El ladrillo rojo ha sido un elemento fundamental en la arquitectura a lo largo de la historia, jugando un papel fundamental en la configuración de paisajes urbanos y rurales alrededor del mundo, dejando una huella indeleble en la historia de la arquitectura. Por otra parte, su uso sigue siendo relevante en la arquitectura contemporánea. En Países Bajos, a principios del siglo XX, el ladrillo fue fundamental en el movimiento arquitectónico llamado Escuela de Ámsterdam, el cual se caracteriza por el uso expresivo y ornamental del ladrillo. En una clara referencia y homenaje a este estilo se ha levantado en Maastricht un edificio revestido de ladrillo rojo: el edificio Miller.
Un edificio que conecta y transforma
El edificio de apartamentos Miller está ubicado en el barrio de Wyckerpoort de Maastricht, junto a un nuevo bulevar que ha sido clave para la reconexión de una zona de la ciudad previamente aislada entre una autopista y una vía férrea. Este proyecto, elaborado por el estudio neerlandés Martens Willems & Humblé Architecten, está compuesto por 38 apartamentos, se erige como un punto de inflexión arquitectónica en la zona. Según el estudio, "el concepto central es que el edificio es un punto de inflexión entre diferentes condiciones espaciales. Tenía que conectar con el barrio como un conjunto continuo, pero también tenía que dar un fuerte impulso al nuevo bulevar".
El diseño del edificio Miller se destaca por su capacidad para integrarse con los bloques inferiores de viviendas sociales ya existentes, también diseñados por el mismo estudio de arquitectura. Juntos, estos bloques crean un patio central que sirve como zona de aparcamiento. La estructura del edificio está delimitada por dos escaleras cilíndricas y un volumen saliente al este que se alinea con la escala de las viviendas adyacentes.
La galería
Uno de los desafíos principales fue equilibrar la necesidad de reducir el ruido proveniente de la autopista con el deseo de ofrecer espacios interiores con doble perspectiva. La solución fue la creación de dos capas de grandes ventanales que proporcionan vistas a través de un pasillo de circulación, conocido como "galería". Al sur, cada apartamento tiene un balcón que da a una parte más tranquila del solar, ofreciendo vistas sobre la ciudad, mientras que los apartamentos de la planta baja cuentan con pequeños jardines privados.
La disposición de los apartamentos ha sido cuidadosamente organizada para maximizar el contacto visual tanto con la parte delantera como con la trasera del edificio. Según el estudio, "La galería tuvo que situarse en el lado de la calle debido a los altos niveles de ruido. Para no tener una fachada ciega, sino una fachada viva, la distribución de los apartamentos está organizada de tal manera que hay contacto visual directo tanto con la parte delantera como con la trasera". Esta galería, que es más ancha de lo habitual y cuenta con bancos, también funciona como una extensión del espacio habitable y crea un área común para los residentes.
Una reinterpretación del estilo de la Escuela de Ámsterdam
El revestimiento de ladrillo rojo del edificio Miller no es solo una elección estética, sino también un homenaje a la Escuela de Ámsterdam. Este movimiento arquitectónico se caracterizaba por su uso creativo y expresivo del ladrillo, y el edificio Miller sigue esta tradición. Las plantas superiores del edificio presentan una corona de ladrillo con nervios verticales, enmarcada por líneas de ladrillo rojo vidriado, lo cual también hace referencia a la cercana fábrica de azulejos Mosa.
En cuanto al diseño interior, las zonas de circulación y el pasillo de acceso están decorados en tonos verdes, rosa pálido y naranja, proporcionando un ambiente acogedor y distintivo. Los apartamentos, por otro lado, han sido diseñados de manera minimalista para permitir a los residentes personalizarlos y adaptarlos a sus necesidades y gustos personales.
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