calidad existentes en las ciudades.

El agro español y la innovación parecen abocados a un permanente desencuentro, no bastando para su repoblación con poner ‘wifi’ en los pueblos y aldeas. Resulta imprescindible el desarrollo de proyectos empresariales sostenibles, por ello rentables, así como servicios de apoyo y asistencia a las familias, para hacerlo atractivo. La regeneración no llegará de la mano de un grupo de ‘singles’ entusiasmados, o de parejas sin proyecto familiar. La recuperación de la España rural exige que un importante número de familias asuman el reto y dispongan de los medios.

Francia y Alemania tienen caídas demográficas importantes, aunque inferiores a la de España. También tienen una importante superficie rural, especialmente en Francia. Lo que no comparten con España es el agudo proceso de despoblación, en dichas zonas, que sufrimos nosotros. Podríamos hablar de profundo respeto que sienten los franceses por las labores agrarias, con el consiguiente orgullo por sus productos, o de la alta tecnología que son capaces de desarrollar los alemanes, en zonas rurales, prestando servicios de alto valor; en ambos casos estaríamos acertados, pero estas son las consecuencias de una política de empresa, no el motor de la misma.

Entre estos países y el nuestro encontramos importantes diferencias en el apoyo a las familias, especialmente en las ayudas a las mujeres que desean ser madres, con importantes subvenciones por hijo, para facilitar su mantenimiento y crianza, y no penalizando el desarrollo profesional de la mujer durante el embarazo, o como consecuencia de él.

Si deseamos revertir la caída demográfica en España, pero especialmente en las zonas rurales, deberemos apoyar la maternidad, económica, profesional y socialmente (prestigiando esta opción exclusiva de la mujer), pero no será suficiente para atraer a las nuevas familias al ámbito rural, si no encuentran condiciones asimilables a las existentes en las ciudades.

Un reciente estudio, publicado en Alemania, el pasado 31 de agosto, por la Stiftung Familienunternehmen, refleja que “las empresas familiares son un factor decisivo para la igualdad de condiciones de vida en la ciudad y el campo.” 

El estudio examina 215 condados rurales, en términos de desarrollo de la población, innovación, prosperidad, desempleo, educación y finanzas de las corporaciones locales, cruzándolas con las aportaciones de las empresas familiares existentes en los mismos. 

Para evitar posibles desviaciones con el concepto de empresa familiar, los investigadores se centraron en empresas familiares de más de una generación, con 50 o más empleados y en sectores relevantes, quedaron fuera, entre otros, los servicios prestados por autónomos, así como la mayoría de la restauración, que suelen asociarse a propiedad de familias. Las empresas familiares identificadas de esta manera emplean a 2,5 millones de un total de 5,7 millones de empleados en el segmento de empresas comparables.

Los resultados de esta primera encuesta son determinantes, dado que, en todas las categorías, sin excepción, los distritos con una alta proporción de empresas familiares obtuvieron mejores resultados:

  1. La tasa de desempleo es más baja en las regiones que cuentan con mayor número de empresas familiares frente a aquellas en que las proporciones son más bajas (2.8 % contra 5.5 %). 
  2. La cuota de formación en las regiones con mayor proporción de empresas familiares es del 4,9 %. En las regiones rurales con pocas empresas familiares es del 3,7 %.
  3. El desarrollo demográfico es mucho más positivo en las regiones con una mayor proporción de empresas familiares (entre 2008 y 2018 crecieron 2%), la población en regiones con una proporción de empresas familiares por debajo del promedio disminuyó (-2.6%) y la prosperidad en las regiones", escriben los autores.
  4. Las regiones con muchas empresas familiares son más innovadoras. En promedio, las zonas rurales con una proporción muy alta de empresas familiares reportan casi tres veces más patentes por cada 100.000 empleados (120 frente a 45 registros). 
  5. En las regiones con una proporción particularmente alta de empresas familiares, el producto interior bruto per cápita, con una media de 33.200 euros per cápita, es más alto que en las que cuentan con una proporción baja de empresas familiares (algo menos de 28.500 euros per cápita). Las zonas rurales con más empresas familiares tienen mayor poder adquisitivo. La productividad es mayor.
  6. Como consecuencia de todo los anterior, las administraciones locales, con mayor proporción de empresas familiares, percibieron mayores ingresos, permitiéndoles mejorar y ampliar sus prestaciones.

Cuando hablamos de actividades en entorno rural no significa necesariamente que estas se limiten a actividades agrarias y sus derivados; abarcan todas aquellas actividades susceptibles de realizarse en un entorno rural, incluidas las relacionadas con el trabajo online.

En la presentación del Estudio que resumo, el profesor Rainer Kirchdörfer, director de la Stiftung Familienunternehmen, manifestó que “las empresas familiares son una garantía de que las personas de fuera de las metrópolis puedan vivir bien, dado que fortalecen la cohesión social y económica y fomentan la similitud de calidad de vida de la ciudad en el campo, mejorándola”.

Son dos las características que hacen de las empresas familiares el instrumento más idóneo para la recuperación y crecimiento a largo plazo de entornos socialmente degradados: las familias empresarias piensan en lo que legarán a sus futuras generaciones, mientras que en las otras se tiende a decidir en función de los “bonus” anuales y de los dividendos a los accionistas.

Las familias empresarias se encuentran existencialmente comprometidas con sus regiones de origen, asentándose en las mismas, fomentando su progreso, independientemente de la dimensión que logren alcanzar.

“Somos envidiados en todo el mundo, por esta estructura descentralizada en empresas familiares sólidas”, dijo Kirchdörfer. Por mi parte no puedo sino darle la razón, lamentando que en España no se plantee siquiera esta posibilidad.

Se debe tener bien claro que una familia empresaria no es una ONG, por lo mismo precisa menos de subvenciones que de un marco jurídico-fiscal que le permita desarrollarse adecuadamente. Este es lo primero a implantar por una política económica dispuesta a acometer el reto de desertización del ámbito rural. A este tipo de medidas debe seguir la mejora de la infraestructura digital en aquellos lugares donde comience dicha implantación o se desee el crecimiento de las ya implantadas; la promoción de la innovación, creando instrumentos que lo faciliten en el ámbito rural, es otra necesidad para el fortalecimiento de las ya existentes; sin descuidar la asistencia sanitaria y la educativa, desde las guarderías hasta las universidades y escuelas profesionales, ¡qué perdida tan lamentable la de las universidades laborales!

Confiemos en no tener que esperar cuarenta años más, para que se adopten soluciones que han tenido éxito en países como Alemania o Francia.

José Barta es experto en Estrategia de mercados, y en Gobierno Corporativo. Alertó, en el año 90, de la caída del mercado inmobiliario del 92 y, en el 2008, de la gravedad de la nueva crisis, acuñando la expresión “Tormenta perfecta”.