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Durante su paso por el pódcast 'En primera persona', de idealista/news, Albert Rivera no dudó en señalar lo que, a su juicio, es uno de los grandes tabúes del debate sobre vivienda en España: la fiscalidad. El exlíder de Ciudadanos, hoy alejado de la política y dedicado a la consultoría y a la formación, dibujó un diagnóstico contundente. “La vivienda se ha convertido en la gallina de los huevos de oro del Estado”, asevera.

Según explica, no se trata solo de un problema de escasez de oferta ni de un repunte coyuntural de la demanda, sino de una estructura fiscal que grava la vivienda en cada fase del proceso, desde la compra del suelo hasta la escrituración final.

Rivera recuerda que muchos ciudadanos no son conscientes de que entre una cuarta y una tercera parte del precio final de una vivienda son impuestos.
ITP, IVA, Actos Jurídicos Documentados, tasas urbanísticas, licencias, tributos municipales… una cadena que, afirma, encarece artificialmente el acceso a una casa. “Desde el primer paso del promotor hasta la entrega de llaves hay costes fiscales constantes. Es una recaudación brutal y sostenida en el tiempo”, señala 

El exnúmero uno de Ciudadanos sostiene que esta presión fiscal se ha convertido en una herramienta de financiación silenciosa para las distintas administraciones. Y por eso, advierte, nadie parece dispuesto a tocarla. “Las administraciones están muy cómodas. Recaudan como nunca y prefieren no abrir este melón”, puntualiza.

¿Cómo estás? Gracias por venir, Albert.

Bien, encantado. Gracias por invitarme.

Albert, haz una radiografía de la vivienda en España actualmente, desde la accesibilidad hasta el punto de vista del inversor.

La vivienda hoy es el principal problema de los españoles. Lo notan en primera persona, en sus hijos, en las familias, como ahorradores y como inversores. Después del boom inmobiliario y la caída posterior, que parecía que no volvería, muchos nos quedamos con pisos hipotecados, alquilándolos, vendiéndolos. Ahora el mercado vuelve a estar muy tensionado y la gente se pregunta qué pasa. Hay un crecimiento poblacional muy fuerte, un hito demográfico, y no tenemos datos claros de cuánta gente entra, de qué profesiones, a qué ciudades van. Ese debate migratorio debería estar más regulado, más basado en datos.

¿Dirías entonces que el crecimiento de población, junto al atractivo inversor, están generando una tormenta perfecta?

Sí. Madrid, por ejemplo, es una de las capitales europeas con mayor atractivo inversor. Si sumas crecimiento poblacional, inversión y la vivienda como bien refugio, la demanda se dispara. Y tenemos un urbanismo lento, obsoleto, con poca flexibilidad. Y una política sin mayorías estables, sin reformas rápidas. Es un cóctel molotov. Y no veo al Gobierno tomando decisiones urgentes: mucho ruido, pocas nueces.

¿Qué opinas de la Ley de Vivienda? ¿Está teniendo algún efecto real?

No ha dado resultados. Desde una visión liberal, la oferta y la demanda deberían ser la regla general, pero con correctores fiscales, garantías y flexibilidad. España es el país de la OCDE con más impuestos sobre la vivienda y el primero de Europa. Eso depende de los políticos y no se habla de ello. Y ahora se busca un culpable externo: el ahorrador, el heredero, el inversor. Así se evita asumir qué no se está haciendo. Hay herramientas: fiscalidad, seguridad jurídica, agilización urbanística, reducción de costes y tiempos. Falta voluntad, consenso y valentía.

Se suele poner como ejemplo Australia o Canadá. ¿Qué países te parecen un buen referente en políticas de vivienda?

No existe un país perfecto. Cada uno tiene su población, su mercado laboral, su modelo migratorio. Es un traje a medida. Pero sí sabemos dónde no ha funcionado: en los modelos intervencionistas. En Berlín, con límites de precios, surgió un mercado negro. En Cataluña, con su ley autonómica (además inconstitucional) tampoco bajaron los precios; subieron. El mercado responde a incentivos, no a prohibiciones. En España seguimos atacando la demanda cuando lo que falta es oferta.

¿Tiene sentido culpar a los extranjeros de la subida de precios?

No. Es un argumento antiguo y absurdo. Si yo viviera fuera y quisiera comprar, ¿sería un “malvado extranjero”? Europa es libertad de personas y de capitales. Solo un 9% de los compradores son extranjeros y muchos viven aquí y se empadronan. Otros vienen de Latinoamérica, muy próximos culturalmente. Son vecinos. Y que quieran vivir e invertir en España es una fortaleza. El problema es la falta de oferta, no ellos.

Has mencionado la diferencia entre comprar una vivienda y el derecho a la vivienda. ¿Puedes explicarlo?

La Constitución no reconoce el derecho a comprar una vivienda ni a que te la regalen. Es un principio rector, no un derecho fundamental. No puedes ir a un tribunal a exigir una vivienda. Los poderes públicos deben facilitar el acceso no la propiedad. Ahí encajan las colaboraciones público-privadas, los derechos de superficie, los proyectos de alquiler social financiados por fondos que tienen interés en ello.

¿Puede la vivienda industrializada ser parte de la solución?

Sí. Hay empresas que fabrican viviendas mucho más rápido, más seguras y más sostenibles que la construcción tradicional. En los concursos públicos habría que premiar agilidad, no solo precio. Con tecnología puedes construir barrios en meses o incluso en días. Pero todo se frena por el urbanismo lento, el suelo, los impuestos, la burocracia. Tecnología hay; falta velocidad administrativa.

En el precio final de la vivienda, entre un 25% y un 30% son impuestos. En una situación de emergencia habitacional, ¿deberían bajarse?

Sí. Y se puede hacer ya. Con un pacto nacional se podrían eliminar ITP, AJD, IVA en primera vivienda, licencias, tributos a promotores. Si quitas esa cadena fiscal  el precio bajaría un 20% de golpe. Pero para eso el Estado debe dejar de crecer en estructura y priorizar la vivienda. La clase media no llega. Incluso con un sueldo medio no puedes acceder. Propongo un IVA superreducido, como en los bienes de primera necesidad: del 10% al 6% o al 4%. Y las reformas y rehabilitaciones, que están al 21%, deberían bajar también.

¿Está funcionando la ejecución de fondos Next Generation en rehabilitación y vivienda?

Los datos son preocupantes. Tras el covid-19 se transfirió muchísimo dinero a los Estados y muchas administraciones no han sabido ejecutarlo. Con tantísima estructura pública, que no se ejecute es incomprensible. En una empresa privada sería impensable. Parte del dinero se ha quedado por el camino y no ha llegado al ciudadano.

¿Cómo puede ayudar la mejora del transporte y de las ciudades alrededor de núcleos como Madrid?

Madrid tiene alrededor ciudades que en cualquier otro país serían parte del área metropolitana natural: Toledo, Ávila, Segovia, Aranjuez, Alcalá. Aquí parecen lejanas por cambios de comunidad, provincia, fiscalidad. Con visión a 20 años, reforzando cercanías, lanzaderas y con tecnologías como coches autónomos (ya funcionando por miles en Estados Unidos) serían extensiones lógicas de la capital. Las personas ya se mueven: si no pueden vivir en un sitio, se van a otro. La política debe acompañar con infraestructura.

¿La okupación influye realmente en el precio?

Sí. Una vivienda okupada baja de precio porque nadie la quiere. Pero no es el único factor; culpar solo a eso (o a los extranjeros) es reduccionista. El mercado es un conjunto de factores.

Albert Rivera en las oficinas de idealista
Albert Rivera en las oficinas de idealista idealista/news

¿Qué nota le pondrías al Gobierno y a la ministra de Vivienda?

Los resultados no están. Si existe un Ministerio de Vivienda debe ejercer: coordinar normativas, armonizar leyes, impulsar planes, liderar urbanismo. No puedes mantener el Ministerio y a la vez decir que todo es competencia autonómica. Si lo mantienes, debes liderar.

¿Crees que los precios bajarán en 2026?

No. Puede haber moderación o correcciones locales, pero con más población, urbanismo lento y demanda fuerte, no veo una caída. En algunas zonas ha subido un 25% anual. Mientras no aumente la oferta, los precios seguirán altos.

¿Falta en España cultura financiera?

Muchísima. Hemos tenido preferentes, cláusulas suelo, estafas... Algunas por estafadores, otras por falta de cultura financiera. La gente firma hipotecas sin leerlas. Miramos reseñas de restaurantes, pero no el contrato más importante de nuestra vida. El banco te asesora según su interés; tú debes entenderlo. Y deberíamos enseñar a los jóvenes qué es ahorrar, qué es un interés, qué es una hipoteca, la bolsa, la renta fija.

¿A qué te dedicas ahora exactamente?

A varias cosas. Tras años de política 24/7, ahora puedo hacer más. Mi actividad principal es una consultora, RV +, con mi socio Villegas. Asesoramos empresas en relaciones institucionales, fondos europeos, proyectos con administraciones y estrategia. Antes era delantero centro; ahora soy segundo entrenador: ayudo desde fuera.

¿Echas de menos la política?

La política actual (la rueda mediática, el ruido, las ruedas de prensa) no la echo de menos. De hecho, la echo de más. Lo que echo de menos es la parte noble: transformar cosas, ver proyectos construidos, ayudar a la gente. Y también echo de menos el “rock and roll”: visitar muchas provincias, conocer gente interesante. Pero lo suplo con conferencias, universidad, clientes. Aprendo cada día.

Si alguna de tus hijas te dijera que se quiere dedicar a la política... ¿qué le dirías?

Les diría que sean felices, que intenten ser las mejores, que disfruten. Si un día me preguntan, les explicaré pros y contras. La libertad tiene una cara bonita (hacer lo que quieres) y una cara de responsabilidad. Si te equivocas, te levantas. No se lo prohibiría ni se lo impondría.

Voy a aprovechar que estamos estrenando estética del programa: ¿a quién te gustaría ver en el próximo capítulo?

Hay mucha gente que me gustaría ver. Me gusta la gente pedagógica, que explica, que aporta. Vivimos en un mundo donde la cultura financiera, jurídica, inmobiliaria importa mucho. 

¿Te han ofrecido volver a la política? ¿Volverías?

Lo digo siempre: que nadie me ofrezca nada. No voy a volver. Creo que hacen falta buenos políticos, pero estoy en otra etapa: empresas, clientes, alumnos.
Volver implicaría renunciar a muchas cosas, incluso económicas. Y las segundas partes nunca fueron buenas. Estoy en una etapa bonita y quiero aprovecharla.

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