Los bosques de Costa Rica están considerados como una de las selvas primarias más importantes del planeta. Tanto es así que gran parte de ellas han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Estos bosques han podido conservarse desde tiempos remotos gracias a su climatología húmeda, y con unas precipitaciones que superan los 3.500 mililitros anuales.
Ante estas condiciones climatológicas, los edificios construidos en ese entorno deben aclimatarse a la extrema humedad y a las intensas lluvias. El estudio de arquitectura ¡Plup! ha conseguido crear una vivienda cálida, confortable y económica en este medio costarricense.
Un diseño preparado para las constantes lluvias
El estudio de arquitectura ¡Plup! de Costa Rica, dirigido por Carlos Andrés Bolaños Alfaro, ha realizado un conjunto de dos viviendas utilizando materiales económicos en plena jungla, situadas en las laderas del volcán Barva. El estudio, con sede en San José, la capital del país, tiene una dilata experiencia en realizar estructuras en ambientes húmedos y selváticos.
Además de su vertiente práctica, su diseño fue inspirado conceptualmente en las bromelias, una planta autóctona que almacena el agua en el interior de sus hojas para usarla posteriormente. Estos edificios recogen el concepto de las bromelias y las invierten, expulsando el agua.
Espacios abiertos y ventilados para reducir la humedad
Los dos edificios tienen una planta longitudinal similar. Ambos están formados por dos paredes en ángulo, que sirven a su vez de techo, y que se unen en su vértice formando tragaluces. Estas claraboyas pueden abrirse, cuando hace buen tiempo, para mejorar la ventilación natural y la reducción de la humedad en el interior.
La distribución de los espacios comunes también son semejantes. Estos se localizan en la planta baja y tienen una distribución en concepto abierto. En cada extremo se sitúan la cocina y el salón y, en el centro, separando de manera informal los espacios, una gran mesa de comedor.
También en el centro de los edificios, adosados a las paredes, se ubica un núcleo de hormigón a cada lado que contienen las escaleras y el baño. Estos sirven como apoyo de la estructura y, a su vez, permiten una visión diáfana y sin obstáculos de los espacios.
En el extremo del salón se sitúa una terraza elevada, protegida por tres de sus lados, con vistas al bosque que rodea los edificios. Asimismo, en ambos extremos se abren grandes ventanales que proporcionan mayor ventilación de los interiores.
Dos espacios similares pero diferentes
Uno de los dos edificios está destinado para uso de los propietarios, mientras que el otro es exclusivo para huéspedes. La casa para los visitantes cuenta, además de los espacios comunes, con los dormitorios y servicios adicionales en el piso inferior.
Por su parte, el edificio del propietario alberga un altillo sobre los espacios comunes, situados en el nivel principal, con vistas a estos. Mientras que, en la planta inferior, se ubican dos dormitorios para los invitados.
El estudio de arquitectura jugó con estos elementos para dejar buena parte de los materiales de la estructura a la vista. Así, entre los diferentes espacios se observan vigas de acero, soportes de hormigón o las paredes de metal corrugado. Todo ello con la intención de que el proyecto madure junto con su contexto.
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