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Cómo revertir la 'España vacía'

Vamos hacia un mundo hiperurbanizado que deja despoblado el interior de España. De aquí parte el libro de Sergio del Molino 'La España vacía', que lo escribe a partir de una visión del país por viajes, reflexiones, lecturas y análisis sobre el centro de España respecto a las principales áreas urbanas. En esta edición de inmonext rescata su obra para explicar cómo relacionamos campo y ciudad y nuestros movimientos demográficos y económicos.

Del Molino parte del concepto de Pueblo Potemkin para designar esas zonas ficticias que han necesitado reinventarse para sobrevivir a su despoblación. Según la leyenda, cuando Catalina II de Rusia tuvo que viajar por el interior de su reino le diseñaron pueblos idílicos para que no se sintiera que reinaba sobre la nada. Colocaron a un lado y otro de su camino maquetas de escayola que representaban pueblos.

El Pueblo de Potemkin era un escaparate diseñado para el paseo, para visitar, pero no para la vida. Ese modelo triunfa en la Francia después de la Segunda Guerra Mundial, cuando deben reconstruir todos aquellos municipios que fueron destruidos por la guerra y quedaron reducidos a escombros. ¿Cómo? Un escritor es el encargado de tal labor y acude a la literatura para recuperar aquello que creía que eran. De esa forma, transmite la grandeza de esa Francia de novelas, pero no la real. Y esa recreación lleva a un modelo turístico

España empieza a vivir su mayor éxodo del campo a la ciudad a finales del siglo XIX, cuando miles de campesinos se ven obligados a trasladarse a esos incipientes núcleos urbanos, como Madrid o Barcelona. El campo se vacía, destruye la economía rural y la vida milenaria de esos pueblos Los pocos habitantes que quedan recurren a lo único que te queda cuando todo se destruye, el patrimonio y la historia. 

Esta reconstrucción del paisaje rural se hace bajo una imagen del pasado, de cómo eran antes esos municipios, y los convierte en destinos turísticos. Según del Molino, esos pueblos dejan de ser lugares distintivos y se homogeneizan. 

Ahora que vivimos una tercera oleada migratoria, mucho más suave, la población joven entre 25 y 50 años se concentran en núcleos urbanos y abandonan ciudades intermedias y esta franja de edad desaparece, que es la que lleva la población activa. "Se convierten en pueblos que visitar pero no para vivir". 

Para del Molino, vamos directos a un mundo hiper urbanizado. Como el caso de Barcelona o Madrid, donde concentran toda la actividad y los pueblos pequeños de su provincia solo tienen el atractivo "de ir a comer cochinillo los domingos", ironiza Del Molino. "No son capaces de recuperar la vida económica y social que una vez tuvieron y no son capaces de atraer población del centro de la pirámide".

Para finalizar, del Molino lanza un mensaje que sin saer alarmante sí considera grave: "deberíamos orientar las políticas para revertir este escenario de despoblación del interior del país para no dejar media España vacía".