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Las argucias más brillantes de los hoteles para que no te lleves sus toallas (y todo lo que pilles)

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Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

Al fin han llegado las ansiadas vacaciones. Carreteras, aeropuertos y estaciones de tren se llenan de viajeros que quieren escapar de la rutina: aunque el calor aprieta en todas partes, mejor aguantar los golpes del termómetro en una playa paradisíaca. A la vuelta, las cosas se ven de otro color. Hasta la maleta parece que pesa más. ¿Serán los buenos recuerdos?

Para el 70% de los españoles, la causa es otra: su equipaje ha ganado kilos debido a algún que otro ‘souvenir’ gratuito, cortesía (involuntaria) del hotel donde se han hospedado. La cifra es el resultado de una encuesta realizada por la web de reservas vacacionales hotels.com, en la que participaron unas 5.000 personas de 28 nacionalidades distintas. Solo nos superan los singapurenses, con un 71%; y los argentinos, a la cabeza del ‘ranking’ con un 73%.
 
Los productos de baño estaban excluidos como artículo susceptible de robo. Más que nada porque esos sí son verdaderos regalos. No pasa nada porque te lleves un jabón, uno bote de gel de baño o unos bastoncillos de los oídos. En resumen, todo lo que venga empaquetado. Las toallas, desgraciadamente, no vienen envueltas en ningún plástico porque, pese a lo que muchos creen, no constituyen un presente.

Los hurtos acaban por pasar factura (literalmente) a los responsables del establecimiento, que tienen que reponer todo lo desaparecido para los siguientes huéspedes... y también posibles ladrones. Con el fin de evitar este bucle infinito de robo y reposición, muchos ya han ideado algunas estrategias para disuadir a los demasiado atrevidos. 

Quizá el ejemplo más novedoso y eficiente sean los chips, como los que comercializa la empresa Linen Technology Tracking. La compañía ha informado recientemente de que ya son más de 2.000 los hoteles estadounidenses que usan estos diminutos dispositivos que pueden incrustarse en cualquier tejido, desde toallas, a ropa de cama o albornoces

Funcionan gracias a la tecnología RFID, un sistema de identificación por radiofrecuencia que permite controlar la presencia de las etiquetas electrónicas con detectores instalados estratégicamente. Aunque originalmente sirven a los trabajadores para saber si las prendas han salido de la lavandería, pueden usarse como sistema de alarma antirrobo, ubicando los detectores en puertas, ascensores o pasillos. 

Los de la firma Towel tracker utilizan la misma estrategia, añadiéndole algunos extras de seguridad. Aparte de los microchips, disponen de dos compartimentos cerrados, uno que dispensa las toallas limpias y otro en el que se colocan las sucias. 

Cada inquilino del hotel (también vale para gimnasios o balnearios) tiene su propia tarjeta personal que debe introducir en una ranura, tanto para tomar la prenda, como para dejarla. De esta manera, los hosteleros saben si alguien ha cogido una, cuál y a quién tiene que pedir cuentas si registran su desaparición o salida misteriosa del edificio. 

Pero no todas las soluciones implican el uso de la tecnología más avanzada; las hay también tradicionales. Si no quieres que alguien robe una televisión, lo más fácil es anclarla a la plataforma donde esté colocada. Cabe la posibilidad de instalar una alarma que avise cuando un huésped fuerce la sujeción para llevarse el aparato. Ocurre lo mismo con los secadores, habitualmente sujetos a la pared.

Otra sencilla práctica es la de evitar los bordados con el logotipo del hotel en las prendas de baño. Lejos de disuadirles, sirve de incentivo a los coleccionistas profesionales. Sin el sello, solo es una toalla más.

Y más allá de artículos de baño y bolígrafos, hay toda una lista de objetos que, incomprensiblemente, hacen las delicias de los ladrones más peculiares. En Estados Unidos, muchos roban las biblias que los establecimientos dejan encima de sus mesillas, así como las guías de teléfonos.

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Otros habituales son cortinas, piezas de arte, cubiertos, las pilas del mando a distancia (si no el propio mando). Telegraph informa de robos casi profesionales; muebles de una habitación de un hotel de Tokio y la nevera, y el sofá de una en Dubai.

Ante este panorama, puede que la solución sea distraer a los clientes con otros regalos que les hagan olvidar su verdadero objeto de deseo. El Conrad de Tokio les ofrece pequeños ositos de tela y en el Mas de Torrent (Girona) está permitido recoger flores y hierbas aromáticas de su huerto.

Este verano, disfruta de tus vacaciones y de la estancia en el hotel, pero recuerda que esa toalla que pensabas meter en la maleta puede tener un chip. Si no te llevas ningún recuerdo sin permiso, los responsables del establecimiento te lo agradecerán.