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Los hogares que sucumben ante Cumbre Vieja

La Palma / Gtres
La Palma / Gtres
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Las viviendas muchas veces se convierten en hogares, entendidos así cuando ya son parte de nuestra existencia, cuando lo vivido en ese espacio -normalmente acompañados de nuestra familia- nos evoca momentos felices, de crecimiento, de compartir, de refugio y lugar donde nos sentimos cómodos. La erupción de Cumbre Vieja, con el implacable avance de la lava, se ha convertido en un agente destructor de hogares y de sus entornos. El grave impacto económico y psicológico que provoca en los vecinos de los municipios afectados debe ser objeto de especial atención por las administraciones. Facilitarles, de manera urgente, viviendas adecuadas es otro de los retos obligados.

Dentro de la gran desgracia sobrevenida, la circunstancia de que a día de hoy no debamos lamentar víctimas es, al menos, algo muy positivo dentro de la gran adversidad. Entramos pues, en un terreno material y psicológico. Lo material puede ser valorado, es indemnizable, aunque en muchos casos no se llegará a importes justos, es muy posible que se demoren las ayudas, etc. Ahora bien, la desaparición de lugares donde los vecinos han desarrollado sus vidas, han ido a la escuela, han participado de la vida comunitaria en las calles o en el bar conlleva la destrucción de sus vidas cotidianas. Y esto ni es indemnizable, ni se puede medir, ni es fácil de sobreponerse a ello.

En el momento actual urge que las personas desalojadas encuentren alojamiento. Es muy destacable la iniciativa de la Sareb, la Asociación Española de Banca (AEB), CECA y la Unión Nacional de Cooperativas de Crédito (UNACC) que han suscrito el compromiso de poner a disposición de los afectados por la erupción del volcán en La Palma, de forma gratuita y mientras sea necesario, las viviendas que actualmente tengan disponibles en condiciones de habitabilidad en la isla de La Palma y zonas próximas. De esta forma las entidades financieras asociadas pretenden contribuir, junto con las Administraciones y el resto de las instituciones al realojo temporal de las personas desalojadas según comunicado conjunto que han publicado. También es necesario que se lleguen a acuerdos con establecimientos hoteleros.

La colada del volcán está modificando el terreno, convirtiéndolo en espacio abrupto e inservible para el desarrollo de actividad. Es muy posible que sea objeto de protección de una manera elevada. En cuanto a la apertura de las carreteras que han sido bloqueadas, no plantea un problema de ingeniería, más allá del desmonte del material acumulado cuando el enfriamiento del mismo lo permita. Ante la futura realidad cabe preguntarse dónde querrán vivir los desplazados, que no podrá ser en la ubicación exacta anterior para quienes pierdan sus hogares. La historia nos enseña que el ser humano aprecia su entorno y es donde se siente feliz. Es el caso de la región de Tohoku, zona del epicentro del terremoto que asoló parte de Japón en 2011, donde las personas afectadas tenían muy claro que deseaban seguir viviendo allí. Lo más plausible es que se vuelvan a urbanizar los entornos afectados donde sea posible y se hayan salvado núcleos de casas, y creando crecimientos urbanos adecuadamente planificados de manera limítrofe o especialmente próxima. Estos procesos suelen ser muy largos y llenos de contratiempos. No cabe duda alguna que deben ser tramitados con especial diligencia.

En cuanto a la futura reconstrucción de los pueblos arrasados, donde el tiempo es clave, pueden prestar buena ayuda las viviendas industrializadas. Se trata de un fenómeno que está experimentando crecimiento en nuestro país, protagonizado por promotoras líderes e innovadoras. Consiste, básicamente, en construir partes de la vivienda en fábricas para un posterior ensamblaje in situ. Se ahorra una gran cantidad de tiempo sin que este procedimiento comprometa, en absoluto, la calidad. Se aplica fundamentalmente a viviendas unifamiliares -como la mayoría de las destruidas por Cumbre Vieja-, aunque también se está llevando a cabo en pequeños bloques plurifamiliares.

Es difícil sobreponerse a esta desgracia, cuando lo más que se guarda son fotografías de familiares queridos u objetos concretos que para los desalojados tienen especial valor. Formas de vida sepultadas. Estoy seguro de que los palmeros afectados volverán a desarrollar sus vidas en comunidad, con nuestra ayuda y su gran sacrificio. Y siendo como son conscientes de la fuerza de la naturaleza que corre debajo de ellos, aceptando esa incertidumbre a la que se acostumbran a vivir las distintas generaciones locales y de que lo que poseen es susceptible de perderse. ¿Acaso esto último no deberíamos asumirlo todos?

Ignacio Ortiz es Ingeniero de Caminos con especialidad en Urbanismo y Ordenación del Territorio. Miembro del Comité Técnico ‘Ciudades, Territorio y Cultura’ del Colegio de Caminos. Director de Investigación de Mercados en ACTIVUM, compañía de servicios inmobiliarios. Es autor del blog Entorno Habitable.