En las bodegas Binifadet, no muy lejos de Mahón, en Menorca, utilizan el marés para conservar sus barricas de vino. De esta forma, dicen, consiguen que el líquido tenga un regusto a mineral.
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Alguien ajeno a las islas no estará familiarizado quizás con el término marés, pero en esta hermosa isla es algo muy cotidiano: nos referimos a la piedra caliza que define la fisonomía de las construcciones menorquinas y de las paredes que pueden verse en los campos (más de 11.000 kilómetros de paredes, en su mayoría muros de separación, ojo al dato). Paredes en seco, sin cemento, que se hacen con esta piedra y que son signo identificativo en las islas Baleares…
El marés es una piedra fácil de tallar, aunque muy sensible a la humedad, que se extraía de las canteras, por ejemplo, en las Pedreres de S’Hostal, cerca de Ciutadella. Entre el siglo XIX y el XX, el trabajo fue manual, hasta que la llegada de la maquinaria permitió una explotación intensiva, pero el auge del ladrillo y del cemento relegó las canteras y el oficio de cantero al olvido… La cantera como tal dejó de funcionar en 1994: su uso durante años generó cinco hectáreas de un paisaje abrupto, salvaje, hermoso…
Hubiese sido una pena que ese paisaje tan singular, el que deja la mano del hombre con su trabajo, pero también el provocado por el tiempo, quedase sin vida, yermo… De ahí la importancia de Lithica, el proyecto que ha transformado la antigua cantera de S’Hostal en un lugar sorprendente, que no deja indiferente al visitante. Tras el cierre de la esta otrora zona de trabajo, un grupo de apasionados por la piedra y la escultora de origen francés Laetitia Sauleau fundaron la Sociedad Cultural Lithica (lithos en griego significa piedra), con el objetivo de preservar la cantera, de embellecerla y darle un uso artístico. En pocas palabras: de impedir que quedase relegada al olvido.
Y vaya si lo han hecho: la cantera es hoy un espacio de disfrute para el menorquín y para el turista. En ella, la piedra y la vegetación conviven a la perfección: hay jardines de plantas aromáticas, senderos donde se pueden descubrir especies locales y aprender de la tradición agrícola de la isla, jardín medieval... Pero, sin duda, uno de los espacios más sorprendentes es el Laberinto Mineral, un guiño al Laberinto del Minotauro.
Este 'land art' está formado por más de 3.000 bloques de marés que convierten la cantera en un escenario de aventura y de asombro. Un lugar mágico, sin duda, que además en verano se torna aún más mágico, ya que la cantera acoge el festival Fosquet, la palabra menorquina para referirse al atardecer.
Y así, en este anfiteatro maravilloso, al aire libre y cuando el calor da tregua, hay actuaciones desde 2019. El antiguo ruido de los canteros deja paso al arte, la música, el teatro...
Como defienden en Lithica, el atardecer es “el momento de sentarse a la fresca con la familia y los amigos. Para compartir un rato agradable al final del día”. Y qué mejor escenario para compartirlo que este paisaje de piedra en la que el marés se torna lienzo y escaparate de cultura. Porque Menorca son calas estupendas de agua cristalina, por supuesto, pero también sitios tan inesperados como Lithica.
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