España lidera el crecimiento económico en la zona del euro. El Gobierno lo celebra, pero hay algo que no cuadra: el precio de la vivienda en venta sigue en máximos históricos, el alquiler sigue asfixiando a las familias y muchos españoles tienen la sensación de que, por mucho que trabajen, les cuesta llegar a final de mes.
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Hoy tenemos con nosotros a uno de los economistas más directos del país, Carlos Rodríguez Braun. Lleva décadas diciendo algo que muchos no quieren escuchar y es que cuando el Gobierno o el Estado interviene en el mercado, el problema no desaparece, sino que se hace más grande. Es catedrático retirado de Historia del Pensamiento Económico por la Complutense. También es columnista en La Razón y en el diario Expansión. Y también voz habitual en Onda Cero.
El Gobierno presume de que España lidera el crecimiento en Europa. ¿Nos están contando toda la historia? Porque la percepción ciudadana es de deterioro.
No están contando toda la historia. El único consuelo que podemos tener es el famoso consuelo de los tontos, que es el mal de muchos, porque en otros países también está pasando algo parecido. En resumen, cuando el Gobierno dice que tenemos una tasa de crecimiento más alta de los países de nuestro entorno, está diciendo la verdad, entre otras cosas porque los demás países están creciendo muy poco. Entonces la comparación nos favorece. Pero ¿qué es lo que está ocultando esa cifra? Se está utilizando la expresión dopado, crecimiento dopado porque lo que hay es un incremento del gasto público que es muy considerable. El incremento de gasto público a corto plazo puede estimular la demanda y, por lo tanto, dar una cifra de crecimiento relativamente elevada. El contraste es que el Gobierno dice que todo va bien, pero la verdad es que los ciudadanos no tienen esta percepción. Los precios están subiendo, particularmente los precios de los bienes de consumo y muy especialmente el precio de la vivienda. Hay una falsedad que envuelve esta verdad que el Gobierno no cuenta.
No ha hablado directamente de la inflación, pero sí del aumento de los precios de los bienes. Usted dice que la inflación es un impuesto no votado. ¿Puede explicar eso a alguien que cree que los impuestos los aprueba el Parlamento?
La inflación es un impuesto, esta idea es muy antigua y proviene de España. Cuando la gente dice que la inflación es un fenómeno monetario, la gente piensa a veces en la escuela de los monetaristas de Chicago. Y yo siempre procuro insistirle que esto es muy anterior y, además, fue inventado aquí en España por la Escuela de Salamanca en el siglo XVI. Observó que estaban subiendo los precios en España y lo asoció con la llegada de metales preciosos de América. Y efectivamente, esta es la fuente de la inflación, que originalmente es un fenómeno monetario y por lo tanto depende de las autoridades. Pero dentro de esta subida general de los precios, hay algunos precios que suben más que otros, es decir, la inflación nunca se produce con que todos los bienes y servicios suban a la vez.
Lo que hay es un cambio de precios relativos y dentro de esos precios relativos es muy, muy notable la subida de los precios de la vivienda que, efectivamente, está asfixiando y empobreciendo al ciudadano. ¿Por qué decimos que es un impuesto? Es un gravamen que pagamos todos los ciudadanos por el dinero que utilizamos, el dinero que, por otra parte, el gobierno nos obliga a usar. Entonces, en ese sentido es un impuesto y naturalmente nadie vota en el Parlamento que se va a subir ese impuesto inflacionario.
El Gobierno no ha deflactado el IRPF. ¿Cuánto dinero extra ha sacado el Estado del bolsillo de los españoles por esta vía?
El Gobierno ha subido los impuestos. Hay que recalcar esto porque el Gobierno presume, en general, que solamente ha castigado a los más ricos. Esto es una vieja falacia socialista que es tan antigua que hasta está en El capital de Karl Marx. Desde entonces empezó esta fantasía de que los socialistas provocan el bien de la comunidad y solo castigan a un minúsculo grupo. Marx les llamaba una minoría de usurpadores. Pues esto es mentira. Esto de los ricos es una mentira.
El gobierno ha subido los impuestos sobre la masa de la población a través de este truco que consiste en no deflactar la tarifa del IRPF, de tal manera que la inflación, sin que tú ganes más, te coloca en tramos impositivos que son más gravosos. Y esto es tan verdad que el Gobierno, que presume de beneficiar a la gente porque sube el salario mínimo, ha tenido que hacer verdaderos malabares para que el salario mínimo no pague más impuestos, porque en el momento en que tú ganas un poquito más que el salario mínimo, automáticamente empiezas a pagar y pagar más impuestos que antes. Esta es la realidad que el Gobierno procura ocultar, pero que cualquier persona que nos esté viendo sabe perfectamente que está pagando más impuestos por este truco. Este gobierno ha subido los impuestos, no sobre los ricos, que también, sino sobre la gran masa de la población española.
"Un antiguo truco es señalar al propietario de una vivienda para eludir responsabilidades"
Y España crece. En concreto, creció un 2,7% en el segundo trimestre en tasa interanual, pero también se endeuda más. Es decir, los últimos datos que se publicaron son de junio y la deuda pública volvió a batir un récord al superar los 1,76 billones de euros. ¿Esto cuándo pasará factura?
Esto pasa factura siempre. Aquí hay que señalar que no es un problema estrictamente español, que otros países están padeciendo lo mismo. La deuda pública es muy atractiva para los políticos porque en realidad significa que el gobierno cobra, pero a la hora de pagar difiere ese pago en el futuro. Los viejos clásicos liberales de los siglos XVIII y XIX decían que no había que subir nunca la deuda pública, salvo en caso de guerra porque es muy tentador para los políticos subir la deuda pública. Los políticos tendrán muchos defectos, pero rara vez son tontos. Entonces ellos saben que, si aumenta el gasto, esto tiene una rentabilidad política para ellos. Pero si suben los impuestos ahora y de manera más o menos explícita, tienen que pagar ellos el coste político.
En cambio, la deuda permite ahorrar ese coste en el sentido de que pueden gastar sin dar la impresión de que el ciudadano está sufriendo, pero sí que sufre. No solo eventualmente en el futuro, porque la deuda habrá que pagarla, sino también sufre ahora. ¿Por qué? Porque el incremento de la deuda pública tiene impacto sobre los tipos de interés que estamos viendo ahora que están subiendo en todo el mundo. Y eso claro que repercute sobre el bolsillo del ciudadano que se quiere endeudar para comprarse una casa o en el empresario que quiere endeudarse para invertir. Todo eso tiene un impacto muy negativo y es un coste gravoso.
Cuando escucha que el Estado necesita invertir más para resolver los problemas del país, ¿qué piensa?
Hay un libro muy bonito de un periodista americano que se llama Henry Hazlitt y el libro se titula “Economics in one lesson” (La economía en una lección). Es un libro precioso, bastante antiguo. Pero lo que decía Hazlitt es que hay que aprender una sola lección en economía y esa única lección es procurar analizar los fenómenos en su conjunto, no una parte, sino en su conjunto, y no analizar los efectos directos de una medida, sino los indirectos, y no analizar el corto plazo, sino también el largo plazo, y no el impacto sobre un sector, sino sobre todos los sectores. El clásico argumento del político es que ha aumentado el gasto “¡Qué bueno soy!”. Y aquí lo que debemos decir los analistas y los economistas es “¿Y esto quién lo paga?” Llevo muchos años diciendo una misma frase en la radio: “Esto lo paga usted, señora”. Usted siempre paga y los gobernantes eluden eso, es decir, toman una parte de la realidad. El gasto puede tener efectos positivos para quien lo cobra y quien lo paga. Pues hay que tener en cuenta eso también para tener el retrato completo. Y esto nos lleva a la subida de impuestos con efectos negativos para el conjunto de la sociedad.
El gobierno ha subido los impuestos sobre la masa de la población a través de este truco que consiste en no deflactar la tarifa del IRPF
Los precios de la vivienda no paran de subir y el alquiler sigue por las nubes, ¿por qué?
Esta situación es pasto para la demagogia, lo estamos viendo en España, pero también en otros países. Prácticamente en todos los países del mundo se está pensando en que la culpa del encarecimiento del precio de la vivienda es de los propietarios, de los especuladores y que se requiere la intervención del Estado para que esos precios no suban para, así, controlar el precio del mercado de la vivienda, controlar el mercado del alquiler. Todo eso está apareciendo en varios países y en España ha explotado.
Tenemos un gobierno de izquierdas que es particularmente demagógico en este asunto: nos dicen que como sube el precio del alquiler, entonces lo tienen que controlar porque si lo controlan, benefician al conjunto de la población. Otra vez la lección de no mirar el conjunto de la población. ¿Por qué digo esto? Pues porque en principio uno diría “sí, los alquileres están caros, pues que venga el gobierno y limiten precios”. Pero claro, ¿qué pasa cuando tú limitas el precio de una cosa desde hace miles de años? Tenemos la verificación de que cuando tú limitas el precio de una cosa, baja la oferta de esa cosa. Y vale para cualquier objeto, bien o servicio que se te ocurra. Esto es un gran fracaso de nuestra profesión. Hay un libro que se llama "4.000 años de controles de precios y salarios". Porque efectivamente yo siempre pensé que esto lo había hecho el emperador Diocleciano, pero este libro prueba que es muy anterior.
Parece que los sumerios ya empezaron con esta estupidez de que hay que controlar desde el gobierno los precios de las cosas. Una y otra vez oímos y sufrimos esta política de controlar los precios de los alquileres. Paradójicamente, en el caso de España, la izquierda está abanderando esta bandera. Y yo siempre les digo a mis amigos socialistas “oiga, sois como Franco, la dictadura franquista también controló el precio de los alquileres”. Las personas mayores que nos están viendo recordarán los pisos de renta antigua que tenía el régimen franquista. Y esto se hizo. ¿Y cuál fue el resultado? Pues que desapareció el mercado de alquileres, simplemente.
Pero la demanda para alquilar sigue aumentando...
Hombre, claro que aumenta. La demanda sigue presionando mientras que el Gobierno, adoptando este tipo de medidas, restringe la oferta. Entonces, si encima le añades cientos de miles de inmigrantes que han llegado a España, pues tienes una demanda que crece y el Gobierno toma medidas que restringen la oferta. Quiero decir, no hay que ser premio Nobel para comprender que esta no es la solución y que al final te quedas con menos oferta y con precios más altos.
¿Qué medidas aplicarías para bajar el precio de la vivienda?
En estas cosas yo soy muy modesto, muy cauteloso. Yo nunca le pido a las autoridades que me ayuden. Yo creo que a lo que hay que hacer es adoptar esa gran medida, esa gran idea de los médicos. Tú sabes que los médicos tienen que hacer el juramento hipocrático. ¿Y cuál es el primer mandamiento de Hipócrates? No hacer daño. Y el Gobierno ha dañado muchísimo el mercado de la vivienda, como daña habitualmente cualquier mercado en el que intervenga e impida que las partes se puedan poner de acuerdo, así que no causar daño. Entonces, el daño, como acabamos de ver, se produce porque están restringiendo artificialmente la oferta con controles de precios. La primera medida a aplicar es quitar el control de precios. Y luego hay mucho más que hacer en relación con la falta de oferta de suelo. Ahí tienen muchísimo que hacer las autoridades a todos los niveles para liberalizar suelo y ampliar esa oferta. Y otro asunto que también me interesa destacar son los impuestos porque, a veces, nos olvidamos de que en el precio de las cosas están los impuestos. Y cuando uno analiza el precio de la vivienda, debe saber que una tercera o cuarta parte del precio son impuestos. Ahí hay una medida que igual el Gobierno podría tomar si lo que le interesa es bajar el precio.
Sí, porque hablan de la vivienda como un derecho básico y así lo defienden con el artículo 47 de la Constitución española. Pero es cierto que el IVA a la vivienda nueva es del 10% y el ITP varía en función de cada comunidad autónoma, pero puede ser del 6%, 7% o más del 10%, es decir, los impuestos se llevan un buen pellizco del precio total de la vivienda
Hay una falacia bien bonita. La Constitución española no dice que tenemos derecho a la vivienda. Hay un verbo que utiliza la Constitución y es que los españoles tenemos derecho a disfrutar de una vivienda digna. Siempre me ha interesado ese verbo que se ignora. Efectivamente, tenemos derecho, pero hay que tener mucho cuidado, no vaya a ser que ese derecho conspire contra el derecho de otro.
Por ejemplo, yo tengo derecho a que me bajen el alquiler, pero si el Gobierno controla los alquileres me está beneficiando a mí si es que consigo alquilar una vivienda, lo que va a ser muy difícil porque se va a restringir la oferta, pero está dañando al mismo tiempo a los propietarios de las viviendas. La Constitución también protege el derecho de propiedad y entonces aquí es cuando encuentran una especie de vía de escape que es demonizar al oferente. Y aquí se supone que los malvados son siempre los propietarios. Entonces ahí se asignan etiquetas como grandes propietarios, grandes tenedores, grandes especuladores, fondos. Todo esto es un camelo. La inmensa mayoría de los pisos que se ponen en alquiler en nuestro país y en otros países son de gente normal, de clase media con ingresos muy modestos, a veces tan modestos como que son de una señora viuda que tiene una vivienda que pone en alquiler para complementar su modestísima pensión. Entonces tienen que tapar esto desesperadamente diciendo: “vamos solamente contra los grandes propietarios”. Y después dice: “¿para usted que es un gran propietario? Y entonces han ido bajando la definición de gran propietario. Antes decían no más de 50 viviendas, luego no más de diez, ahora cinco en zonas tensionadas. Realmente hay una gran dosis de demagogia.
Cuando uno analiza el precio de la vivienda, debe saber que una tercera o cuarta parte del precio son impuestos
¿Puede un mercado libre resolver el problema de acceso a la vivienda para quien gana el salario mínimo?
Tal y como están las cosas, es muy difícil no solamente porque hay una dificultad de que los precios bajen a corto plazo, sino porque los salarios son bajos también. Esto nos mete en otra dimensión muy importante de nuestra economía, no solamente la española. Este es un problema europeo también. Los salarios son bajos, la productividad es baja, las dos cosas están vinculadas y, a su vez, están vinculadas con un tercer problema consecuencia de la baja productividad, que es el bajo crecimiento. Entonces, tenemos un problema en Europa, esto no es un tema estrictamente español. Es que Europa se ha convertido en un continente languideciente en términos de crecimiento económico. Y esto hay conciencia en el informe Draghi, por ejemplo.
En fin, hay políticos europeos de diferentes tendencias ideológicas que están percibiendo que aquí tenemos realmente un problema y el diferencial de crecimiento a veces se dice “bueno, crecemos un poco menos que Estados Unidos”. Oiga, un poco menos que Estados Unidos si uno lo mide de un año a otro. Pero cuando tú lo mides a largo plazo, oye, por ejemplo, en 30 años un diferencial de un punto de crecimiento es una barbaridad. Es decir, te cambia el bienestar de las personas. O sea que hoy hay conciencia de que tenemos este problema. La dificultad es cómo se adoptan las medidas necesarias.
Hay un político luxemburgués, Juncker, muy inteligente pero muy cínico, que dijo una vez “sabemos lo que hay que hacer, lo que no sabemos es cómo ganar las elecciones después de hacerlo”. ¿Por qué? Porque cualquier medida de carácter liberalizador, empezando por la bajada de impuestos, apertura de mercados, pues tiene perjudicados, y la gente inmediatamente reacciona dejando de votar al político que las adopta. Esta es la parte mala. ¿Cuál es la parte buena? A lo mejor me vas a decir que soy un optimista incorregible, pero me parece que hay más conciencia de este problema ahora que antes. Hace 50 años a lo mejor podías contar a la gente que sí, que los controles de alquileres son buenos. En cambio, ahora hay más dificultad. La gente no se traga este anzuelo de la misma manera que no se traga el gran anzuelo de la fiscalidad que es “no se preocupe, señora, que yo le voy a subir el impuesto al rico y no a usted”. La gente me parece que se está dando cuenta de que esto es un camelo y es una buena noticia.
Ha estado hablando de control de precios, ¿qué le parece la Ley de Vivienda?
Es otra vez una oportunidad perdida. Es importante destacar que el antiliberalismo es transversal, es decir, no es una cuestión de partidos políticos. Todos los partidos políticos están intervenidos, igual que todos los partidos políticos han subido los impuestos. Este no es un tema, es más complicado que la derecha y la izquierda, pero la Ley de Vivienda, con su inclinación intervencionista, pues no va por el camino de resolver el problema, como decíamos antes, sino más bien de empeorarlo. Pero ahí los gobernantes yo creo que están acuciados por esta idea de que tienen que hacer algo y cuando lo dicen normalmente, por desgracia, eso es intervenir más en los mercados, es decir, agravar el problema que pretenden resolver.
Los defensores de la regulación del alquiler dicen que sin ella los propietarios fijarían precios abusivos, ¿qué les responderías?
Es un antiguo truco que busca desenfocar el problema otra vez: poner el énfasis en el propietario lo que hace es eludir la responsabilidad que tiene el Gobierno. Venden esa idea de que en un mercado los propietarios pueden hacer lo que les dé la gana. Pero esto es una especie de gran fantasía. En un mercado es la propia competencia la que te impide a ti hacer lo que te dé la gana. Y si tú eres una empresaria, una propietaria, tú puedes poner el precio que quieras por alquilar tu casa, puedes poner tu casa a 1 millón de euros por mes. Lo que no puedes es obligar a la gente que te pague.
A veces los propios analistas utilizamos una retórica que es muy confusa. Cuando hablas de una empresa grande, dices “esta empresa controla un porcentaje del mercado por el peso que tiene en sus ventas sobre el conjunto del sector”. Ese verbo es muy confuso. Si uno dice, por poner un ejemplo glorioso de España donde hay grandes empresarios, que Amancio Ortega controla el X% del mercado de textil no es que mande sobre el mercado y que pueda poner los precios él porque no puede obligarte a que entres a una tienda ni puede obligarte a que compres.
No hay que ser premio Nobel para comprender que limitando el precio del alquiler te quedas con menos oferta y con precios más altos
Hay alcaldes de grandes ciudades que han prohibido los pisos turísticos. Y usted ha dicho en alguna ocasión que “prohibirlos es una mentira políticamente útil”. ¿Qué quiere decir con esto?
Pues lo que digo es que es muy útil. Mi frase célebre es que “el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo expiatorio”.
Porque siempre hay un chivo expiatorio, ¿verdad?
Y la he combinado con otra y es que el segundo mejor amigo del hombre tampoco es el perro, sino el calamar. El calamar todo lo nubla con su tinta y no terminas de enterarte de nada. Entonces la búsqueda del chivo expiatorio es típico de la política. Así que de pronto, los pisos turísticos son el culpable. Prohibimos los pisos turísticos y entonces ya va a haber muchos pisos en alquiler. Los pisos turísticos son también el resultado de intentar eludir todas las prohibiciones y controles que te impone el Gobierno. Si tú prohíbes el piso turístico no vas a resolver el problema. ¿Qué es lo que tienes con eso? Pues el chivo expiatorio maravilloso porque, además, parece que es el turista el culpable.
Pero turista son los españoles. ¿Quién no se ha ido a una segunda vivienda en la playa o la montaña?
Los turistas somos los españoles, los propietarios de ese piso. Esos propietarios son de carne y hueso. Son gente normal que quiere poner su piso en alquiler, intentar esquivar las restricciones que les pone el Gobierno. O sea, que mal asunto.
¿Si fuera ministro de Vivienda mañana, cuáles serían sus tres medidas políticas a aplicar?
Probablemente la primera sería cerrar el Ministerio de la Vivienda. La cuestión es volver hacia atrás para entender el origen del problema. Es una especie de tormenta perfecta de incremento de la demanda y de restricción de la oferta. Entonces, lo primero es mirar qué puedo hacer yo desde el Gobierno para aumentar esa oferta y lo primero que puedo hacer es intentar no fastidiar tanto como estamos fastidiando ahora. De tal manera que se liberen las energías y se pueda construir más. No tiene mucho secreto dejar de hacer daño. Recuerda el juramento hipocrático.
¿Es optimista o pesimista sobre la economía española para los próximos años?
Muy optimista. Yo soy optimista en general y desde el punto de vista económico también. Una de las cosas que pasa cuando tú analizas la realidad es que tiendes a tener una visión pesimista de la vida. Yo creo que si jugáramos al periodismo y pudiéramos hacer entrevistas durante 2.000 años hasta ahora y todos los años ir y preguntarle a un señor, a una señora “¿A usted cómo le van las cosas? Todos dirían "uf, van regular". Y la verdad es que las cosas van bien. En el momento que tú tienes una perspectiva de medio y largo plazo, los países suelen crecer porque la gente suele trabajar y puede montar negocios y montar empresas. La gente sale adelante. Eso es lo que prueba que a largo plazo todos los países hayan crecido con los peores gobiernos posibles. Pero claro, hay una diferencia entre crecer y que no te fastidien las autoridades y crecer a pesar del gobierno. Muy a menudo lo que sucede es esto último, que la gente crece y prospera a pesar de las autoridades.
Carlos, ha hablado de varios libros. ¿Qué libro recomendaría a quien nos esté escuchando que quiera entender más de economía? Pero para el ciudadano de a pie
Voy a tener la delicadeza de no recomendar ningún libro mío, que es un detalle.
Puede también hacerlo
Bueno, en mi página web están. Ahí está todos mis libros, pero voy a recomendar uno de un economista norteamericano que se llama Thomas Sowell, y el libro lleva por título “Economía básica” y está publicada por Ediciones Deusto. Está muy bien porque es como su nombre lo indica, cualquier persona lo puede leer. Los alumnos de Introducción a la Economía de cualquier facultad lo pueden leer. Es un libro muy, muy accesible. Está muy bien escrito y toca la mayor parte de los temas que hemos conversado tú y yo, Paloma.
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3 Comentarios:
Maravilloso artículo que nos ayuda a quitar la venda de los ojos.
Enhorabuena D. Carlos
Cierto, los fanquistas se propusieorn fgacilitar que la gente adquirieara vivienda, no alquilase. Diocleciano también quiso controlar rpecios, se rpodujeron tumultos y desabastecimiento. Pero la idea de dar prioridad a la compra frente al alquiler quedó en la mente de muchos, y probablemente, comprar es una elección mejor. Buena parte de la propaganda a favor del alquiler vendría de quienes quieren construir para eso.
Con las normas franquistas sobre alquileres hubo situaciones paradójicas, se mantenía la obligación de que el propietario tuviera todo en buen estado, pero se congelaba el alquiler, ante esa situación, hubo quien en los 40 tuvo que vender lo construido antes de 1936 a precio inferior al coste.
Como base para entender al economía, recomiendo el texto de Lipsey: 'Introducción a la economía positiva'
Ya tiene años....
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