Artículo escrito por Sandra Barañano, directora técnica de Andimac y Cuida tu Casa.
La cerámica lleva toda la vida en nuestras casas, pero lo cierto es que hoy está más vigente que nunca. Y no solo porque “se lleve”: es un material práctico, resistente y muy agradecido en el día a día. Además, ha evolucionado muchísimo.
Ya no hablamos únicamente del azulejo clásico, sino de piezas con acabados actuales, formatos grandes, texturas agradables y diseños capaces de imitar madera, piedra o cemento con un resultado muy realista.
Por eso, tanto si estás construyendo desde cero como si te planteas una reforma, la cerámica es una elección que funciona. Se adapta a cocinas y baños, pero también a salones, pasillos, terrazas e incluso fachadas.
Aporta estética, sí, pero sobre todo tranquilidad: es fácil de mantener, dura muchos años y responde bien ante el uso intenso. Repasamos todas sus ventajas y las claves para acertar con la elección:
Ventajas de la cerámica
- Es un material seguro. La cerámica es un material inerte, lo que significa que no desprende sustancias tóxicas. Y, con el paso del tiempo, mantiene su forma: no se hincha, no se deforma y no se “pela”. Además, hay opciones antideslizantes muy útiles para evitar resbalones, especialmente en baños, cocinas o exteriores.
- Es higiénica y saludable. Una de sus grandes fortalezas es que se lleva bien con la humedad y el calor. No retiene olores, no favorece la aparición de moho y es una buena opción para hogares donde se busca un ambiente limpio y cómodo. También es hipoalergénica e inodora, algo a valorar si hay personas con alergias.
- Se limpia con facilidad. No requiere cuidados especiales ni productos complicados. Con la limpieza habitual es suficiente para que se mantenga como nueva. Esto es especialmente práctico en cocinas y baños, donde queremos materiales que no den trabajo extra.
- No se quema y resiste el calor. La cerámica es ignífuga: no arde, no se derrite y no se deforma con altas temperaturas. En caso de incendio, tampoco libera humos tóxicos. Es una ventaja que no siempre se piensa al elegir un material, pero que suma seguridad.
- Es una opción más sostenible. Se fabrica con materias primas naturales (principalmente arcilla y agua) y es reciclable. Además, como dura muchos años, se cambia menos y se generan menos residuos. En una reforma, esto también cuenta.
- Aporta confort en casa. La cerámica resiste bien los cambios de temperatura y la humedad. Y, si se combina con calefacción radiante, es una de las mejores aliadas porque transmite bien el calor y ayuda a mantener una sensación agradable en el hogar.
- Hay diseños para todos los gustos. Colores, relieves, texturas, piezas lisas o con efecto artesanal, formatos grandes o pequeños… La variedad es enorme. Y una de las razones de su éxito actual es que puede “parecer” madera, mármol, cemento o piedra, pero con ventajas prácticas superiores en mantenimiento.
- Es muy resistente. Aguanta golpes, roces y uso diario sin problemas. También soporta cambios bruscos de temperatura y productos de limpieza más exigentes. Por eso funciona muy bien en zonas de paso, cocinas o viviendas con mucho movimiento.
- Sirve también para exterior. No solo es un material de interior. Hay cerámica pensada para terrazas, patios y fachadas, porque resiste lluvia, sol y cambios de temperatura sin estropearse.
- Dura muchísimo. La cerámica envejece bien. No pierde propiedades fácilmente y mantiene el aspecto durante años. Es una inversión que se amortiza, porque no obliga a estar sustituyendo o reparando con frecuencia.
Factores a tener en cuenta antes de elegir la cerámica
- Elige el acabado según la zona. En espacios donde puede haber agua (ducha, cocina, terraza), conviene priorizar superficies antideslizantes. En paredes, puedes permitirte acabados más decorativos o con relieve.
- Piensa en el formato y el efecto visual. Las piezas grandes suelen dar sensación de amplitud y continuidad (y reducen la presencia de juntas). Las piezas pequeñas o decoradas son ideales para dar personalidad en zonas concretas, como un frente de cocina o una pared de la ducha.
- Ten en cuenta el uso real de cada espacio. No es lo mismo un baño de invitados que una cocina familiar. En zonas de alto tránsito, interesa elegir cerámica especialmente resistente y fácil de limpiar.
- La instalación es clave. Un buen material necesita una buena colocación. Juntas, remates, nivelación y encuentros con otros elementos (puertas, sanitarios, encimeras) marcan la diferencia entre un resultado correcto y uno realmente impecable.
- Busca coherencia entre estancias. Una ventaja de la cerámica es que permite unificar estilos: puedes mantener una misma línea de suelo en varias habitaciones o combinarlo con paredes coordinadas para que la casa se vea más amplia y ordenada.
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