China quiere dar un impulso a la demanda inmobiliaria y toma el camino contrario al de los principales bancos centrales mundiales.
El gigante asiático está viviendo la mayor ola de contagios de coronavirus desde el estallido de la pandemia, lo que le ha obligado a poner en marcha confinamientos y restricciones en muchas ciudades. Las medidas para frenar los casos de covid-19 ya están teniendo un impacto en la actividad económica de la segunda mayor potencia mundial: en abril, ha registrado su mayor contracción en dos años y medio.
En este escenario, el Banco Popular de China ha puesto el foco en el sector inmobiliario, uno de los principales motores económicos del país, y ha anunciado una mejora de las condiciones de las hipotecas.
En concreto, el pasado 15 de mayo, el banco central anunció un nuevo recorte en los intereses hipotecarios para algunos compradores, lo que permite a los bancos reducir en 20 puntos básicos el interés mínimo de sus hipotecas para quienes compren una nueva vivienda. Esta decisión va encaminada a aumentar la demanda inmobiliaria y promover "un desarrollo estable y saludable del mercado inmobiliario", según explica el comunicado remitido por la autoridad monetaria y la Comisión Reguladora de los Seguros y el Sector Bancario.
Esta rebaja se suma a la aplicada por la banca china a principios de año, tras las presiones de Pekín para impulsar el sector inmobiliario, que en los últimos meses está viviendo problemas de solvencia y liquidez que han puesto contra las cuerdas a promotores como Evergrande o Fantasia.
Además, la reducción de los intereses llega pocos días después de conocer que los préstamos bancarios formalizados en el país han marcado en abril su peor dato en cuatro años, aunque hay dudas de que consiga los efectos esperados.
El principal riesgo es que los bancos, que deben contabilizar los préstamos morosos, podrían restringir la concesión de nuevos créditos para evitar riesgos de más impagos si se alargan los confinamientos.
Con estos movimientos, China toma el camino contrario al de los principales bancos centrales mundiales, que están apostando por subir tipos para frenar la escalada de la inflación. En cambio, el país asiático está centrado en impulsar el crecimiento económico.
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