Hace poco menos de dos meses, la sueca Samhällsbyggnadsbolaget i Norden AB (SBB) sacudió todo el sector con el anuncio de la cancelación de una emisión de derechos por valor de 2.630 millones de coronas suecas (235 millones de euros) y con el retraso del pago del dividendo previsto. El impacto fue extraordinario: la cotización llegó a caer un 70% menos después de una gran avalancha de ventas.
¿Se ha desactivado el 'efecto SBB' o sigue siendo el grupo nórdico una bomba de relojería? A la vista de la evolución de la cotización, de las decisiones de los inversores bajistas y del ritmo al que el grupo está desinvirtiendo para sacar adelante su delicada situación financiera, todo hace indicar que sigue siendo un elemento de alto riesgo para un sector inmobiliario que sigue sufriendo en un escenario de subida de tipos.
De momento, el mercado no concede a SBB el beneficio de la duda. La acción, que en enero cotizaba por encima de los 21 euros, tocó fondo a principios de junio en los 3,1 euros. Luego vino un rebote efímero, tras el que se ha confirmado la depresión que sufre la compañía en bolsa. La acción ha vuelto a recaer y ahora se mantiene ni gloria por encima de los 4 euros, mientras los inversores bajistas se abalanzan sobre la compañía.
A pesar de que ha perdido el 75% de su valor en lo que va de año, los 'hedge fund' siguen oliendo la sangre. Marshall Wace, Samlyn, Gladstone Capital, Mirabella, Perbak Capital o Balyasny Europe se juegan a la baja cerca del 11% del capital de la inmobiliaria. Dicho de otra manera, están esperando un nuevo desplome del grupo, que intenta convencer al mercado de que puede salir del atolladero.
Sin éxito, de momento. Hace tres semanas, S&P volvió a rebajar el rating de la compañía hasta BB- desde BB+, siempre dentro del rango del grado especulativo o bono basura. Mientras, la revisión estratégica anunciada el 29 de mayo por SBB, que incluía incluso la venta de la compañía, avanza lentamente. La firma mantiene conversaciones para vender su 51% en EduCo a Brookfield.
En paralelo, se ha desprendido de ocho activos que han sido vendidos a los municipios suecos por cerca de 40 millones de dólares. Una minucia para un grupo que acumula una ingente deuda de 8.000 millones de dólares y cuyo futuro inmediato está lleno de incógnitas. Lo más importante es si conseguirá sobrevivir en solitario.
La difícil situación de SBB está perfectamente recogida en las recomendaciones de los analistas. En estos momentos, sólo una de las algo más de una decena de firmas de análisis que siguen el valor recomiendan comprar. Los expertos dan a la inmobiliaria un precio objetivo de algo más de 7 coronas suecas, a años luz de las casi 20 a la que era valorada de media cuando empezó el año.
Algunas de estas firmas apuestan porque SBB ya ha tocado fondo. Es el caso de un gigante como Goldman Sachs, que ha elevado su recomendación desde vender hasta neutral después de que la acción se haya desplomado hasta los niveles más bajos desde 2015. Frente a la presión creciente de los inversores bajistas, el banco estadounidense cree que SBB ya ha descontado el peor de los escenarios posibles con un descuento de cerca del 70% respecto al valor tangible de sus activos.
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